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83. En el aparador

16 Jul

Prólogo

[Demonios roídos entre sábanas de hoteles. Genios etílicos de cuarenta grados que surgen entre botellas y botellones. Lobby, ascensor, cuarto. Día, tarde, noche. Sudor y un poco de sangre]

Capítulo Uno

[Divisiones de aliento, perversiones en movimiento. Solos, no tan fuertes, lentos, pausados. Adentro. Simple allanamiento de morada, posesión de tu espalda. Baile fandango, discursos en alto. Alto, manoseo en el crucero, dentro del auto]

Capítulo Nueve

[Malacopa, malviviendo, maltrecho impacto directo al pecho. Disparos de veneno. Somos verbena de dos, somos en par, un completo pueblo. Sonrisas de aparador, poses de maniquíes, vestuarios miles, nulos, que importa la ropa si lo que queremos es estar desnudos]

Intermedio

[Departamentos, oficinas, plazoletas o cafés perdidos en el centro. Cervezas y botanas que acompañan la faena. Gritos que despiertan a vecinos durmiendo a media tarde. Alegrías y alegorías seguidas de un hasta mañana. Somos quién sabe quién en pleno Ecatepec]

Capítulo Trece

[Torbellinos, ciclones, tormentas tropicales y huracanes. Somos peatones de nubes, caminantes de sombras. Actores de obra en un teatro de público fantasma, onírico, imaginario. Devotos fieles del templo devastado por dioses y la cruz del falsario]

Capítulo Diez y ocho

[Despedidas leves, de treinta años apenas. Rojo, verde, morado, plateado; un paseo en el parque México. Skatos y libros, suspiros, ronquidos. Vino, cerveza, pasta sobre la mesa. Organilleros por cientos multiplicados. Vagabundos por gusto. Gusto por los murmullos.]

Epílogo

[De lejos escribo tu nombre en cada uno de mis escritos. Pasados, presentes, futuros e inertes. Los que fueron y los que no serán, los que nunca se han escrito y los que lo fueron hechos con tinta invisible, en papel traído del país del Ya No Fue]

Agradecimientos

[Al tiempo. Que fue justo. Que fue necesario. Al lugar. Que fue indiscreto a nuestras miradas. Que fue silencioso a las historias de los demás. Agradezco al dios, al tormento. Al demonio vagabundo. A la estrella errante, al gemido divagante. Agradezco a mi impaciente demencia de contarte todo sin decirte nada, con palabras sin sentido, arrancadas de la parcela en la que cultivo ausencias para cosecharlas como fama. Agradezco al sueño de nuestros momentos, engarzados con oro, platino y papel aluminio. Egos gemelos destinados al patíbulo. Condenados por la omniosidad de la perfección de un momento que siempre existirá]

81. Estrellas y azafrán

5 Jul

Perdimos el tiempo buscando cosas que hacer, en vez de hacernos cosas sin perder el tiempo. Nos estrujamos con la mirada, nos ausentamos de la decadencia que significa el entregarse sin piedad.

Nos extraviamos entre las sabanas de un trescientos nueve, nos encontramos al nadar en nuestras mentes. Lluvia por fuera, torrente en el encierro. Y ahora te extraño fiera domada, domadora. Te extraño porque no sé cómo no hacerlo, no he aprendido y no quiero hacerlo. Quiero gritarte en susurros al oído, mientras me quedo sentado en la orilla de la cama, mirando un negro brillo en la blanca oscuridad. En sigilo mi voz se vuelve un ruego que te pide enardecidamente que me lleves.

Llévame.

Llévame a donde Teherán termina, donde el sol se funde en el paisaje de mil dunas en el mar de arena que no tiene final.

Llévame a donde la falsedad está tan cercana al eslabón de la verdad que tus cariños en palabras tienen el sabor de la miel en mi paladar.

Llévame a donde sea más que un texto escrito en medios diversos y pueda explorar mis sueños sin temor a despertar jamás.

Llévame al pozo de Estocolmo. Llévame a la gruta de Agri-bah. Llévame al acantilado de Rosario, llévame a tu cama, a tu solsticio inicial.

Y es que somos polvo de estrellas, mezclado con azafrán. Somos perdurables y finitos como el universo que existió ayer para morir al amanecer. Somos polvo de arena, mezclado con comino. Somos verdad y acciones de un día, mentiras que se guardan con sonrisas en la caja de la vida. Somos polvo de diamantes, mezclado con pimienta blanca. Somos tan similares como la alegría y la sonrisa, tenemos nombres que se traducen en locura, en pecado, en lujuria, en felicidad y deseo.

Llévame, lo pido por última vez.

Llévame a dónde no hay nada que no sea tu voz. Donde esta se apaga y desvanece mientras me dices adiós.

Llévame a ese lugar, apartado de todo, encima de todos.

Donde tú eres una estrella.

Donde mi sonrisa huele a azafrán.

79. Usted perdone

29 Jun

Mis intenciones para con vos, no son nada buenas esta noche.

(Paso doble)

Saludo. Ademán y sonrío

Así me presenté esa tarde en la que el ocaso aún no se hacía presente en el tiempo. Audaz y sin miedo crucé la puerta por la cual no me habían invitado a pasar. Te tomé la mano. Me llevaste al balcón. Entrecerramos gritos en la habitación de nuestra voz.

Bailamos un vals.

Bailamos un tango.

Bailamos en paz.

Te besé a sabiendas que tenías novio.

Y pensé –mientras en tus labios naufragaba, mientras en tu boca ardía- que bien podría conformarme con ser tormenta de un día a sabiendas de convertirme en el temporal de una vida.

Y pensé que la algarabía rondaría mi interior, mientras escuchaba entre sueños tu voz, diciendo mi nombre mientras acariciaba tu cuerpo. En tu voz mi nombre era un mal poema, declamado de manera exquisita. Y mire, usted perdone, que no lo digo como si de algo malo se tratase, pues soy un itinerante de esta vida, que anida en corazones, que rodea pasiones. Lo digo con todo el tenor que mi razón pudiese ofrecerle para agradecer la inconmensurable  emoción que me provoca el conocerle y conocerme a través de vos.

Murder. Tender, sweet, lovely murder I want to commit. I will murder you and tear apart your skin. My weapon? Just my bare lips.

Así me presenté ese medio día en el cual nos partimos en dos. Me llevé una prenda de tu cuerpo en mi interior, mientras te colgaba un pedazo de mi alma en tu corazón. Usted perdone, de nuevo. No sé si la podré volver a encontrar, pero de hacerlo, a los dioses agradeceré por delicioso manjar. Pero mire, que la he conocido de hace tiempo, sólo necesitaba encontrarla. Ahora que la he visto, ni mil jamases me la podrán de mi mente arrebatar.

73. Gitanillos

29 May

Camino dejando estelas de prohibiciones rotas, privando de sueños al que se queda dormido cuando mira el cielo buscando cobijo. Desgracias habitan entre mis uñas y las moralejas se pueden encontrar al acariciar mi alma.

Soy pecado. Existo desde el momento en el que preguntas “¿Cómo te llamas?” pues soy una sonrisa con fines ocultos. Un apretón de manos, un abrazo forzado. Soy lujuria por las noches, soberbia en el día. Genero gula en mis labios y envidia a quien te mira entre mis brazos deseando ocupar tu lugar.

Soy avaricia, acaparando todo para mí, pues si existe en este mundo, mío debe ser. De lo contrario soy Ira, dejando la cólera apoderarse de mi cuerpo al inflamar mi pecho detonando con odio mi corazón impostor.

Por las mañanas, transmuto en Pereza para que no quieras de la cama despegar y así quedarte por minutos y horas, abrazada a mi cuello rodeando mis buenos sentimientos para cambiarlos por bajas pasiones las cuales, todas, llevan tu nombre.

Eres la flor de loto que crece en medio de la nada. Floreces tentadora, majestuosa e imponente. Eres ladrona de suspiros, musa de erecciones. Inspiras arrebatos entre las multitudes que humildes se postran a tus pies. Blanca y perpetua. Frágil cual astilla de piel marfil, corona de alhelí, labios de rubí y dedos de tenmeahí.

Controlas el mundo, eres Deseo. Rapaz, solitaria, vengativa y rencorosa. Tu nombre es poesía, tu cuerpo un soneto y tu mirada, una prosa.

Tengo meses tratando de embaucarte, sonriendo tan falso que me he vuelto de verdad. Quiero despojarte de tus máximas, tus virtudes y emociones; pervertirte y transformarte en vicio, en una adicta a mí, enajenada y dependiente al que te lleve a sentirte en el borde del precipicio mientras miras mis ojos fríos invitándote a ser llama ígnea y encenderlos, hacer de ellos cien infiernos.

Soy pecado. No cómo sustantivo, si no como verbo conjugado. Soy algo acontecido que buscas repetir al hastío y disfrutar exponencialmente. Soy Sodoma, Gomorra y Babel, mi nombre lo dices entrecortado / entregemidos al venirte, justo como lo hiciste ayer. Soy mundano, también soy libido; puedes contenerme entre los pliegues de tu piel. Soy parte de ti, aunque lo sea sólo en papel.

Soy Pecado y tú, Deseo. Amos, dueños, esclavos y colaboradores de este mundo que es nuestro pequeño gran burdel, “Il Piccolo e Privato Cabaret”.

Eres Deseo. Soy Pecado. Tanto gusto de llegarte a conocer.

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