67. Crónica de un Alquiler
4 May
27 Abril 2010
I
No hay mañana.
Dijo en voz alta, como hablándose a sí misma.
Tampoco existe un hoy a altas horas de la noche, pero eso ya lo sabes. Vivo al día para poder comer, para pagar la renta y cientos de gastos. Nunca fui buena en algo, ni siquiera puedo pegar un botón sin que se vea mal.
Apoyó su hombro izquierdo sobre el marco de la ventana y mientras veía a la calle, encendió un cigarro. Viceroy, si tienen curiosidad por saberlo. Bocanada y suspiro. Continúa la introspección.
Me la paso entre gente que me busca para sentirse un poco viva. A veces me pregunto si al menos uno de ellos se detiene a pensar en si yo me siento viva también. Y mire usted, que no les considero buenas o malas personas, a saber, no soy Dios, ¿o qué? Para mí son personas y ya. ¿Cómo podría juzgar a alguien, si yo tengo que hablarles de perfil para que no se fijen en mi brazo izquierda? Ajá, mírele bien. Son madrazos. Y bueno, ¿para qué mentirle? Las otras marcas son de agujas. He probado de todo. No lo digo con orgullo, pero muchas veces me ayuda a seguir de pie. Tantos malos tratos que ha soportado mi cuerpo, hacen que parezcan tatuajes y no marcas temporales.
II
Hiede aquí: A humedad, a podredumbre. A polvo. Las sábanas no han sido cambiadas en semanas, muestran tantas manchas que prefiero no pensar de qué parte del cuerpo salieron.
La luz mortecina, titilante y rojiza se mezcla con su piel amarilla.
La cama apesta a sexo podrido, enfermo. De decenas de cuerpos que sobre ese lecho se han dejado un pedazo.
Este es mi lugar de trabajo habitual. Agradezco al cielo cuando me llevan a otro lado. Aunque siempre voy con cautela, sepa usted. Cargo una navaja, ya sabe, por eso del “no-vaya-a-ser”, ya me intentaron desgraciar la cara alguna vez. No es que esté muy agraciada tampoco, pero no se vale, no.
Mucho arriesgue por doscientos pesos, ¿no?
Doscientos por quince minutos, y no lo olvides, que ya llevas casi 10.
Cualquiera pensaría que doscientos en quince minutos de fingir que te importa la alegría o permitir que se desahogue alguien más es un buen trato. Pero no. Porque empezando, no son para mí. Entre mi “manager” –es que se oye más artístico que padrote, ¿qué, no?-, las cartas de salud y cuotas para las representaciones y el sindicato, acabo ganando una mierda. Perdona que lo diga así (¿se está grabando todo verdad?), pero dime tú si cincuenta pesos por viaje vale la pena.
Está cabrón.
Eso. Cabroncísimo. Cincuenta mugres pesos por coger. Por tocar a personas que alguien en su sano juicio –o hasta bien pedos- nunca lo haría.
¿Cómo evitas el asco?
Al principio, cuando empieza una en esto, te avientan a los peores “para ir perdiéndole el miedo”. Me han tocado mancos, con tumores gigantes en la cara. Creo que he visto peores cosas que varios doctores en toda su pinche vida. No le miento. Mi “primera vez” fue con señor con los dedos todos como echados a perder, usted verá: No tenía uñas y donde se supone que debería haber, solo había mugre, sangre y pus. Dicen que la primera vez no se olvida. Ojalá no fuera cierto eso.
Pero pues, mira, con el tiempo aprendes a disimular el asco. Dicen que las putas somos muy buenas actrices. Claro, eso explica las Niurkas y demás, ¿no? Aunque si ya tienes tanto tiempo en esto. Te acabas muriendo por dentro: Ya el asco y otras cosas te son indiferentes. Cuando toca algo realmente repugnante, una sólo se bota a la cama boca abajo para no tener más contacto visual más que con el billete. Tic, tic, tac. Viendo el reloj. Siempre el reloj.
III
No es bueno, pero tampoco es tan malo. Me refiero a esta profesión. Trabajo de 6 pm a 2 am. El tercer turno, “el mejor”. Cuando hay más borrachos que buscan algo que tocar. Pero por lo mismo, es muy competido, más en estos tiempos. Entre chamaquitas de secundaria o prepa que trabajan “por su cuenta”, los tratantes de blancas que se anuncian en el periódicos como “casas de masaje”, porque sépalo bien, esas no están “en regla”, sindicalizadas pues (me han dicho muchas cosas de esos lugares. Las tienen allí encerradas. Sí les dan dinero, pero sólo para que manden a sus familias, ellas no pueden quedarse casi nada. Vayausté a saber si las familias reciban el dinero o no), y bueno, por si fuera poco, los trasvestis, transexuales o las “esas” de moda… ¿cómo se les dice? ¿chimels?
She-males.
Esa chingadera. Mire que ahora esos agarran más clientela que una. Y vea que a la mitad de los treinta años, se empieza a tener muchas otras desventajas: chichis caídas, estrías, nalgas aguadas. Ya que le cuento. Digo, yo todavía me mantengo masomenos –tóquele, apriéteme la chichi derecha, ¿ah verdad?, todavía aguanto-, pero hay compañeras que nomas no.
Pero pues ni así es garantía. Mire pues, las “mejores” con suerte hacen seis o siete trabajitos en sus mejores días. Pero hay otros días, como los martes, que el negocio está muerto. Sí sales haciendo uno en el día, vas y le das la mitad de la ganancia a la virgencita, me cae de Dios. Yo por lo regular, paso el día haciendo tres o cuatro. Ahora échale cuentas. Entre pasajes y mantener a dos hijas –de diferentes padres pero igual de hijos de la chingada e irresponsables- se me van al día 90 pesos. Si hice tres, me quedan sesenta pesitos. Con cuatro, pues cincuenta pesos más. La escuela siempre es lo más caro, hay que tener el guardadito para eso. Pero agréguele la luz, el agua, el gas. Ojalá pudiera pagar todo eso a sentones, caray.
Entonces, si no sale cliente en todo el día, ¿qué?
Osea, sí, soy puta, puta, pero no pendeja. Desde que empecé en esto, abrí mi cuenta en Serfin (ándele, calcúlele el tiempo) y pues tengo mis buenos centavitos, no es por dármelas de muy, muy, pero sí tengo para comprar casa y cochecito, ¿eh? –es que antes el negocio dejaba para más. Pero eso hay que juntarlo, ni lo toco, mire que algún día mi cuerpo ya no va a dar ni para que me quiera tirar un ciego. No quiero acabar como Quetita, esa que está allí, mire venga a la ventana.
Quetita, una señora como de sesenta y algo, parada bajo las sombras.
Cobra de a veinte pesos por mamada. Ella ya no entró al sindicato, por la edad. Su “manager” se murió hace siete años y nadie más la quiso administrar. Así que está sola por su cuenta y lo que saca al día, pues le da para comer y un lugar donde pasar la noche. No, mire, no pienso acabar así. Voy a seguir hasta que el cuerpo ya no esté durito. Y ya. Me iré con mis hijas a otro lado. Querétaro siempre se me ha parecido lindo.
IV
Soy de alquiler. De usar y tirar. No puedo alcanzar a ser algo más, pero la verdad es que tampoco quiero alcanzar algo más. Me gusta pensar que soy parte la calle. Ya sabe, como cuando uno va en el coche y va viendo todo lo que hay. Que si casas, que si árboles, o lámparas y jardineras; que si tiendas, que si anuncios, o que si putas.
Para terminar, ¿cómo te llamas?
El verdadero, supongo. Josefina. Así, a secas; no se me antoja acordarme de esos pendejetes que me engendraron. Soy originaria de Morelia y tengo 21 años en el DF, por si te picaba la curia. Por cierto chiquillo, ya llevas 37 minutos, vas a tener que pagarme como si hubieran sido tres servicios.
Me ibas a avisar cuando se acabara la media hora.
Es que te veía tan entretenido haciendo notitas y eso. ¿Cómo molestarte con esas cosas?
Bueno, pues me quedan ocho minutos. Algo debes poder hacer.

Se ha dicho