<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>In + Fame &#187; Cuento corto</title>
	<atom:link href="http://nohay.info/tag/cuento-corto/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://nohay.info</link>
	<description>Vida, obra, mentiras y derivas de Mr. No</description>
	<lastBuildDate>Mon, 26 Jul 2010 20:17:38 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0</generator>
		<item>
		<title>74. Entre Ríos.</title>
		<link>http://nohay.info/2010/74-entre-rios/</link>
		<comments>http://nohay.info/2010/74-entre-rios/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 01 Jun 2010 05:30:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mr. No</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento corto]]></category>
		<category><![CDATA[humor]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://nohay.info/?p=349</guid>
		<description><![CDATA[En Veracruz hay una comunidad -pueblo, localidad, ranchería, ejido, no sé en realidad-, llamada Dos Ríos. Está justo entre Orizaba y Córdoba, yendo por la autopista México – Veracruz (Autopista 150) a la altura del kilómetro 312, pasando Potrerillo y justo antes de llegar a Sumidero. Los niños de allí son curiosos por naturaleza, les [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En Veracruz hay una comunidad -pueblo, localidad, ranchería, ejido, no sé en realidad-, llamada Dos Ríos. Está justo entre Orizaba y Córdoba, yendo por la autopista México – Veracruz (Autopista 150) a la altura del kilómetro 312, pasando Potrerillo y justo antes de llegar a Sumidero. Los niños de allí son curiosos por naturaleza, les gusta oír cuentos, les gusta interpretarlos. Les gusta hacerlos de ellos mismos, como una aventura que podrían vivir en cualquier momento de sus vidas. Lectores voraces no son, pero eso es más que nada por la falta de libros y no porque no sepan leer. Es de las comunidades con índice de alfabetización más alto de la región (claro, ayuda el que sea una población más o menos joven –sus primeros habitantes dicen haber llegado a vivir allí en “los ochentas y algos, no… como los noventas más bien, creo yo, porque ya mero hago los veinte años aquí mire”, como dice Jaime Rosado Huit, de 34 años, padre de cuatro niños, dos de ellos unas gemelas de 14 años que entre día y día encuentran el tiempo suficiente para ayudar en las labores del hogar, atender a la telesecundaria No. 224 “Xavier López Ch.” y formar un grupo de escritores infantiles por las tardes y noches.</p>
<p style="text-align: justify;">Contrario a lo que puedan prejuzgar ustedes, horribles personas. Dos Ríos no es la clásica población llena de gente inconforme, mal pagada, descuidada e ignorante, como podría ser, no sé, el Ejido 05, municipio de Comondú, Baja California Sur, donde aún no saben cómo funciona la televisión y creen que las lámparas ahorradoras de luz tienen dinero adentro que se va ahorrando cada que prenden el interruptor. No, la mayoría de sus habitantes está formada por gente que, si bien es de extracción humilde, ha mostrado que con trabajo y ganas de superación pueden lograr todo. Tienen una media de nivel socio económico que va de la esfera C+ a B-. Nada mal, y, si tomamos en cuenta que su población no supera los 700 habitantes, podríamos decir que es uno de los lugares con bienestar social mayor del estado. Entre ellos mismos han abierto clínicas y supermercados. Sus calles están bien trazadas, anchas, preparadas para albergar cuatro carriles en sus vías principales. En una vista satelital se puede ver perfectamente cómo está formada en bloques muy bien planeados y esto gracias a que los primeros habitantes de Dos Ríos firmaron una carta de justa repartición, donde todos los terrenos debían medir lo mismo y nadie podía tener más de uno si no tenía viviendo allí al menos 5 años. Los servicios de alumbrado, alcantarillado, telefonía y agua trabajan de manera maravillosa. Sus parques están cuidados perfectamente. ¿Lo mejor de todo? Que todo esto se ha hecho por el pueblo y para el pueblo, el gobierno (municipal, estatal o federal) no ha metido más mano que lo justamente necesario. Cubren impuestos de manera puntual, con la condición de que no coloquen a nadie que represente a autoridad gubernamental alguna, ni siquiera policías. Ellos manejan todo de manera interna. Juntas vecinales. No ha habido gran problema desde que en el 2003, Hugo Pommarola Tévez (+), originario de Zitácuaro, Mich., con dos años radicando en Dos Ríos, creyó conveniente llevarse a su casa a Teresa Solorio, de 16 años, para tomarla como esposa, sin consentimiento de sus padres ni de ella misma.</p>
<p style="text-align: justify;">Este hecho fue arreglado con suma cautela por miembros de la junta vecinal. Cuatro de ellos salieron en una pick up roja, propiedad del padre de Teresa, Don Hilario Solorio, y después de una charla con Hugo, este accedió dejar ir a la niña. Todo fue calmo y civilizado. Hugo pidió una disculpa pública en la plaza del pueblo, y el evento fue olvidado. Los hechos que acontecieron después –que incluye el incendio de la casa de Hugo y su cuerpo hallado con 59 impactos de bala- son aleatorios y no hay forma de relacionarlos de ninguna manera.</p>
<p style="text-align: justify;">Dos Ríos es también una joya turística maravillosa. Cuenta con barrancas de piedra caliza, prados verdes y, claro, dos ríos que lo circundan: El Orizaba y el Amoyate, ambos provenientes del volcán Citlaltepec. En primavera que se da la “crecida” del río Orizaba, pueden observar a los pobladores en pequeñas embarcaciones deslizándose para divertirse mientras que, en donde convergen ambos ríos, la gente se arremolina para comer langostinos y camarón de río (“burritos”) a la parrilla en el restaurante más viejo del lugar: “El atorón de Mano”, atendido por su propietario Manuel “Mano” González González, el cual siempre dice que su secreto es nunca lavarse las manos antes de cocinar (“eso le da el sazón”). Imperdible probar su mítica agua de cacahuate, receta que ha sido imitada, pero jamás igualada. Esa agua puede hacer maravillas, sí señor. Recuerdo una noche mágica de algún agosto en el que llevé a una chica (Mimí Palomero) sacándola de clases para ir a nadar al río y comer langostinos. Bebimos agua de cacahuate y ella me declaró su amor. Claro, dije que no, pero la noche en el hotel del pueblo “Lozeta de Amozoc” fue algo que no olvidaremos jamás. Creo. ¿O fue Denisse Ivaniega en diciembre? No, no… Ale, sí. Ella fue, en el huerto de mangos de su primo Rodolfo Almaguer. En fin. Los caballeros no tienen memoria, así que está bien que no las mencione así como todas las cochinadas que hicimos. Sería lo más correcto. No queremos que, en algún futuro medio lejano, alguno de sus hijos lea esto y se entere que su mamá daba unas mamadas de campeonato. Eso no está para nada bien, ni es correcto, no señor.</p>
<p style="text-align: justify;">En fin, si algún día –en fin de semana y primavera, de preferencia- no tienen planes, vayan a Dos Ríos, un pueblo de gente linda, amable, trabajadora los espera. Cuando estén allí, no olviden pasar al minisúper Iberia, dónde podrán comer unas tortas hechas con el mejor jamón serrano de todo el país y degustar un delicioso tequila añejado que hacen y traen exclusivamente para Dos Ríos.</p>
<p style="text-align: justify;">No lo piensen dos veces. Vayan a Dos Ríos, que yo, su amigo y comandante, Beltrán Leyva, se los recomiendo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://nohay.info/2010/74-entre-rios/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>6</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Arizona 05: El camino</title>
		<link>http://nohay.info/2010/a05-camino/</link>
		<comments>http://nohay.info/2010/a05-camino/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 30 Apr 2010 12:57:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mr. No</dc:creator>
				<category><![CDATA[arizona]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento corto]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://nohay.info/?p=308</guid>
		<description><![CDATA[Bienvenidos al quinto día de Arizona, hoy tengo el agrado de presentarle a una de las Baez: Nicté, alias Alanis Mastretta, alias La Maga Azul, alias Pancha Petra de la Mar y Buendía. Muy buena persona y eso, cinéfila como yo y demás. De las pocas buenas personas que conocí en campeche gracias a alcohol [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Bienvenidos al quinto día de Arizona, hoy tengo el agrado de presentarle a una de las Baez: Nicté, alias Alanis Mastretta, alias La Maga Azul, alias Pancha Petra de la Mar y Buendía. Muy buena persona y eso, cinéfila como yo y demás. De las pocas buenas personas que conocí en campeche gracias a alcohol (claro)</p>
<p>Les presento uno de sus historias-cuentos-narrativas-queseyo, que en lo personal disfruto mucho por su humor:</p>
<p>EL CAMINO</p>
<p style="text-align: justify;">No.. tú no te olvidarás jamás, yo voy a hacerte recordar..</p>
<p>Cuando conoces a una persona que llega a tu mundo para iluminarlo recuerdas exactamente el momento en el que se manifiesta ante ti…</p>
<p>&#8211;Chamaca… que chingadamadre estás haciendoooo****<br />
En ese momento, la mocosa de 4 años y medio voltea hacia su derecha, deja de saltar en la cama y de jugar con el calendario gigante que está pegado en la pared, voltea a ver a su pequeña hermana, y, de nuevo, ve hacia su derecha.<br />
Parado en el marco de la puerta, se encuentra un hombre gordo de unos 35 años con tenis blancos viéndola….</p>
<p>&#8211;No te comas los mocos…. No seas puerca¡¡..</p>
<p>&#8211;No te enojes Tío, no me regañes, Laurita también se come los mocos, saben a sal… no te enojes…[hace pucheros, le entra ese sentimiento de entre pena y miedo a más regaños].</p>
<p>&#8211;Si te vuelvo a ver comiéndote los mocos te voy a acusar con tu mamá, dónde viste eso ehhhh?&#8230;.no lo vuelvas a hacer, que todo lo que haces lo repite tu hermana…[el hombre cierra la puerta y sigue su camino, la niña hace “bolita” sus mocos y se acuesta a llorar, jamás volvió a comerse un moco].</p>
<p>Era diciembre, en un pueblo muy muy lejano, una combi blanca se asoma a la puerta de aquella casa con entrada de tabiques, el hombre gordo baja junto con su amigo, las niñas corren y lo abrazan, hace frío, mucho frio y él es tan cálido y suave, es tan grande y amigable…tiene tanta paz en sus ojos y ellas lo extrañaban tanto. Suben a la combi junto con su madre y un bebe. Emprenden un viaje, amanecen en una ciudad muy muy lejana.</p>
<p>&#8211;A ver hija, qué te trajo Santa Claus. [dice la mujer de cabellos grisáceos que carga y besa a las niñas.]</p>
<p>&#8211;Mi muñecaaa…. “chispitas de amor”….ropa, mucha ropa, mi botiquín de doctora, voy a ser otorrinolaringóloga, me trajo muchas cosas…</p>
<p>&#8211;Y a tu hermanita qué le trajo.</p>
<p>&#8211;Su nenuco, se hace pipí, mucha ropa, y la barbie que tiene bicicleta. Abuelita, nunca nos había traído tantas cosas, estoy muy contenta.<br />
El hombre gordo de 35 años compró todo, no tenía hijos, nunca se casó.</p>
<p>&#8211;No me gusta que te lleves con ese chamaco, Paula. Conozco a su papá, y no dudo que él sea igual. Sé que tal vez no me hagas mucho caso, pero eres como mi hija y no quiero que salgas lastimada. Tienes 15 años y no sabes lo que haces.</p>
<p>&#8211;Sí Tío, no se preocupe, no me va a pasar nada malo.</p>
<p>Y Paula nunca le hizo caso, y así fue, él la lastimó.<br />
Pasó el tiempo, Paula sanó, su Tío Santa Claus siempre estuvo ahí para ayudarla.</p>
<p>&#8211;Ya vine Tío…</p>
<p>&#8211;Que bueno hija, cómo te fue esta semana, cómo vas en la escuela?</p>
<p>&#8211;Bien Tío, no pude venir la semana pasada por que tuve mucho trabajo y cosas que hacer, qué está viendo?.</p>
<p>&#8211;Es una película que me gusta mucho, se llama “Flores en el ático”, ayer vi “El abogado del diablo” y me acordé de ti. En el librero tengo unos libros de derecho que te van a servir.</p>
<p>&#8211;Gracias Tío, voy a dejar mis cosas en el cuarto..</p>
<p>Paula no tuvo un padre normal, un padre de esos que están a tu lado en los momentos felices y mucho menos en los momentos melancólicos. El día en que Paula cumplió 15 años, su Tío Santa Claus pagó un banquete exquisito, cada cosa escogida por ella. Al entrar al salón sus ojos brillaron y se llenaron de lágrimas, no derramó ninguna para no arruinar el maquillaje. Todo era mágico, amarillo y blanco, sus flores favoritas lílis y margaritas, cristalería en la mesa, meseros, música, la gente que la amaba y muchos regalos. El Tío Santa Claus lo organizó todo, y Paula fue feliz. Él la acompañó en la iglesia, a falta de padre su abuelo y su Tío, y resultó ganar por partida doble. El padre sólo se manifestó con una corta felicitación en el periódico, el Tío bailó con ella el vals y le dijo lo hermosa que se veía y lo orgulloso que se sentía de ella, que era su hija.</p>
<p>Paula creció, y tuvo que irse de la casa de sus abuelos donde vivía su Tío, que nunca se casó por cosas del amor y cosas de la vida, por una mujer que lo decepcionó en el alma y por cosas profesionalmente fallidas.</p>
<p>Ese hombre era un banquetero excepcional. Las mejores fiestas de esa ciudad estaban a su cargo y eran prácticamente perfectas.</p>
<p>Él era de esas personas que siempre estaba feliz, pero hubo un día en que la tristeza infinita invadió su corazón lleno de amor. Se sentía solo, y ahí inició todo.</p>
<p>Estaba muy triste, y fue su decisión. Era feliz de día y triste en las noches. Paula no se dio cuenta del momento en el que su Tío llegó a ese punto sin retorno. Su hígado se paralizó, estaba seco por que “aquello” que ingería en las noches de tristeza lo humedeció de más. Y un día, simplemente no despertó.</p>
<p>Paula tiene sus alas rotas y su corazón marchito. Lo escuchó la madrugada del 19 de mayo del año 2009. Platicaron unos minutos, él le contó que estaba feliz, que decidió irse sin molestar a nadie, le pidió que no llorara más y que rezara por él, la llamó “hija” una vez más. Paula derramó una lágrima y él regañándola le dijo que no derramara una sola más. Se despidió de ella y al abrir los ojos sintió la tibieza del aire.</p>
<p>Paula acaba de cumplir 22 años y está tomando decisiones en su vida. Lo extraña más que nunca, lo ama con toda su alma.</p>
<p>&#8211;El no tenía hijos y nosotros [sus hermanos y ella] no teníamos papá, en algo teníamos que acoplarnos.</p>
<p>No tiene ningún mal recuerdo de él, sólo buenos.</p>
<p>A veces, conocemos a esas personas que llegan a iluminarnos la vida con mil y un cosas que vamos recordando y uniendo a pedazos, cuando se van, se llevan esa luz, pero sólo es un momento, después regresan de a poco para ir devolviendo lo que nos han regalado.</p>
<p>El primer recuerdo que tengo de mi Santa Claus son las navidades tristes y frías cuando vivía lejos lejos de este lugar al que amo tanto, él llegando por mí y mis hermanos en su combi blanca para regalarnos navidades perfectas.</p>
<p>Es aquel hombre gordo sin hijos y con muchos sobrinos a los que amó con toda su alma hasta el último de sus días. Una de las dos personas que le advirtió a Paula que sería infeliz si seguía terqueando. El hombre por el que dejó de comer sus mocos salados, y aprendió a hacer lasaña, aquél que le enseñó a cocinar y que se sentía tan orgulloso de ella, porque antes de que él se fuera, Paula ya había renacido.</p>
<p>No fui a tu entierro, no quise, no se me dio la gana. Te amo, así de simple. Y te recuerdo como siempre, con tu sonrisa azul celeste, sentado en tu silla café en la puerta de la casa donde crecí y fui tan feliz. Te amo, te amamos, no encontraré en mi camino mejor Santa Claus que tú. Te llevo gravado en mi mente, en mi corazón y en cada uno de los pasos que dé en este camino que recorro día con día.</p>
<p>Te doy las gracias infinitas por todo aquello que hiciste por mí y lo que estás haciendo. Sé que nos cuidas, que eres el lucero diario, que estás aquí junto a mí, cuidando de ellos y de mi. Te amamos y siempre serás un papá excepcional.</p>
<p>Y desde aquí, me acordaré de ti….escucharás, mi voz cerca de ti.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">&#8211;</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://lamagaazul.blogspot.com/2009/05/el-camino.html">Post original</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://nohay.info/2010/a05-camino/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>45. Martin Scorsese</title>
		<link>http://nohay.info/2009/45-martin-scorsese/</link>
		<comments>http://nohay.info/2009/45-martin-scorsese/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 03:51:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mister No</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento corto]]></category>
		<category><![CDATA[perhaps]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://nohay.info/?p=111</guid>
		<description><![CDATA[Llegaste por la tarde de un frío invierno. Entraste como reina sin pajes, tiritando por culpa aquella borrasca inclemente, pero bella. Tomamos una película del estante: curiosa obra de arte, sencilla e hilarante, tan pura y bella que no necesitaba efectos especiales, de esos que cuestan miles de millones; La edad de la inocencia inició [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #333333;">Llegaste por la tarde de un frío invierno. Entraste como reina sin pajes, tiritando por culpa aquella borrasca inclemente, pero bella. Tomamos una película del estante: curiosa obra de arte, sencilla e hilarante, tan pura y bella que no necesitaba efectos especiales, de esos que cuestan miles de millones; <strong>La edad de la inocencia</strong> inició al tiempo que nos sentamos en el sofá.  Te serví un poco de chocolate caliente acompañado de pequeños malvaviscos que preparé justo antes de que estuvieses por llegar. Nos tapamos con la frazada de cuadros rojos y blancos que compramos en España mientras paseábamos por el barrio de <strong>Vicálvaro</strong> durante el estío del año pasado. El departamento es cálido en su interior y el piso de duela lo hace mucho más acogedor. Reímos con la película a la vez que las tazas se vaciaban y de nueva cuenta se llenaban. Las manos se encontraban debajo de la frazada. Nos abrazamos encontrando el confort en la mutua cercanía en tanto que la luz del exterior poco a poco se extinguía escuchamos una leve lluvia que la sustituía. Te recostaste sobre mis piernas y sonriendo, acariciaba tu suave cabello. Jugaba a enredarlo entre mis dedos. Y así, mientras Newland Archer se debatía entre May Welland y la condesa <strong>Olenska</strong> tu cerrabas los ojos victima de mis manos y sus tersas caricias. Apagué el televisor y en brazos te llevé hasta la habitación. Dormías con una sonrisa dibujada en el labio inferior. Te arropé entre sábanas, cobijas y un grueso edredón, te envolví entre mis brazos disfrutando nuestro calor. Besé tus parpados cerrados con suave devoción, uno más en la nariz y otros dos en las mejillas para rematar. Afuera el frío invierno, adentro el verano emanaba de nuestros cuerpos. Dormimos abrazados pensando en no despertar, queriendo que el sol no saliera en unos meses más. Divertidos, nuestros sueños jugaron entre ellos. Yo soñaba despierto robándole al tiempo minutos a tu lado, estaba yo embobado. Tú soñabas cautiva en la felicidad de la modorra profunda que te hace viajar por mundos miles, irreales. Dormimos juntos cuando sólo veríamos una película que nos transportase a <strong>1870</strong> pero acabamos en la cama justo antes de que los grillos comenzasen su concierto nocturnino. La mañana llegó, infalible y presente a través de la ventana con el primer rayo del sol llegado desde el oriente. No estabas en la cama, pero un olor a café recién preparado me decía que sí, que toda la noche te habías quedado. Desayunamos. En la televisión se proyectaba <strong>Il mio viaggio in Italia</strong> y fue curioso pues dormimos con <strong>Martin </strong>y despertamos con <strong>Scorsese</strong>. Limpiamos la mesa y lavando los platos al terminar, besos y abrazos se repartían sin chistar. Nos bañamos rapidito, con agua tibia y dejamos el lugar para salir a pasear. Recorrimos felices las calles mirando los detalles en los que nadie más se podría fijar. En <strong>Mazarik</strong> compramos bufandas, porque las nuestras, en el sofá se quedaron olvidadas. Detuvimos nuestro paseo por la gran ciudad y el resto de la día nos quedamos en un pequeño restaurant de Francisco I. Madero con vista sin igual al <strong>Palacio de Iturbide.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #333333;"> Jugamos a inventar palabras que no existen, y las escribimos en una pequeña libreta, riendo del sinsentido sin notar el paso del tiempo si no hasta  que hora de acompañarte hasta tu casa llegó. Vaya invierno singular es uno para nunca olvidar.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://nohay.info/2009/45-martin-scorsese/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>009. Versículo de un adiós</title>
		<link>http://nohay.info/2009/009-versiculo-de-un-adios/</link>
		<comments>http://nohay.info/2009/009-versiculo-de-un-adios/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 13:22:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mr. No</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Prosa-Verso]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento corto]]></category>
		<category><![CDATA[harsh]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://nohay.info/?p=30</guid>
		<description><![CDATA[Versículo de un Adiós 24/03/2009 Y perdí mi mente en el fondo de aquel botellón de alcohol sin sabor que raspó mi interior revolcándose en este podrido dolor. El arrabal parecía un carnaval hiriente de personas deambulando con pesares por la frente. Con lujuria fingida las pobres mujeres paseaban sus carnes purulentas, que servían de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1><span style="color: #888888;">Versículo de un Adiós</span></h1>
<p><span style="color: #0000ff;">24/03/2009</span></p>
<p>Y perdí mi mente en el fondo de aquel botellón de alcohol sin sabor que raspó mi interior revolcándose en este podrido dolor.</p>
<p>El arrabal parecía un carnaval hiriente de personas deambulando con pesares por la frente. Con lujuria fingida las pobres mujeres paseaban sus carnes purulentas, que servían de placebo a los comensales malvivientes. Y así, entre trago y trago, evaporándome en alcohol, vi tu cara brillando, cual pepita de oro enterrada en el fango.<br />
Notaste mi mirada y con andar sugerente venías a darme encuentro, lo cual emocionaba a mi atosigado corazón.</p>
<p>Valeria.</p>
<p>Así me juraste que te llamabas, aunque aun no lo quiero creer. Tu porte de reina caída en gracia obligada a servir como esclava indicaba otra verdad. Me ofreciste cigarros. Te ofrecí una copa dama. Whisky, Cognac. Bourbon. Lo que pidieses lo pagaba con tal de no desprenderme de tu presencia que engalanaba este muladar que si entrabas sobrio te asqueaba sin chistar.</p>
<p>El corazón de un borracho se entrega sin saber, en premura, en inocencia, en una palabra vacía o completa o bien, simplemente por las ganas de coger. Te pedí compañía. Te rogué, supliqué, incluso te insulté. Arrojé unos cuantos miles de pesos a tu cara reclamándote amor mentiroso, placer vano, tiempo perdido y culpas enteras. Tu mirada me insultaba, me helaba, me hizo llorar. Pedí disculpas escudándome y culpando al alcohol. Seguro no tenías nada mejor que hacer, pues decidiste quedarte y platicarme de trivialidades mundanas, de noticias viejas, de un guión de una vida que te habías contado un ciento y tres veces, pero que al salir de tu boca tu misma te desconcertabas. Escupías mentiras cual letras una imprenta, pero no importaba, yo ya no bebía, simplemente me emborrachaba de ti.</p>
<p>Rasgabas mi piel con tu mirada, me desnudabas hasta el alma. Por cada momento de tu falsa vida, yo contaba tres momentos reales de la mía. Eras mi biógrafa, mi confesora, mi atenta escucha a la cual pagaba por copa, por hora; el tiempo voló y tu turno terminó. Te paraste de la mesa dejándome con el sonido de un adiós en mis labios que no se alcanzó a volver sonoro.</p>
<p>Te vi atravesar la puerta de la cocina mientras te ponías encima una mal roída chamarra más vieja que mi tía Leticia. Me levanté dando tumbos, dejando unos billetes sobre mi mesa, arrastré mis pies y con ellos mi aturdido cuerpo. Alcancé mi sombrero y tomé de mi saco unos cigarros que pude alcanzar a pescar. Mis dedos confundidos prendieron el cigarro que de mi boca se desprendió cayendo al suelo de ese chiquero del cuál quería salir para alcanzarte, pero un cigarro es un cigarro chingada madre. Me arrodillé para ver bien y examinar con cautela, pues mi vista no es de campeonato si el alcohol me tiene idiotizado. Y allí estaba, prendido un poco, humeante un mucho. El suelo estaba húmedo, por lo tanto hacía lo mismo con mi tabaco. Agua, saliva, licor, no lo quiero ni pensar. Lo levanté y así lo metí a mi boca, inhalé ese nocivo alquitrán que me espabiló y dio fuerzas para avanzar.</p>
<p>Afuera, en la calle, la luz parecía un lujo que nadie en el vecindario se dignaba pagar. La oscuridad era sucia, maloliente y pesada. Gente oculta en sombras, sonidos de un infierno personal que ni Dante podría llegar a imaginar. Los círculos del infierno para nada son tan depresivos como la imagen ante a mí se acaba de mostrar. Niños dormidos en la calle, semidesnudos, mientras sus madres de pie intercambian miserias a cambio de insulsos placeres que solo pueden otorgar para permitirse el pan del día tragar. Borrachos como yo, caminando como muertos en vida en un laberinto del cual no encontrarán entrada ni salida. Animales muertos, basura podrida. Agua encharcada, casas derruidas. Este lugar parece tan distante del mundo con sol, cielo despejado y mar aullante. No, esta parte del planeta nació así. Un Dios encabronado la escupió con odio y la dejó atrás como algo que un perro ha meado. Pero bien decía mi Abuela, hasta en lo más oscuro algo siempre brilla. Allí estabas cruzando la avenida sin luces, perseguida por el sonido de tus distantes tacones. Temerosa, paranoica, cautelosa tal vez, girabas la cabeza con cada paso.</p>
<p>Valeria.</p>
<p>Grité, y no sé si me alcanzaste a reconocer, pero te detuviste y esperaste a que con cierta torpeza llegase a tu lado. Allí, sonriente, con olor a antro y cigarro, me saludaste y sin decir más, hice de escolta en tu traslado.</p>
<p>De pronto, la oscura calle, llena de inmundicias y pecado, parecía lejana, perdida en pesadillas de años pasados. La luna apareció, brillante como nunca, me sentía un hombre nuevo, creí tener confianza y rehacerme mi vida. Me imaginé dejando esta autodestrucción paulatina que me he venido otorgando, teniendo casa, hijos y a ti como esposa, amante, amiga y apoyo a mi lado. Sonreía en mi mente, y mi corazón también. Ese corazón penoso que había olvidado de poseer, tanto así que en esos momentos al latir tan fuerte me espanté. Fui feliz por las tres calles que pasamos caminando. Y cuando estaba decidido a decir algo que nos comprometiese a ser más que unos peatones que comparten vereda, lo sentí.</p>
<p>Frío.<br />
Intenso.</p>
<p>Una navaja perforó mi pulmón izquierdo. Caí de rodillas sin emitir sonido, aun con el frio acero clavado al costado, ganándome el peso y cayendo sobre mi espalda, doblado en inerte dolor. Una dura y certera patada en la cara reventó mi boca, nariz y el poco orgullo que había hasta ese momento atesorado. Y aun semi inconsciente por el dolor, sentí pavor por lo que harían de ti esos patanes, y traté de incorporarme solo para ver con terror como levantabas con odio una piedra. Alcancé a sentir tres golpes en la frente antes de perder el conocimiento, mientras parecía escuchar entre sueños que gritabas “en el saco trae el dinero”.</p>
<p>Cuatro días me dijo la enfermera que tardé en volver del coma. Mi cerebro se apagó con los golpes que me diste, pero eso no es nada comparado a la herida mortal que acertaste en mis sueños, ilusiones y en un anhelo de amor.</p>
<p>“Su pulmón izquierdo no volverá a funcionar igual”. Dijo el doctor. “Y bueno, otra mala noticia, mientras intentábamos salvarle descubrimos una peculiar coloración en el. Tiene cáncer, en un estado más allá de cualquier tratamiento o curación”. Joder, si en menos de un día me saqué el premio mayor en la lotería de lo peor. Un póker de mierda, un tremendo autogol.</p>
<p>Dos meses me quedan. Y pues qué más da. Los viviré encadenado a ese rancio alcohol, visitando los peores lugares a la espera de volver a encontrarte. Pero no por odio ni por venganza. Solo quiero verte y darte las gracias por haberme regalado un paseo que iluminó por unos momentos mi amargo destino.</p>
<p>Gracias Valeria, mi adorada y cabrona embustera.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://nohay.info/2009/009-versiculo-de-un-adios/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>007. Cinco listones de seda</title>
		<link>http://nohay.info/2009/007-cinco-listones-de-seda/</link>
		<comments>http://nohay.info/2009/007-cinco-listones-de-seda/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 13:18:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mr. No</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Prosa-Verso]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento corto]]></category>
		<category><![CDATA[kinky]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://nohay.info/?p=26</guid>
		<description><![CDATA[Cinco listones de Seda 17/03/2009 La luz de la luna llena atraviesa como navaja las cortinas tan transparentes como mis intenciones de esta noche. Y allí estás: recostada, pulcra y sincera. Cual virgen entregada a un dios pagano. Un sacrificio, un sacrilegio, un sortilegio antiguo y primigenio para el dios primero, para el dios del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1><span style="color: #888888;">Cinco listones de Seda</span></h1>
<p>17/03/2009</p>
<p>La luz de la luna llena atraviesa como navaja las cortinas tan transparentes como mis intenciones de esta noche.<br />
Y allí estás: recostada, pulcra y sincera.</p>
<p>Cual virgen entregada a un dios pagano.</p>
<p>Un sacrificio, un sacrilegio, un sortilegio antiguo y primigenio para el dios primero, para el dios del deseo.</p>
<p>Y heme aquí deslizándome por las sombras, sigiloso y furtivo; con el alma hecha un hilo.<br />
Y heme aquí acercándome con malicia, con la conciencia de un verdugo, el ansia de un ejecutor y la sed de sangre del experto cazador.</p>
<p>Con cinco listones de seda te preparo:</p>
<p>Uno y dos:</p>
<p>Muñeca izquierda, muñeca derecha.</p>
<p>Tres y cuatro</p>
<p>Tobillo izquierdo, tobillo derecho.</p>
<p>Te amarro con vehemencia  (y mi respiración tiembla)</p>
<p>Te aferro a la cama extendida, entregada y sumisa (y tu respiración aumenta)<br />
Te beso por encima de los listones:</p>
<p>Uno, dos, tres y cuatro.</p>
<p>El quinto de ellos, aun en mi poder, lo coloco sobre tus ojos sumergiéndote en un abismo de incertidumbre, de abandono, de una innegable anticipación al placer.<br />
Envuelta en tu sin saber, comienzo con tu tortura, con tu entrega a la lujuria, con el robo de tu humanidad.</p>
<p>Tomo una pluma de ganso que transporto por tu núbil piel, erizando a su paso, dejando rastros de un fuego naciente, de calor interno, de deseo tangible e invisible a la vez.  La pluma viaja desde tus labios, jugueteando en sus comisuras, regodeándose en sus formas</p>
<p>Perfectas<br />
Redondas<br />
Carnosas<br />
Y suculentas</p>
<p>Y se detiene en su jugueteo y comienza su inevitable camino con dirección sur, deslizándose por tu cuello</p>
<p>Lento<br />
Lento<br />
Lento<br />
Despacio<br />
Y sin prisas<br />
Y de pronto sin que tus sentidos te permitan entenderlo, ya se encuentra paseando por tus pechos provocando un torrente interminable de emociones. Con unas ganas irreprimibles de ser libre de esos 5 listones de seda que te dominan, que te entregan.</p>
<p>Adivino tus gestos y los movimientos de tu cuerpo que se dobla y convulsa intempestivamente.</p>
<p>Sonrío mientras abandono la pluma y doy un rápido vistazo a la mesa de utensilios que se presenta a mi merced. Examino las posibilidades y al final me decido por el vino espumoso alemán. Tomo la botella y la descorcho en un santiamén, vierto un poco en una copa y de la copa a tu piel.</p>
<p>Es tu vientre el recipiente, más perfecto no puede ser. Bebo en ti y bebo de ti. Un sorbo de tu ombligo. Un trago de emociones y sentimientos que florecen al rozar la punta de mi lengua por el camino que el vino a surcado  e indicado con señales de exceso sugeridas, un  camino sin retorno cuyo destino es por ambos conocido.</p>
<p>El helado líquido enervante, se entibiase casi al contacto contigo pues de tu cuerpo emana un calor que desconoce cualquier tipo de frio. El vino continúa resbalándose, rio abajo, a paso lento. Sigo la gota con la mirada, se dirige hacia tus pliegues bañándote en estupor. Por un momento me olvido de todo, me pierdo en aquella etérea visión: Tan suave, delicada y de muy buen aroma lo cuál me incita a devorarte para conocer tu sabor.</p>
<p>Despierto de mis sueños para dejar la copa de vino en la mesa y la botella de nuevo en la hielera. Es allí cuando sonrío de nuevo y tomo un hielo de esta, me arrodillo ante la cama, y paso el hielo por tus muslos. Sueltas un pequeño grito. Lo muevo en círculos pos tus piernas bajando hasta llegar a tus pies. Tomo el hielo ya deformado por tu piel y el calor que hizo efecto en el, lo meto en mi boca y comienzo a pasarlo de nuevo, desde tus dedos con esas uñas pintadas de carmesí, hasta tu entrepierna, la cual suavemente separo con mis dedos permitiendo descubrir tu clítoris palpitante, deseoso de atención, con un color que solo significa placer.<br />
Y así, ya con el hielo desecho, pero con la lengua fría y entumecida lo golpeo suavemente y mis labios lo aprisionan, lo muerden. Mi boca te succiona, besa tus labios y los acaricio con mi lengua. Mi lengua que te penetra y te disfruta. Tu gozo es un halago para mi, vale más que mil palabras. No necesitas hablar para decirme “sigue, lo haces muy bien”; no tus contracciones, tu respirar, tus movimientos de la pelvis y ocasionales gritos me lo dicen a mil voces. Has acabado cuatro veces desde que la pluma te comenzó a recorrer, pero aun falta la quinta, la gloriosa, por la que me llamaste ayer.</p>
<p>Recuerdo en ese instante lo que siempre me dicen “tienes manos de mujer” lo sé. Y es por eso que soy tan bueno en esto, solo las mujeres se pueden permitir con sus dedos largos y delgados alcanzar de manera delicada ese punto oculto que no se sabe ver, pero que al encontrarle y tratarle con cuidados y bien, te debe hacer estallar en placer.</p>
<p>Introduzco mi dedo índice, despacio, hasta el fondo. Adentro lo arqueo un poco y  muevo la punta en círculos hasta encontrar aquel tesoro encarnado, bañado en pletóricos jugos que brotan de tu interior. Comienzo a rascar, no con la uña, sino con la yema. Despacio, con cautela y suavidad, como si a un gato acariciase. Es tu primer encuentro con esa parte de ti que hasta entonces desconocías, y eso se puede ver en cómo dejas de respirar, abres la boca extasiada y cierras tus manos en puños mientras los dedos de tus pies se encogen. Es algo nuevo, algo que nunca pensaste saber.</p>
<p>Sueltas un suspiro mientras yo continúo acariciando tu interior, y es entonces, cuando veo el reloj. Son las 9:36, tu marido no tarda en volver. Me debato entre las opciones y decido la más rápida y efectiva.</p>
<p>Mi dedo índice continúa su lento movimiento dentro de ti, mientras mi lengua te abruma con largos ataque sobre tu clítoris endurecido y mi mano izquierda se acomoda para con mi dedo meñique acariciarte y penetrarte por ese lugar que siempre consideraste inviolable, que a tu esposo aun después de 7 años de casados te has negado a entregarle. Ese pequeño orificio, es ahora mío, como lo eres toda tú.<br />
Y así, por tres lugares diferentes, te comienzas a correr. Tus suspiros y gemidos son explosivos y seguro se escuchan por doquier. No te importa, a mi menos, solo quiero verte estallar.</p>
<p>Terminas en un grito, elevando la cadera, en un “ya, ya basta por favor, no más… ya” y sonrió de nuevo. Me incorporo y me abotono la camisa, mientras te veo exhausta, inerte, parece que has muerto y vuelto a renacer. Desato uno, dos, tres, cuatro y cinco listones de seda y me miras otra vez. Me sonríes y me preguntas la hora.</p>
<p>-Son las 10 menos 10.</p>
<p>“Mi marido ya no tarda” me dices, y muestras en tu cara una sonrisa satisfecha sin nada más que decir, mientras te incorporas y te diriges al buró para extraer de su cajón una chequera donde expides el monto acordado en nuestra llamada y lo firmas con presteza, aunque tu mano tiembla al entregarlo, mientras me miras como no atreviendo a preguntar lo que mi instinto sabe de antemano. Tomo el cheque, te sonrío por última vez y con reverencia de cabeza, te contesto esa pregunta jamás formulada que no sientes en confianza de hacer.</p>
<p>-Me puede llamar de nuevo cuando quiera Sra. Marie, ha sido un gusto enorme, espero nos volvamos a ver.</p>
<p>Desaparezco por la puerta de la habitación, salgo por la puerta principal y siento las miradas de los empleados clavarse cual estacas a mis espaldas, pero no me importa, estoy acostumbrado a eso y más.</p>
<p>Abordo el Zagato, arranco y en el sistema de sonido se escucha “let the sunshine in” y suspiro, mientras me digo “otro día de trabajo son  otros veinte mil, algún día tendré lo suficiente para dejar esta vida”. Estoy mintiéndome, pero bueno, eso ya lo sé.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://nohay.info/2009/007-cinco-listones-de-seda/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>006. Una Puta</title>
		<link>http://nohay.info/2009/006-una-puta/</link>
		<comments>http://nohay.info/2009/006-una-puta/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 13:16:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mr. No</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento corto]]></category>
		<category><![CDATA[harsh]]></category>
		<category><![CDATA[Primera persona]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://nohay.info/?p=24</guid>
		<description><![CDATA[Una Puta 11/03/2009 De pronto me quedé allí sentado de nuevo. Mente en blanco. Máquina de escribir mofándose de mi falta de musa. Una pila de hojas esperando con ansias ser despojadas de su pureza blanca. Con un carajo. Estoy vacío, nada se viene a mi mente. Meto una hoja, la alineo a mis acostumbrados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1><span style="color: #888888;">Una Puta</span></h1>
<p>11/03/2009</p>
<p>De pronto me quedé allí sentado de nuevo.</p>
<p>Mente en blanco.</p>
<p>Máquina de escribir mofándose de mi falta de musa.</p>
<p>Una pila de hojas esperando con ansias ser despojadas de su pureza blanca.</p>
<p>Con un carajo. Estoy vacío, nada se viene a mi mente. Meto una hoja, la alineo a mis acostumbrados 4 cm de margen superior, y comienzo a golpear con violencia las teclas que se niegan a bajar de buena forma.</p>
<p>“En su lecho de muerte, Houst me revela lo impen…”</p>
<p>- ¡NO, Eso es una mierda!</p>
<p>Arranco la hoja con odio que extrapolo a una débil hoja, haciéndome sentir poderoso en esa demostración inútil contra un enemigo oprimido y que nunca jamás podría oponer resistencia alguna.</p>
<p>Me levanto y en otro ataque de frustración escupo a la máquina de escribir, la vieja Remington De Luxe 5 del abuelo Yong. Maldigo contra ella, como si fuese la causante de mis problemas y falta de inspiración. Iba a arremeter de nuevo en su contra, pero una respiración profunda y exclamar en voz alta “¡CON UNA CHINGADA!” hacen que dé la vuelta sobre mis pies y camine hacia la puerta mientras hurgo en mi pantalón buscando esa cajetilla maltrecha de Lucky Strikes.</p>
<p>-Quedan dos -, me digo a mi mismo mientras enciendo uno de ellos, el que mayor huella de maltrato tiene. Me tiemblan las manos, con el cigarro aferrado sin fuerzas. Sigo caminando y llego al jardín, cuyo verdor contrasta de manera total con mi gris existencia en ese momento. Termino mi cigarro de prisa, en la última calada pretendo aparentar ser un desgraciado, por lo que mi mente le dice a mi tonto cuerpo que apague el cigarro en mi lengua.</p>
<p>Para mi sorpresa, no siento nada, y algo se forma en mis labios. Algún arqueólogo especialista en momias, fósiles, o vaya el diablo a saber, habría dicho “es como si hubiera aparecido una sonrisa”, pero no hay ninguno a la mano para poder corroborar dicha afirmación. Mientras tanto, enciendo el último cigarro,  que me recuerda de manera jactanciosa que no tengo más dinero que lo necesario para terminar la semana. No más dinero para cigarros o películas si quiero tener dinero para la gasolina y el alcohol barato al cual me estoy acostumbrando.</p>
<p>Me despierta de la pesadumbre en la cual yo solo me he metido el escuchar <em>On the Streets I ran </em>de Morrisey. Mi celular desde la sala de estar me hace levantarme dando pasos de muerto en vida, arrastrando los pies y el alma al caminar.</p>
<p>- Si, ¿bueno?</p>
<p>- Cristhian, que bien sigues vivo.</p>
<p>- Raquel, que maravilla, siempre con el comentario adecuado. &#8211; Digo entre dientes, mientras me pregunto por qué demonios no la he despedido.</p>
<p>- Las ventas del último libro han sido mostradas, han sido tan buenas que ya han pedido otra edición. Incluso los de la Editorial me preguntan si tienes planes para sacar un tercer libro.</p>
<p>- El trato eran dos y después de eso me dejarían publicar la novela que siempre he querido, así que (…)</p>
<p>- Si bueno, respecto a eso- me interrumpe &#8211; tú sabes. Ellos van a cumplir el trato pero tiene ya un año que comenzaste a escribir tu novela, y pues, hasta el momento no les has entregado ni el título, mucho menos una reseña de las ideas que tienes para esa obra. Así que ellos sugieren que mientras te inspiras, sería genial que hicieras un tercer libro que hable de cómo ser exitoso en estos tiempos de crisis económica. Mira que la gente está tan desesperada que comprarían eso como pan caliente, sería un Best Seller en cuestión de semanas, incluso días. Digo, tienes todo el respaldo de tus libros anteriores, “Supervivencia en la clase media”, el primero sigue vendiéndose muy bien, mientras que el segundo “Vamos Mexicano, tú eres de primer mundo”, vendió todo el tiraje inicial de dos millones y medio de ejemplares en 7 meses.<br />
- Esos libros los escribí por una idiotez. Por dejar que el mundo editorial me abriese sus puertas. Nunca debí aceptar a escribirlos. Están llenos de pendejadas. Incluso puse cosas inverosímiles con la esperanza de que la gente no las comprase y las vieran como lo que es: Basura. Pero, puta madre, la gente vacía los compraba con delirio y seguía todas las pendejadas que escribí como si fuesen una biblia. Lo peor de todo fueron los testimoniales que comenzaron a surgir diciendo como había cambiado sus vidas. Eso me emputa de sobre manera.<br />
- ¿Te llamé en mal momento Cris? Mira, te veo mañana en el Parisien, desayunamos y te doy el cheque. OK, hermoso, nos vemos. No pierdas la fe, tu novela será algo increíble algún día.</p>
<p>Me cuelga y me quedo viendo al celular. ¿Cómo demonios hace Raquel para dejarme sin hablar siempre? Seguro mañana después del desayuno vamos a coger. Siempre es así cuando me entrega un cheque. Esa es la razón por la que no la he corrido, definitivamente. Disfruto que me entregue el cheque después de que nos hemos venido.</p>
<p>Sí, eso es. En el fondo soy una puta.</p>
<p>Con esos pensamientos regreso a la biblioteca, limpio el escupitajo de la vieja máquina de escribir con la manga del suéter, meto la hoja, la alineo y me siento a escribir. Sonrío como no lo había hecho en meses. Ahora por fin me ha llegado la inspiración y quiero comenzar a escribir. El título fluye como un río torrencial, ni siquiera me detengo a pensarlo dos veces:</p>
<p>“La Crisis Económica no tiene por que llevarte a la prostitución de ideas”</p>
<p>Sí. Una puta, eso soy.</p>
<p>Una puta que escribe, pero eso sí, soy una puta con un sentido del humor demasiado retorcido.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://nohay.info/2009/006-una-puta/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>004. Si lleva una, lleve dos</title>
		<link>http://nohay.info/2009/004-si-lleva-una-lleve-dos/</link>
		<comments>http://nohay.info/2009/004-si-lleva-una-lleve-dos/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 13:06:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mr. No</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento corto]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://nohay.info/?p=17</guid>
		<description><![CDATA[Si lleva una, lleve dos 7/02/2009 ¿A quién le vendo dos cajas de alegrías? Le pertenecieron a aquel viejo que todas las tardes se sentaba a la orilla del mar mientras el sol era tragado por la bastedad de este. Recuerdo cuando una vez, en mi tiempo sin provecho, en un día de esos en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1><span style="color: #888888;">Si lleva una, lleve dos</span></h1>
<p>7/02/2009</p>
<p>¿A quién le vendo dos cajas de alegrías?</p>
<p>Le pertenecieron a aquel viejo que todas las tardes se sentaba a la orilla del mar mientras el sol era tragado por la bastedad de este.<br />
Recuerdo cuando una vez, en mi tiempo sin provecho, en un día de esos en los que no haces nada queriendo hacer algo, me senté a su lado y con cerveza en mano le pregunté:<br />
¿Que miras?</p>
<p>El con su voz profunda y áspera, como el sonido de la ola golpeando una roca, me dijo: “dame una cerveza y mi historia escucharás”; me paré con una mirada cansina sobre de él. “Menudo borracho”, pensé, pero me desplacé de nuevo hasta mi auto donde la hielera reposaba tranquilamente. De esta saqué un six de latas con contenido ámbar y con cierto grado de alcohol. Caminé de nuevo hacia la playa, pero el viejo no se veía por ningún lado. Recorrí la orilla de la playa hasta llegar a donde estábamos sentados donde vi de manera mal escrita sobre la húmeda arena la cual la marea comenzaba a borrar:</p>
<p>“No es el momento, ni nunca lo será, vive tu vida, vive la que yo quise vivir. Te dejo en prenda 2 cajas llenas con mis alegrías, que te aprovechen y las aprecies, y si no, que las vendas al mejor postor”.</p>
<p>Nunca lo volví a ver, ni supe de él, o tal vez no quise saber ya que días después escuché la noticia del cuerpo de un anciano fue encontrado flotando en alta mar. Prefiero pensar que no es el. Me gusta pensar que el anciano encontró su mañana buscándola en el ayer mientras vivía añorando un hoy que no llegaba. Prefiero ver sus cajas con alegrías y pensar que son todo cuanto en esta vida tenía y que así como si nada decidió abandonarlas en manos del primer postor, de aquel que ni siquiera sabía que había hecho una oferta por ellas y que nunca imaginó, que la mejor moneda para aquel alma abandonada y por la cual nadie mira con interés, sea una poca de franca y legítima atención.</p>
<p>Entonces dígame, bella señora. ¿Quiere una alegría? o, ¿quizá, dos?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://nohay.info/2009/004-si-lleva-una-lleve-dos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>003. El marco de la ventana</title>
		<link>http://nohay.info/2009/003-el-marco-de-la-ventana/</link>
		<comments>http://nohay.info/2009/003-el-marco-de-la-ventana/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 13:03:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mr. No</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento corto]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://nohay.info/?p=14</guid>
		<description><![CDATA[El marco de la ventana 5/02/2009 Sentado en el marco de aquella ventana te vi pasar esa tarde. Desde aquel momento mi vida perdió sentido.  Las horas no pasaban, mientras los segundos, al contrario, se volvían de mercurio. Escurridizos, imposibles de atrapar, venenosos pero a la vez tan increíbles e irreales. Tocaste a mi puerta, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1>El marco de la ventana</h1>
<p>5/02/2009</p>
<p>Sentado en el marco de aquella ventana te vi pasar esa tarde.</p>
<p>Desde aquel momento mi vida perdió sentido.  Las horas no pasaban, mientras los segundos, al contrario, se volvían de mercurio. Escurridizos, imposibles de atrapar, venenosos pero a la vez tan increíbles e irreales.</p>
<p>Tocaste a mi puerta, detrás de la cual yo esperaba impaciente (mas no iba a esperarte con la puerta abierta, no sería bien visto por nuestras costumbres y tradiciones). Abrí rápidamente, con una sonrisa dibujada en mi cara. Con el ansia marcada. Con el deseo a flor de piel.</p>
<p>Apenas cerramos la puerta, te lanzaste a mis brazos. Yo me perdí en tu boca. Nos desdibujamos del aquí y del ahora para aparecernos en un lugar íntimo y que nadie, salvo tu y yo, tiene acceso.</p>
<p>Nos amamos en el hall, junto al jardín. Nuestros cuerpos no eran nuestros, las voces y sonidos que estos producían eran irreconocibles para ambos. ¿Nos escuchábamos afuera? ¿Acaso un transeúnte vouyeur escuchaba con excitación nuestro momentum de pasión? No lo sé y en verdad, ¿qué más da? Eso era nuestro, solo de los dos. Un momento íntimo particular que no importaba si era un par de ojos furtivos los que acechaban, o si era todo un coliseo el que aclamaba en cada cadencia, entrega y demostración de amor y deseo.</p>
<p>No importaba, pues era el hambre de no estar juntos la que nos había cambiado. La que nos convirtió por unos instantes (o eternidades, no lo sé) en dos desconocidos que se conocían desde siempre.</p>
<p>Terminamos como siempre, abrazados mirándonos sonrientes, complacidos, pensando en el ahora. Hablando de cómo debería ser siempre así nuestra vida. De cómo tu me haces feliz. De como yo te hago feliz. De cómo es que nos necesitamos y de cómo no podemos vivir separados.</p>
<p>Subimos a mi cuarto y nos sentamos en el marco de mi ventana. Aquella ventana donde te vi pasar no una, no dos, si no incontables veces.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://nohay.info/2009/003-el-marco-de-la-ventana/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>001. Rapiña</title>
		<link>http://nohay.info/2009/001-rapina/</link>
		<comments>http://nohay.info/2009/001-rapina/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 12:47:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mr. No</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento corto]]></category>
		<category><![CDATA[Primera persona]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://nohay.info/?p=9</guid>
		<description><![CDATA[Rapiña 4/03/2008 5 horas… 5 horas han pasado y se me han hecho una eternidad. No me queda agua, y sigo sin poder ver algún signo de civilización o algo parecido. Esto me gano por querer complacer a mis hijas. “¡Llévanos a la Isla papá!”; dios, porque no tuve unas niñas normales. Bien decía mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Rapiña</p>
<p>4/03/2008</p>
<p>5 horas… 5 horas han pasado y se me han hecho una eternidad.</p>
<p>No me queda agua, y sigo sin poder ver algún signo de civilización o algo parecido. Esto me gano por querer complacer a mis hijas. “¡Llévanos a la Isla papá!”; dios, porque no tuve unas niñas normales. Bien decía mi padre, “no te cases con esa mujer, está loca”, pero yo era muy joven, ingenuo y estúpido, simplemente me interesaba remojar la brocha, ¿me entienden?, y, cuando quedó embarazada de nuestras gemelas, lo aproveché como una oportunidad de oro para escapar de casa.</p>
<p>Ahora que lo pienso, nunca quise en realidad a Esther, ni cuando nos casamos, mucho menos cuando murió. Más que dolor, un sentimiento de liberación corría por mi alma. Creo que extraño más a su hermana,</p>
<p>Rita. ¡Qué buena estaba!, lástima que desde que murió Esther, ya no viene de visita a la casa. De hecho nadie nos visita ya. Todo mundo habla pestes de mis niñas, creo que no las conocen tan bien como yo, bueno en realidad nadie las conocerá <em>tan bien</em> como yo hasta dentro de unos años. Nadie más puede saber lo tersos que son sus muslos, lo bien torneadas que están sus piernas para tener apenas 16 años.</p>
<p>Nadie conoce nuestras “noches familiares”, esas que Esther tanto odiaba. Nunca le gustó que las niñas la encadenaran; nunca aprendió a disfrutar el placer del dolor. Pobre Esther, ¿quién iba a pensar que las niñas la odiaran tanto?</p>
<p>Creo que a ellas no les gustaba compartir mi amor con su madre. No las culpo, ella siempre fue la aburrida.</p>
<p>Siempre se quejaba.</p>
<p>Si no se hubiese quejado tanto toda la vida, no hubiera sido necesario que le hubiésemos puesto la máscara con cierres. No hubiera tenido que haber muerto sofocada mientras las gemelas ponían pinzas en todo el cuerpo de su madre.</p>
<p>Pero bien, estoy divagando, no tiene caso recordar todas estas cosas ahora. Tengo que enfocarme en salir de este lugar. Malditas gemelas. Me van a pagar esta. Primero las colgaré de las cadenas del techo y dejaré caer cera caliente sobre sus pechos. ¡No! No puedo hacer eso, a ellas les encanta. Es tan difícil buscar un castigo para esas dos. Ya se me ocurrirá algo con el tiempo.</p>
<p>¿Cuánto tiempo ha pasado ya? Comienza a oscurecer y no se ve nada que pueda servirme de ayu- ¿qué es eso? ¿Antorchas?</p>
<p>-¿Hola? ¿Alguien me escucha? ¡Necesito ayuda, estoy extraviado!</p>
<p>-Si papá, te escuchamos. Pero no creemos que te vayamos a ser de mucha ayuda, sino todo lo contrario.</p>
<p>&#8212;</p>
<p>Despierto entre un fétido aroma a descomposición y sangre seca. Mis manos están atadas detrás de mi espalda.</p>
<p>Trato de ajustar mis pupilas a la poca luz existente, solo para descubrir cuerpos de animales que supongo son ovejas o algo parecido; en verdad no creo que tenga tiempo de pensar en eso, debo tratar de levantarme y buscar una forma de salir de— unh!</p>
<p>El dolor impide moverme, tengo una especie de varilla atravesada a la altura de mi hígado, no la había notado hasta que comencé a moverme. Siento un escalofrío recorriendo todo mi cuerpo, estoy inmovilizado. Grito con todas mis fuerzas, pido ayuda, clemencia. La única respuesta me la doy yo mismo, enjugando lágrimas en un llanto mudo. El dolor y el pánico me hacen su presa mientras que los gases de los animales en putrefacción comienzan a afectar.</p>
<p>Me siento mareado, aunque a estas alturas no sé si sea debido a los gases o al dolor. Escucho pasos y risas que sé que están cerca pero se sienten tan lejanas.</p>
<p>Trato de enfocar la vista y ver a mis asaltantes, aunque ya sepa quiénes son.</p>
<p>Comienzan a arrastrarme hacia lo que parece ser una fogata.</p>
<p>Creo que estoy más allá de los límites humanos del dolor, pues ya no lo siento. Ahora la luz hace daño en mis ojos, pero por lo menos puedo ver de nuevo, me horrorizo viendo mi propio cuerpo desnudo, golpeado, con cortadas y gusanos y demás parásitos en mis heridas abiertas; el aire aquí es un poco más limpio, el mareo comienza a pasar, pero el dolor regresa. Grito de nuevo y esta vez recibo una patada cerca de donde se encuentra la varilla que me hace escupir sangre.</p>
<p>Ya no tengo fuerzas para siquiera poder gritar, trato pero solo se escapan jadeos. Mientras el dolor recorre mi sistema nervioso una y otra vez me doy cuenta de algo: hay otra persona en este lugar además de mis hijas.</p>
<p>No puedo verla bien, trato de enfocar mis ojos pero no lo logro, el dolor ha ennegrecido mi vista, así de escucharlo que vocifera. ¿Balbuceos? ¿Otro idioma? No. Simplemente no puedo escuchar tampoco ya.</p>
<p>Me levantan entre los 3, pero el dolor me dobla y caigo de nuevo golpeándome la cara. Creo que me rompí la nariz, pues siento algo tibio escurriendo por ella. Me levantan de nuevo y esta vez me agarran y me fuerzan a caminar. No puedo.</p>
<p>Creo que una parte de mí ya está muerta, pero el resto de mi cuerpo se niega a rendirse o aceptarlo.</p>
<p>Creo que estoy recostado en una piedra, amarrando mis piernas y manos, estirándolas tanto que pienso que las arrancarán de mi.</p>
<p>Ya no grito, ni siquiera jadeo, ya no puedo más. De pronto, comienza a haber más luz. Me doy cuenta que estamos a la intemperie, la luz es el sol. Está amaneciendo y eso de alguna forma me permite ver mucho mejor.</p>
<p>Mi visión es clara ahora volteo a donde me lo permite mi posición y veo a una de mis niñas, trato de decir algo y solo escupo sangre.</p>
<p>¡No tengo mi lengua!</p>
<p>¿En qué momento pasó eso? siento ahogarme con la sangre que hay dentro de mi boca. Ella se da cuenta que vuelvo a ver y corre por los demás.</p>
<p>- ¡Ya despertó el hijo de puta!</p>
<p>Genial, puedo escuchar y ver de nuevo, pero ya no puedo hablar. Los veo venir, mis dos hijas y un desconocido encapuchado, el cuál comienza a hablar y hace que por un momento la sangre que siento en todo mi cuerpo se sienta helada.</p>
<p>-Que bien que puedes ver de nuevo y por lo visto entender también.</p>
<p>Lloro y doy gritos guturales entre espasmos que me provoca el ahogarme con mi propia sangre.</p>
<p>- Queríamos que nos vieras a las tres por una última vez. Vamos niñas, hagan que su padre se vaya con una grata imagen suya.</p>
<p>Se desvisten ante mí, como tantas veces hice que lo hicieran, pero ahora no me excita, me da asco. Asco al verlas allí paradas con sus cuerpos casi perfectos con mordidas, golpes, cicatrices y marcas que yo les hacía.</p>
<p>Me da asco, me doy asco.</p>
<p>Las convertí en el monstruo que soy. Lloró por última vez mientras se arrodillan cerca de mí y me susurran al oído: “gracias por cuidarnos cada noche papi, esperamos que te guste vernos por última vez”.</p>
<p>Siento sus dedos suaves y delgados se incrustan en mis cuencas oculares. De un momento a otro ya no veo nada.</p>
<p>Las gemelas me han arrancado mis ojos. No dolió como hubiese pensado que lo haría, o tal vez mi cerebro ya no procese el dolor.</p>
<p>- Es hora de irnos niñas, lo demás lo deben terminar las aves de rapiña.</p>
<p>Era Rita, mi cuñada, me imagino que las niñas le contaron lo que sucedió con Esther, o quizás alguna carta que haya dejado mi esposa; tal vez fue Rita misma que encontró los vídeos en mi casa. No importa ahora. No, a estas alturas, con mi destino sellado, ¿Qué más da?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://nohay.info/2009/001-rapina/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
