Posts Tagged ‘cuento corto’
008 E.I. Nochebuena
Written by Mr. No on Marzo 15, 2008 – 12:20 pm -E.I. hace referencia a “Escritores Invitados” e inaguro este espacio para escritores emergentes que deseen compartir sus obras cortas en el blog.
El cuento de hoy es de un amigo mio, al cual le faltan dos que tres tornillos, pero es eso lo que lo hace tan fregón.
__________________________________________________
Noche buena
Escrito por: PsyFreak
Contacto: Pastor_myers@live.com.mx
Hoy me levante un poco mas acalorado de lo normal, no se porque sea, pero al levantarme como de costumbre al baño, percibo a lo lejos en la ventana principal un ligero vistazo de lo que parece ser será un día nublado.
Lavo mi cara con abundante agua buscando refrescarme un poco después de lo acontecido anoche; nuevamente me regreso a mi cama, observo mi creación y la felicidad me invade, siento como si hubiese sido mi primera vez, pero no, lo he hecho en repetidas ocasiones, la abrazo y siento su cuerpo aun caliente como se acerca a mi, afortunadamente lo he hecho rápido y bien.
Luego voy por una taza de café a la cocina, regreso, le ofrezco una pero su silencio me indica que todo esta bien, ahí contemplando su paz siento como mi cuerpo se relaja al verla…. ahí, tendida.
Voy a mi estudio por mi diario y anoto en su presencia todos los detalles de esa noche maravillosa, teniéndola a ella como testigo para que su mirada fija en mi no me deje mentir.
Anoche fue espectacular, la fiesta de mi boda fue perfecta, tal y como la había planeado, mi familia completa, hasta los que no había conocido estaban ahí; por su parte su familia se regocijaba al vernos tan felices como siempre, debo estar soñando.
Llegamos a la habitación ella vestida toda de blanco me mira e intenta decirme que toda la vida pensó en ese momento tan especial conmigo yo simplemente me quedo callado pensando en todo lo que habremos de pasar después en esa misma noche, ella tiernamente me pide que aguarde mientras se cambia y se pone mas cómoda, yo, por mi parte hago lo propio pero noto en mi esos nervios, no traicioneros, sino nervios deliciosos por lo que habré de hacer.
Ella me invita a la ducha, yo me niego argumentando que no quiero mojarme antes de comenzar; esboza una leve sonrisa y coquetamente me presume su ropa intima satinada al compás de una canción que se escucha en el ambiente la cual ha sido cuidadosamente preparada por mi, yo únicamente puedo mirarla y contemplarla, el cuerpo es perfecto para mi, simplemente no pude haber escogido mejor.
Con el movimiento cadencioso de su caminar se acerca lentamente a mi, yo me incorporo hacia la orilla de la cama y la tomo por la cintura, me acerco a su satinado abdomen, la huelo, siento la textura del satín pegado a su piel, comienzo a reconocerla por todos lados, ella comienza a suspirar pensando en quien sabe que habré de hacerle, después lentamente la recuesto sobre la almohada y ella yace allí. Tan indefensa y vulnerable. Tan exquisita.
Cada minuto que pasa es como un paso menos hacia el paraíso, poco a poco comienzo a despojarme de la poca ropa que me queda y ella pregunta que si la amo, yo sonrío levemente y sin decir ninguna palabra asiento la cabeza.
La música de mi réquiem ha comenzado y con ella comienza mi concierto preparado y ansiado por mí hasta esa noche.
Le pido que cierre sus ojos porque tengo algo preparado para ella pero al principio se niega, yo con mis argumentos al fin la convenzo, confiada cierra sus ojos, tomo su mano derecha y la llevo hacia la esquina de la cama, donde he dispuesto unas ataduras previamente, la ato de tal manera que no pueda escapar; hago lo propio con sus piernas y al estar ahí atada de manos y piernas, me paro y observo hacia arriba donde un espejo inmenso me da la imagen mas alabada por mi, un pentagrama perfecto las cinco puntas que del mal que deliciosamente susurran a mi oído lo que tengo que hacer.
Ella inútilmente intenta zafarse pero no lo logra, pregunta que es lo que quiero hacer y yo no respondo, intempestivamente abre los ojos y con su mirada me castiga lo cual obviamente no toleraré.
Tomo una pequeña caja que había escondido debajo de la cama con anterioridad…saco de ella una pequeña navaja que brilla con los rayos tenues de luz que la golpean, ella mira con una exquisita mirada de terror como me acerco tranquilamente a sus ojos y su sudor empieza a brotar de los poros de su cuerpo perfecto.
Tomo su parpado derecho y lo abro, ella intenta hacer movimiento esquivos pero de un certero golpe de mi codo en su sien queda prácticamente inconsciente lo que me da hermosos minutos para poder abrir su parpado y milimétrica y exactamente cortar desde el cuerpo ciliar hasta el cristalino y la sensación es casi celestial, el ver como chorrea hacia mi cuerpo seco gotas de sangre caliente ella intenta gritar pero he sido cauteloso ante dicha reacción, su iris aun caliente y chorreante de sangre lo llevo hacia mi boca que lo saborea con todos sus rincones. Es simplemente delicioso; así poco a poco me dirijo al otro ojo castigador y con otro certero corte evito su mirada realmente cautivadora ahora.
Al ver el cuerpo perfecto no puedo dejar de pensar en que de niño siempre había soñado con ser doctor y haber incluso jugado a ello, pero ahora..tengo mi oportunidad, no puedo dejarla pasar, con un bisturí hago una insicion en el tórax de mi amante en forma de “Y” que me permite observar por un momento antes de que se llene de sangre, todos los órganos perfectamente dispuestos, lo cual me da una idea, que pasaría si fueran colocados de otra forma?
Juego con ellos un poco, ustedes saben, lo de siempre, es algo que un niño no puede dejar de hacer, ella comienza a dejar de respirar al paso que muevo bastantes de sus órganos y para no desperdiciar ese vital liquido la desato rompiendo con fuerza sus ataduras, llevo el cuerpo desnudo a la bañera que está llena hasta mis tobillos. Coloco cuidadosamente su cuerpo y al estar cómodo, el casi inerte el bello cuerpo me dispongo encima de ella y comienzo a copular con ese calor que solo podría emanar de su interior. Es una experiencia espectacular, me excito de ver como sus órganos se desangran. Alcanzo el orgasmo y me siento tan tranquilo, por primera vez en mucho tiempo, en paz.
Utilizando su cuerpo como un pequeño colchón me recuesto sobre ella, y me regocijo como cuando niño en ese mar de sangre mío, solo mío, nadie nada en esos mares, únicamente yo. Es un mar perfecto y puro.
Tomo un breve respiro y descanso, después simplemente el cansancio me hace su presa y en ese momento solo pienso en dormir tranquila y placidamente recordando una y otra vez mi obra maestra mientras me río satisfecho de mis actos.
Ahora se para que vivo. Vivo para morir, pero para morir al ver el rostro de mi amante. Oye amor, ¿por qué tan callada?, dime que tienes ¿Por qué tan seria? Vaya, parece que estás muerta.
Posted in Sin categoría | No Comments »
006 Rapiña (II)
Written by Mr. No on Marzo 7, 2008 – 11:42 am -
Despierto entre un fétido aroma a descomposición y sangre seca. Mis manos están atadas detrás de mi espalda. Trato de ajustar mis pupilas a la poca luz existente, solo para descubrir cuerpos de animales que supongo son ovejas o algo parecido; en verdad no creo que tenga tiempo de pensar en eso, debo tratar de levantarme y buscar una forma de salir de— unh!
El dolor impide moverme, tengo una especie de varilla atravesada a la altura de mi hígado, no la había notado hasta que comencé a moverme. Siento un escalofrío recorriendo todo mi cuerpo, estoy inmovilizado. Grito con todas mis fuerzas, pido ayuda, clemencia. La única respuesta me la doy yo mismo, enjugando lágrimas en un llanto mudo. El dolor y el pánico me hacen su presa mientras que los gases de los animales en putrefacción comienzan a afectar. Me siento mareado, aunque a estas alturas no se si sea debido a los gases o al dolor. Escucho pasos y risas que sé que estan cerca pero se sienten tan lejanas. Trato de enfocar la vista y ver a mis asaltantes, aunque ya sepa quienes son.
Comienzan a arrastrarme hacia lo que parece ser una fogata. Creo que estoy más allá de los límites humanos del dolor, pues ya no lo siento. Ahora la luz hace daño en mis ojos, pero por lo menos puedo ver de nuevo, me horrorizo viendo mi propio cuerpo desnudo, golpeado, con cortadas y gusanos y demás parásitos en mis heridas abiertas; el aire aquí es un poco más limpio, el mareo comienza a pasar, pero el dolor regresa. Grito de nuevo y esta vez recibo una patada cerca de donde se encuentra la varilla que me hace escupir sangre. Ya no tengo fuerzas para siquiera poder gritar, trato pero solo se escapan jadeos. Mientras el dolor recorre mi sistema nervioso una y otra vez me doy cuenta de algo: hay otra persona en este lugar además de mis hijas.
No puedo verla bien, trato de enfocar mis ojos pero no lo logro, el dolor ha ennegrecido mi vista, así de escucharlo que vocifera. ¿Balbuceos? ¿Otro idioma? No. Simplemente no puedo escuchar tampoco ya.
Me levantan entre los 3, pero el dolor me dobla y caigo de nuevo golpeándome la cara. Creo que me rompí la nariz, pues siento algo tibio escurriendo por ella. Me levantan de nuevo y esta vez me agarran y me fuerzan a caminar. No puedo. Creo que una parte de mí ya esta muerta, pero el resto de mi cuerpo se niega a rendirse o aceptarlo. Creo que estoy recostado en una piedra, amarrando mis piernas y manos, estirándolas tanto que pienso que las arrancarán de mi. Ya no grito, ni siquiera jadeo, ya no puedo más. De pronto, comienza a haber más luz. Me doy cuenta que estamos a la intemperie, la luz es el sol. Está amaneciendo y eso de alguna forma me permite ver mucho mejor. Mi visión es clara ahora volteo a donde me lo permite mi posición y veo a una de mis niñas, trato de decir algo y solo escupo sangre. ¡No tengo mi lengua! ¿En qué momento pasó eso? siento ahogarme con la sangre que hay dentro de mi boca. Ella se da cuenta que vuelvo a ver y corre por los demás.
- ¡Ya despertó el hijo de puta!
Genial, puedo escuchar y ver de nuevo, pero ya no puedo hablar. Los veo venir, mis dos hijas y un desconocido encapuchado, el cuál comienza a hablar y hace que por un momento la sangre que siento en todo mi cuerpo se sienta helada.
-Que bien que puedes ver de nuevo y por lo visto entender también.
Lloro y doy gritos guturales entre espasmos que me provoca el ahogarme con mi propia sangre.
- Queríamos que nos vieras a las tres por una última vez. Vamos niñas, hagan que su padre se vaya con una grata imagen suya.
Se desvisten ante mí, como tantas veces hice que lo hicieran, pero ahora no me excita, me da asco. Asco al verlas allí paradas con sus cuerpos casi perfectos con mordidas, golpes, cicatrices y marcas que yo les hacía. Me da asco, me doy asco. Las convertí en el monstruo que soy. Lloró por última vez mientras se arrodillan cerca de mí y me susurran al oído: “gracias por cuidarnos cada noche papi, esperamos que te guste vernos por última vez”.
Siento sus dedos suaves y delgados se incrustan en mis cuencas oculares. de un momento a otro ya no veo nada. Las gemelas me han arrancado mis ojos. No dolió como hubiese pensado que lo haría, o tal vez mi cerebro ya no procese el dolor.
- Es hora de irnos niñas, lo demás lo deben terminar las aves de rapiña.
Era Rita, mi cuñada, me imagino que las niñas le contaron lo que sucedió con Esther, o quizás alguna carta que haya dejado mi esposa; tal vez fue rita misma que encontró los vídeos en mi casa. No importa ahora. No, ya nada importa.
Fin
Tags: cuento corto, OhnoesPosted in Sin categoría | 2 Comments »
005 Rapiña (I)
Written by Mr. No on Marzo 4, 2008 – 2:51 pm -5 horas… 5 horas han pasado y se me han hecho una eternidad.
No me queda agua, y sigo sin poder ver algún signo de civilización o algo parecido. Esto me gano por querer complacer a mis hijas. “¡Llévanos a la Isla papá!”; dios, por que no tuve unas niñas normales. Bien decía mi padre, “no te cases con esa mujer, esta loca”, pero yo era muy joven, ingenuo y estúpido, simplemente me interesaba remojar la brocha, ¿me entienden?, y, cuando quedó embarazada de nuestras gemelas, lo aproveché como una oportunidad de oro para escapar de casa.
Ahora que lo pienso, nunca quise en realidad a Esther, ni cuando nos casamos, mucho menos cuando murió. Mas que dolor, un sentimiento de liberación corría por mi alma. Creo que extraño más a su hermana, Rita. ¡Qué buena estaba!, lástima que desde que murió Esther, ya no viene de visita a la casa. De hecho nadie nos visita ya. Todo mundo habla pestes de mis niñas, creo que no las conocen tan bien como yo, bueno en realidad nadie las conocerá <em>tan bien</em> como yo hasta dentro de unos años. Nadie más puede saber lo tersos que son sus muslos, lo bien torneadas que están sus piernas para tener apenas 16 años.
Nadie conoce nuestras “noches familiares”, esas que Esther tanto odiaba. Nunca le gustó que las niñas la encadenaran; nunca aprendió a disfrutar el placer del dolor. Pobre Esther, ¿quién iba a pensar que las niñas la odiaran tanto? Creo que a ellas no les gustaba compartir mi amor con su madre. No las culpo, ella siempre fue la aburrida. Siempre se quejaba. Si no se hubiese quejado tanto toda la vida, no hubiera sido necesario que le hubiésemos puesto la mascara con cierres. No hubiera tenido que haber muerto sofocada mientras las gemelas ponían pinzas en todo el cuerpo de su madre.
Pero bien, estoy divagando, no tiene caso recordar todas estas cosas ahora. Tengo que enfocarme en salir de este lugar. Malditas gemelas. Me van a pagar esta. Primero las colgaré de las cadenas del techo y dejaré caer cera caliente sobre sus pechos. ¡No! No puedo hacer eso, a ellas les encanta. Es tan difícil buscar un castigo para esas dos. Ya se me ocurrirá algo con el tiempo.
¿Cuanto tiempo ha pasado ya? Comienza a oscurecer y no se ve nada que pueda servirme de ayu- ¿qué es eso? Unas antorchas?
-¿Hola? ¿Alguien me escucha? ¡Necesito ayuda, estoy extraviado!
-Si papá, te escuchamos. Pero no creemos que te vayamos a ser de mucha ayuda, sino todo lo contrario.
Tags: cuento corto, OhnoesPosted in Sin categoría | 1 Comment »