038. Carta a uno más que no era el indicado
25 Oct
Carta a uno más que no era el indicado.
30/09/2009
Hola, tantos años ya, ¿no lo crees? Y quién lo diría, no te has dignado ni a voltearme a ver, ni un hola desganado me has devuelto si en la calle nos topamos. No creas que no me dé cuenta de tu fingido cambio de rumbo cuando me encuentras cerca y me miras de reojo.
Vaya descaro. Que poco hombre.
Y es que no encuentro el porqué de tu vergüenza a entablar una pequeña conversación, casual, amena con la mujer con la que estuviste tiempo atrás. ¿A qué le temes? A que te eché en cara tus errores? O tal vez a que te recrimine por haberme engañado dos, tres y cuatro veces (quizá unas 10 más). Tal vez te tiemblan las extremidades inferiores, recordando tus promesas incumplidas, tu castillo construido con mentiras. Tu falso amor de profeta que me vendiste cual raquítico vendedor de puerta en puerta que ofrece una enciclopedia. Esa que una compra por saber unas cosas y acaba llevando un montón más que para nada le interesa y que termina deseando no haberse hecho de ellas jamás.
No me temas. Ni a mí ni a tu pasado conmigo. Soy lo suficientemente madura e inteligente como para decirte lo siguiente:
No eres el primero ni el único que ha hecho esto, no a mí solamente, me refiero a todos, históricamente. No tengas miedo a decirme hola, que no se te acelere el pulso cuando me veas entrar al café donde te encuentras degustando con tu nueva conquista, la del día o la del mes. No pienso atacarte, criticarte o crear una escena irrisoria digna de una obra de teatro de quinta, de dama de burdel.
No querido, yo no nací ayer. Quiero que sepas que desde que te conocí lo sabía, no eres el indicado para una mujer. Eres de esos que hacen por montones, con patrones en serie. Para conseguir a alguien como tú solo requiero salir a la calle, denotando alegría y quizá con un atrevido escote.
Ahora, ¿podemos ser adultos y comportarnos a la altura? Es decir, ya no somos aquellos muchachos que se conocieron en la facultad, ya no tomamos en fiestas y borracheras, ahora somos parte importante de la sociedad.
Deja de ocultarte y muestra con orgullo y no con desdén que alguna vez decidí compartir mi tiempo contigo, caminar con tu brazo por sostén. Presúmeme al mundo que por unos días tuviste algo que no podrías –aunque lo deseases- por siempre conservar.
Me despido, cariño, esperando respuesta a esta carta, mi estimado y buen amigo, que no fuiste –ni podrás ser- EL elegido.

Se ha dicho