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77. Boeing siete tres siete

20 Jun

Todo es tan pequeño siempre que uno viaja en avión (máxime si vas acompañado de algo de whisky en la mano), desde los asientos hasta las porciones de alimentos, pero no me refiero a eso.

Verán, lo que me pongo a pensar es en lo minúsculas que son las ciudades –incluso grandes metrópolis como el Distrito Federal, Miami, Nueva York y en fin. Se pueden observar todas desde arriba, con sus miles de defectos en diseño, con sus grandes aciertos y demás.

Volar es de las cosas más contradictorias que existen –desde mi punto de vista- en este mundo. Estás por un tiempo, horas, a veces incluso días, en el aire, por encima de la gran mayoría de la humanidad –exceptuando a los que por razones diversas se encuentran en el espacio- y eso, da cierto sentimiento de importancia y poder. Pero después de ese inicial jalón de alegría, pump de ego y el feeling de ser más que el –no sé- 90% de los seres humanos por un momento, caigo en cuenta de algo.

Qué. Pinches. Insignificantes. Somos.

Y es que, carajo, ves las ciudades como nada en el suelo, perdidas entre un suelo territorial, allí como si las hubiesen pintado nada más. Algunas veces se ven edificaciones grandes e importantes desde esta altura –en este momento a 32,000 pies sobre el nivel del mar-, y pues bien, no hay nadie, NADIE, por muy importante que sea, aunque tenga el dinero del mundo, la fama o lo que ustedes consideren que sea de valor para respetar/odiar/envidiar a una persona, que se vea desde esta altura. Muy en el fondo de todo somos nada más y nada menos que poco menos que un punto en este mundo –que a su vez, visto con la suficiente perspectiva, es igual de ínfimo que nosotros en el universo-, vaya baño de humildad.

Pero no todo es pensar en lo insignificantes que podemos llegar a ser como personas –en lo físico-, pues esta misma noción de “no somos nada” provoca una profunda admiración. Dejen explico: hay personas que logran convertirse en gigantes, en monolitos vivientes o inmortales. Existe gente que, para mí, han dejado de ser meros humanos para convertirse en edificaciones que están presentes por donde le mires. Admiro a cientos de ellos, a unos mucho más que a otros, pero puedo mencionar a cinco de ellos que me siguen sin importar el lugar en el que esté.

Charles Bukowski, Porfirio Díaz, Frédéric Chopin, Oscar Wilde y Joan Miró.

Y bien, podría haber incluido a mis padres para terminar el cliché (además que hoy es día del padre, pero vale, a él ya le dediqué un escrito completo, el de mi madre sigue pendiente) pero preferí optar por estos cinco porque a pesar de no estar presentes en mi vida como aquellos dos que aún tengo la gracia de tenerlos, me educaron sin quererlo, sin saberlo, sin importarles siquiera saber si yo, un entero desconocido de sus vidas y existencias, había entendido un poco más de todo gracias a sus vidas, que había aprendido a disfrutar momentos de la mía propia pensando en ellos. Desde nimiedades como tirar todas mis cosas en la calle saliendo de la escuela, acostarme en la banqueta cuan largo soy y escribir allí en la acera un poema que murió después de pisadas y lluvias, cuando tenía dieciséis, hasta adorar las ciudades, las fachadas de casas viejas e inventar en mi cabeza historias miles de la gente que ha vivido allá. Desde disfrutar un vino mientras en mis adentros suena la Fantaisie Impromptue para recordarme de la primera vez que tomé vino en algún evento pomposo en Bellas Artes, recordando a mi padre diciéndome “dale un sorbo, uno nada más” cuando yo no tenía más de 10. Me han enseñado a inventar personajes, a crearlos en mi mente a inventarles historias, hasta vestuarios, lugares donde viven, hasta llegar a pensar qué es lo que comen, a inventarlos con personalidades tan multifacéticas, que cuando mis habilidades de pseudo escritor quieren plasmarlos en letras, siempre se quedan cortísimos en relación a como están en mi cabeza. Por último, me han enseñado que los colores de las cosas no se ven, se sienten. Que, a pesar que el mundo entero te diga que el cielo y el mar deben ser azules, TÚ tienes todo el derecho y privilegio de pintarlos en el color que tu quieras. Son tus ojos, son tus sentimientos, son tu forma de ver la vida como a ti se te antoje. No hay razón para ser uno más de este mundo, no hay razón para ser solamente un punto ínfimo que nunca se notará desde todas las alturas. Es lo maravilloso del ser humano. Uno puede ser tan mortal como cualquiera y morir mañana. Pero sus palabras, hechos, legado y acciones, eso le sobrevivirá por tiempo indeterminado. Leyenda local, regional, nacional o mundial. No hay nada que te impida escalar hasta allá.

Dejad las turbulencias, abrid vuestras alas, venid conmigo, destruiremos el mundo juntos, viviremos la vida a la par.

76. Hardcore

17 Jun

La alfombra cubre el piso de madera de la cabaña que nos oculta en medio del bosque. Un camino que nadie sabe, que no sé siquiera como encontramos.

Quiero verlas bailar. Expuestas a mi lujuria. Exaltadas en los montes de mis sonrisas. Quiero verlas besándose, tranquilas, pérdidas en los labios de una, de la otra. Quiero verlas gateando por esa alfombra de piel de algún felino. Raudas. Lascivas. Hambrientas de mi lengua. Quiero tenerlas a ambas, quiero beberlas.

La luz del sol se esfuma al mismo tiempo que se enciende nuestra llama. Velas, quinqués y la chimenea de fondo. Chopin suena como un piano fantasma. Nos enerva. Nos envenena. Nos hipnotiza y nos hace sisear palabras al oído. Yo a ti, el mar que te has vuelto bajo mis dedos, a ella. Tres somos hoy, comeremos filetes de deseos, chuletas de besos, ensalada de caricias y vino de sus senos. Nos encontraremos en un valle de lamentos, de respiraciones y movimientos. Nos escalaremos usando solo nuestros dedos.

Desnúdate ahora mientras los dos te vemos, mientras nos tocamos deseando tenerte entre nuestros cuerpos. Deja el abrigo. Muestra el liguero. Rompe nuestras miradas mientras tus botas se clavan en mi pecho. Despójate de ese sostén de encaje rosa, mientras muerdes la lengua de mi esposa. Revuélcate en el piso. Contorsiónate, abre tus piernas, demuéstranos lo puta que puedes llegar a ser. Siénteme penetrar tu boca. Siente como te coge la boca de Daniela. Como nos sincronizamos para entrar y salir de vos. Vente al ritmo de playground love.

Mojada. Sudada. Enteramente nuestra. Lasciva. Perdida. Sucia. Esclava nuestra para nuestros deseos. Camina a gatas. Lentamente, acércate a mí, elévame con tu lengua. Rodéame con tus labios. Hazme retorcer con tus dientes, haz que termine en tus pechos. Disfruta con esa mirada indecente, mientras nos toman fotos, videos y ella continúa ardiente.

Te toca dominar. Hacer tuya a Daniela. Mastúrbate frente a ella mientras yo la amarro. Mientras tenso los nudos de las sogas de seda que rodean sus senos. Muerde sus pezones mientras ajusto las esposas de terciopelo. Ponte el strap-on y hazla tuya por detrás. Llénala sin piedad, quiero oírla gritar. Que sufra un poco y que después se pierda en el mar del placer. Que sus palabras se vuelvan inteligibles gemidos mientras se  viene una y otra vez. Deja que me acueste en el suelo y ella se monte en mí. Penetrémosla al unísono, que sea animal, que sea fiera, que regrese a lo primordial. Mírala perdida y extasiada. Babeando, gritando ya sin fuerzas, con la respiración cual toro, con el corazón al borde de un infarto. Con el culo y el coño palpitando. Terminemos con ella, dejándola tirada en el suelo. Zorra. Puta. Diva profanada. Sigue temblando. Sigue gozando. Su sonrisa no se borrara ni en tres días, durará una semana quizá un poco más.

Dejemos el resto de la noche para nosotros dos. Hagámoslo lentamente, dejemos de lado el hardcore. Vente lento, suave, como si me hicieras el amor. Que mi esposa nos acaricie mientras nos venimos los dos. Descansen, hasta mañana; gran noche, eterno esplandor.

Less is more 0

15 Jun

Para más hipster images, frases y de vez en vez musiquita sígueme en: (in) Finita Sabiduría

75. Minuet

10 Jun

Pasado mañana es el gran baile; la figura zeta, los pasos diminutos.

(Debo verme ceremonioso y grácil)

Portaré en la espalda las marcas de la indiferencia;

Sobre la cabeza la corona del dolor.

Uso mi capa roída en ausencia

Y me ajusto el cinturón impregnado de traición

Cabalgo por dos noches

Viajando por pueblos que no permiten derroches

Entrego dinero al pordiosero

Que mísero en su caminar, tiene un daño más severo

Que mi alma, que mi corazón

Que el gusto al sin sabor.

Entro a tu palacio

Iracundo

Tremebundo

No hay nadie y monto en cólera

Descargo mi enojo contra los colores secos de las paredes del ayer.

Rompo el piso del salón donde otrora tiempos engalanamos la pasión

Ventanas

Cortinas

Puertas

Todo diezmado por la furia de quien soy hoy

Y te espero sentado mientras en llamas arde todo al fondo.

Y te espero sentado, sabiendo que volverás y tus colores verdaderos se mostrarán.

Y tus sonrisas falsas caerán. Y seremos felices. Por minutos quizá, pero felices en verdad.

Y entonces, solo entonces, el Minuet sonará una vez más al compás de tres por cuatro. Con dos tiempos y cuatro apoyos

Primero

Uno, dos, tres, demi-coupé, pié derecho

Luego

Cuatro, demi-coupé, pie izquierdo

Cinco, pas élevé

Seis, pas élevé

Que son el pas de bourrée

Reverencia.

Sonrisa.

Fui tuyo.

Te veré después.

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