18. Suicidios seriales

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I.

Se sentó a la orilla del río, sacó aquella pequeña libreta y suspiró.

Lenta.

Lánguida.

Se puso a recordar el por qué había escogido ese lugar y escribió unas escuetas letras…

“hay gente que se empeña en ser el todo de alguien. Hay otras tantas que no quieren ser nada de nadie. Y estoy yo, que teniendo todo de ti y aun así, amanezco a diario sin que nadie me importe”.

Cerró su libreta, se puso en pie y quitándose el vestido azul de círculos blancos, comenzó a caminar adentrándose en el río, hasta que el agua le llegó al cuello. Se zambulló y tomó de sus tobillos dejando salir lentamente todo el aire que quedaba en sus pulmones.

No había prisa por morir, ya había pasado veintitres años esperando, unos segundos más no iban a afectar. El agua comenzó a llenar sus pulmones y en ese momento, entre horcajadas y con el último resquicio de conciencia, sonrió, sincera.

 

II.

-Me parece que habrá buen clima hoy, deberíamos aprovechar y usar ese viaje en globo que nos regalaron tus padres.

Mónica asintió. Estaba afónica, la noche anterior había ido al concierto de Foo Fighters. Ella y Toño habían sido pareja de manera tan intermitente, que decidieron ser roomies primero, amigos después y novios cuando no encuentren algo mejor. “Somos novios entre novios. Lo hacemos para no pasar temporadas sin tener la compañía de alguien” respondían cuando alguien (amigos, parientes, compañeros, vecinos) les preguntaban qué es lo que eran ellos.

Salieron con una pequeña mochila con una muda de ropa solamente. Pasaron una mañana increíble, viendo el valle de México desde lo alto. Bebieron mimosas acompañados de la vista. Ya de vuelta a casa, Mónica llamó a sus padres agradeciendo el regalo. Toño intentó hablar con su hermano para contarle la experiencia, pero este nunca contestó, aunque de todas formas le dejó un mensaje de voz:

Cabrón, contesta. En fin, acabo de viajar en globo junto con Mónica. Oye… no, nada. Cuida a la abuela.

Eran las 4 de la tarde, en la tele estaba terminando The Wicker Man. Al comenzar los créditos, coincidió con la puñalada número 35 que Toño le daba amorosamente a Mónica, la cual tenía la mirada fija, llena de cariño viendo a Toño. Al llegar a la número cuarenta, llevo cargando a la cama, se acostó junto a ella, tomando su mano. Cerró los ojos, murmuró un “te amo” que ella ya no escucharía, procedió a cortarse la yugular y desangrar al lado de la única persona que pudo comprender su vacío.

 

III.

28 de febrero, retrasaron la quincena de nueva cuenta “la pagaremos en 4 días, no hemos recibido los cheques liberados”.

Sudor frío y desesperación.

Hoy se cumple el plazo, lo malo de deberle dinero a las personas equivocadas, es que terminan cobrándoles a quienes menos culpa tienen.

Lo único bueno de trabajar en la administración pública, es que siempre tendremos una ventana abierta en algún piso alto, siempre es más fácil huir de las responsabilidades.

 

IV.

Nunca pensé en terminar mi vida con una pistola. Bueno pues, con ninguna arma de fuego.

Se me hacía tan poco elegante, algo alejado de todo glamour…

Pero bien, seamos sinceros, mi vida no ha sido ni elegante y mucho menos glamourosa. He hecho todo lo que quería, sin que esto sirviera de nada. Tres esposas, ocho hijos, cuatro taquerías con más de treinta empleados. Al menos ninguno de ellos se podrá quejar que los dejo con las manos vacías.

Me gustaría saber qué pensarán cuando me encuentren con un hueco en la sien. Seguro imaginarán mil cosas. La respuesta, como vida, siempre será la más sencilla: me aburrió la vida.

Lo único que me mantiene con curiosidad ¿qué será lo último que veré, lo último que escucharé? click o bang.

Ya no lo supo, pues cerró fuertemente los ojos y al jalar el gatillo, por la cercanía, viajó más rápido la muerte que el sonido.

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20. sin embargo

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Un cardumen de emociones y estímulos van de extremo a extremo de nuestro ser, cambiándonos con cada micra que recorren sin remanso.

Nos extraen de una realidad para colocarnos en el lindero de nuestras ilusiones, lo que somos contra lo que queremos ser, lo que tenemos contra lo que anhelamos, lo que vivimos contra lo que nos dejamos. Somos el límite fronterizo de lo que no que deseamos y del país del siempre no.

Sin embargo, nos gustan las ilusiones, desde niños, asombrados con el qué, cómo y por qué de la magia, el encanto, las ilusiones, el cine y el teatro. Nacimos para ser engañados porque queremos, porque lo disfrutamos. Nacimos para mentirnos, para mentir, para ser parte de una mentira ya sea con conocimiento o bien, sin este. La vida y lo concebido (y aceptado) por la sociedad nos dice que eso está bien y que así ha sido, así habrá de ser. No veo una razón para contradecir este tipo de comportamiento y bien aunque podría encontrar una o cien, a fin de cuentas, sería un engaño más.

Y es que ¿para que cambiar lo que nos hace sentir tan bien? No podemos ser para dejar de estar y, si algo he aprendido en estos años de vida, es que el ser va en decremento, cuando aprendes a estar en el lugar correcto, con la persona correcta y en la ilusión adecuada. Salve toda distancia con la perfección, lo que debemos encontrar es ese pequeño gran teatro en el que solo tengamos que actuar por una grande y magnífica ocasión.

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