Pavor y sobresalto con expectoración.

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Dolores, con mansedumbre suplicaba. Sufría y su progenitor la compelía (de ella obtenía una considerable ganancia).

Pobre Dolores, pobre de ella y su giba.

Su madre era pelandusca, pérfida y con el corazón ennegrecido. Su hermano vivía en la verbena. Era un afeminado con un amante pasado en peso.

¡Pavor!, ¡sobresalto con expectoración! Uno, dos, tres. ¡Puntapié y coceadura!

Esa jornada acontecía en calma. De pronto, su padre la agredió raudamente. La mancilló con afán vesánico y Dolores imploró a los cielos que su vida se extinguiese en ese preciso momento.

En un momento atrapada por el instinto, Dolores asesinó a su padre mientras estaba siendo por el perseguida (ignorando ambos, que en ese mismo tiempo, pero distinto lugar, su madre y su hermano mantenían relaciones carnales).

Dolores pensó que no obtendría ayuda alguna, hasta que, de la nada, encontró un gendarme. Llorando, los acontecimientos recientes al policía le relató. Este, con una sonrisa apacible en el rostro la miró y… oh, Dios mío, no creerán lo que sucedió.

La acorraló.
La embistió.
La atizó.
La deshonró.
La mató… con un revolver.

Pavor y sobresalto con expectoración.

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19. Camposanto

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Y si empezamos
y si no acabamos
y si pintamos unas nubes que se quedan a la mitad
y si nos perdemos
y si nos fuimos para no volver
y si no sabemos lo que hacemos
y si no sabemos porque lo hacemos
y si a pesar de todo sabemos lo que sabemos
y si sabiendo todo, hacemos lo que no hacemos mientras lo hacemos
y si somos un par de bobos
y si somos un par de prodigios
y si somos todo
y si somos nada
y si somos la tormenta que el temor acotará
y si somos un tiempo que no debe
y si somos un debe que no tiene tiempo
y si debemos un tiempo que acontece mientras somos
y si tenemos tantas variables y dudas postergables y planteamientos impostergables
y si las matamos a todas y desaparecemos a todos
y si en nuestro terreno de anhelos, enterramos todas las dudas y sembramos los planteamientos
y si hacemos con estos un camposanto de virtudes
y si hacemos con estos un camposanto de verdades
y si hacemos con este camposanto los cimientos de un castillo de papel
y si hacemos con ese castillo de papel una casa de equidad
y si hacemos con esa casa de equidad una villa de amor
y si hacemos de esa villa de amor un vida juntos
y si hacemos de esa vida juntos todo lo que deseamos hasta morir
y si al morir nos entierran con los recuerdos de nuestra vida, que es una villa de amor, que es una casa de equidad, que es un castillo de papel, que es un camposanto de verdades, que es un camposanto de virtudes, que es un terreno de anhelos donde están nuestras primeras dudas y olvidados planteamientos, estaremos donde estuvimos al principio, donde somos parte de todo y parte de nada, pero donde y sobre todo, somos, por siempre, lo somos. En ese entonces, en ese ahora, en ese loop que somos.
y sí, seremos.

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20. sin embargo

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Un cardumen de emociones y estímulos van de extremo a extremo de nuestro ser, cambiándonos con cada micra que recorren sin remanso.

Nos extraen de una realidad para colocarnos en el lindero de nuestras ilusiones, lo que somos contra lo que queremos ser, lo que tenemos contra lo que anhelamos, lo que vivimos contra lo que nos dejamos. Somos el límite fronterizo de lo que no que deseamos y del país del siempre no.

Sin embargo, nos gustan las ilusiones, desde niños, asombrados con el qué, cómo y por qué de la magia, el encanto, las ilusiones, el cine y el teatro. Nacimos para ser engañados porque queremos, porque lo disfrutamos. Nacimos para mentirnos, para mentir, para ser parte de una mentira ya sea con conocimiento o bien, sin este. La vida y lo concebido (y aceptado) por la sociedad nos dice que eso está bien y que así ha sido, así habrá de ser. No veo una razón para contradecir este tipo de comportamiento y bien aunque podría encontrar una o cien, a fin de cuentas, sería un engaño más.

Y es que ¿para que cambiar lo que nos hace sentir tan bien? No podemos ser para dejar de estar y, si algo he aprendido en estos años de vida, es que el ser va en decremento, cuando aprendes a estar en el lugar correcto, con la persona correcta y en la ilusión adecuada. Salve toda distancia con la perfección, lo que debemos encontrar es ese pequeño gran teatro en el que solo tengamos que actuar por una grande y magnífica ocasión.

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León Benavente: el centro de un estado

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(por Nacho Vegas)

 

Antecedentes históricos

En el año 1962, más o menos cuando la nieve se empezaba a derretir en algunas cumbres y la primavera se instalaba, Francisco Franco tomó una decisión que él consideraba de capital importancia y a la que venía dando vueltas desde hacía tiempo: quiso descubrir cuál era el centro exacto de la península ibérica. Tenía que saber dónde se situaba el mismo centro geográfico de España (Portugal, como si no existiera), no podía dormir por las noches sin averiguarlo. Siglos atrás, los musulmanes ya habían hecho sus cálculos y habían señalado un punto en la que más tarde sería la villa cristiana de Pinto, al sur de Madrid. Pero Don Francisco no se fiaba de los moros, que debían saber mucho de rezos y de hablar raro pero lo que es de aritmética geográfica, poco, así que dio un golpe sobre la mesa. Mandó llamar a El Pardo a los mejores matemáticos e ingenieros de caminos de todo el mundo, que casualmente fueron todos españoles, y les encomendó la tarea. Tras trece meses de trabajo a destajo, de complicadas mediciones, los expertos llegaron a una conclusión: los moros se habían equivocado, pero por muy poco: el centro de España estaba en realidad en la localidad de Valdemoro, a unos siete kilómetros de Pinto. Enseguida comenzó la disputa entre los dos municipios por ver cuál de los dos ostentaba el título, y hubo vecinos que sacaron la escopeta y se dispusieron a defender su honor a tiros. Franco pensó que el asunto se le estaba yendo de las manos, y fue entonces cuando pronunció una de sus frases más célebres. Con su voz afluatada dijo: “ni pa ti ni pa mí”, y se fue a un punto equidistante de los dos pueblos, en Getafe. Allí, en un cerro, plantó un monumento y en un acto oficial declaró el lugar “Centro Auténtico de España”. Cuando le preguntaban si ese era el punto geográfico exacto él se limitaba a decir: “bueno, es por aquí, no hurgues”. Con todo, la disputa entre Pinto y Valdemoro dio lugar a una de las expresiones más populares del refranero español. Y para Franco la cosa se había convertido en una cuestión de orgullo personal, más que de orgullo patrio. Algunos historiadores sostienen si el Generalísimo se afanó tanto en reprimir los nacionalismos periféricos no fue por motivaciones políticas, sino porque una eventual independencia de Cataluña le iba a joder el centro geográfico y hala, vuelta a empezar con los cálculos. Y eso no podía ser.

El origen

Ha transcurrido nada menos que medio siglo y las cosas empiezan a cambiar, o eso parece. El régimen fascista fue agonizando sin ninguna prisa, para dar paso a una simpática transición que nos llevaría a un nuevo régimen neoliberal y aquí nos encontramos, tan a gusto y pensando si prenderle fuego a todo o si hacer nosotros de antorchas humanas. Pero esto de lo que vengo a hablar es algo que sucede ahora y no podría haber sucedido antes. Todo empezó así:

Justo 50 años después de que Franco se pusiera tonto, en marzo de 2012, a Luis Rodríguez le dejó tirado el coche cuando bajaba a Madrid desde Asturias. Era la enésima vez que hacía ese recorrido desde que se trasladara de Oviedo a la capital, un camino que los que vivimos por aquí arriba nos conocemos demasiado bien: subir y bajar el Huerna, la Ruta de la Plata, la Carretera de La Coruña. En mitad de aquello se quedó Luis, parado en la autovía dentro un Opel Corsa con más 300.000 kilómetros a sus espaldas y cargado con un bajo, un amplificador y una maleta de viaje.En el tramo que une León con Benavente, que es como decir en medio de ninguna parte, porque si miras a uno y otro lado del asfalto lo que ves es un páramo enorme. Mientras esperaba a que llegara la grúa, Luis llamó aAbraham Boba, vecino suyo en el madrileño barrio de Conde Duque. Hacía apenas un año que Abraham había publicado su álbum Los días desierto. Luis le habló de escribir canciones juntos. Boba refunfuñó primero, se rió entre dientes después y le dijo: “pero nada de canciones de amor, ya no más”. Quedaron en verse en cuanto Luis llegara. Por aquel entonces César Verdú estaba en Murcia peleándose con las mezclas finales deAlquimística, el disco de Schwarz que vería la luz unos meses más tarde. Fue el segundo en recibir la llamada desde la nada. César sería el baterista, pero también algo más: un director de sonido. Y Luis dejó para el final a Edu Baos, que se encontraba ensayando en Zaragoza algunos temas que formarían parte de El amor y las mayorías, el álbum deTachenko que acaba de salir a la venta hace unos días en el momento en el que se redactan estas líneas. Aunque tendría el año ocupado con ese disco, todos sabían que más que contingente, Edu era necesario para el proyecto y enseguida se unió a la banda. Un alleranu, un vigués, un murciano y un maño. Suena a chiste pero es cosa seria. Todos nacidos a mediados de los setenta, trovadores y nómadas, dándose cita en medio de ninguna parte. Venían de sitios distintos y cada uno había transitado sus propios caminos por el krautrock, el pop psicodélico, el rock de autor o el folk, pero tenían que acabar confluyendo en un punto aún por definir. Aunque nadie lo sabía, en ese momento se estaba desplazando el centro de la península, o mejor dicho, se estaba gestando un nuevo estado, que era él mismo todo centro y todo periferia: León Benavente.

El viaje

Empezar hablando de cruces de caminos y puntos de encuentro para tratar de decir algo del disco de debut de León Benavente no es un capricho. Si me viera obligado a ponerle una etiqueta universal a esta estupenda colección de canciones sería la de road pop, porque adentrarse en ella supone un viaje físico y emocional, por carreteras y caminos secundarios, lugares y estados mentales de confusión, rabia, desconcierto e incertidumbre. No se encuentran aquí canciones que nos hablen del salón de casa o de la angustia que nos provocan las paredes de nuestra habitación. Es un disco que mira mucho más allá, al mundo de ahí fuera, y se aventura a recorrerlo dando cuenta de todos los riesgos que conlleva el viaje. Puede escucharse cómodamente desde el sofá, pero mejor hacerlo mirando por la ventana, y mucho mejor estando fuera y en movimiento: una magnífica mixtape monográfica para un viaje por carretera, o por la naturaleza si se quiere, pero en todo caso un viaje que tiene algo de frenético. Desde Perpignan a Nueva York, pasando por el barrio del Cabanyal o el parque de El Retiro, hasta una quincena de lugares concretos son mencionados de una u otra forma en el álbum, sin contar con los referidos en el propio nombre de la banda. Nos ponemos en marcha. El motor de este vehículo suena engrasado y escupe ecos de Can y Stereolab: una base rítimica formada por bajos, sintes, baterías y percusiones que nos transportan de un extremo a otro del disco con cambios de marcha que parecen calculados matemáticamente. Las guitarras de Luis oscilan entre los riffs pegados al suelo que en ocasiones remiten a unos Gang of four y los arpegios ensoñadores que nos despegan varios metros por encima del asfalto y se acercan al más reciente dream pop. Abraham lo envuelve y desenvuelve todo con el Farfisa mientras nos lo cuenta, y lo cuenta mejor que nadie.

El trayecto comienza con una constatación de riesgos. Desde las primeras notas parecen decirnos que van a romper con todo lo que se daba por supuesto, a sabiendas de los lastres con los que parten. “Ánimo, valiente”es un grito de aliento que es casi una chufla, porque si no empezamos así acabaremos igual que al principio. Tú que sabes lo que fueron los 80, / te mereces todo lo que pase. Avisados quedamos. Enorme canción. El discurso sonoro se vuelve más furioso a medida que los peligros se van haciendo más palpables. Se oyen cantos de hienas y surgen las primeras dudas, que quedan ventiladas con un estribillo directo al estómago. Las cuestiones se van sucediendo una tras otra en el disco, y aunque a veces cada canción parece contestar a aquella que la precede, estamos ante un álbum más de preguntas que de respuestas, y si en algún momento sucumben a la nostalgia de algo anterior al viaje queda claro que se trata solo de un lugar de paso. Las canciones más aparentemente amables del disco nos llevan de una suerte de saudade (“Estado provisional”) a un agrio desencanto en la distópica “Las ruinas”, pero estas dos paradas en el camino quedan sublimadas cuando se enmarcan dentro del viaje completo. Es uno de esos discos raros hoy en día, mucho más frecuentes hace unas décadas, en los que merece la pena hacer una escucha ininterrumpida de principio a fin. El modo de escucha aleatorio es pecado si uno se quiere adentrar en este periplo. Y hasta ahora no hemos llegado más que a la mitad del recorrido. Ahora viene lo duro. Cuestionarlo todo mientras se pasa por todo parece ser la máxima de León Benavente, y eso es lo que hacen en el ecuador del disco con un trallazo inapelable como “La palabra”, donde se enfrentan a los límites del sonido y del lenguaje para decidir que antes de encarar de nuevo el amor, vamos a preguntarnos de qué hablamos cuando hablamos de esa cosa y de todas las demás cosas que hasta ahora parecían sagradas. El golpe de estado ya está dado; ahora vamos a pensar en un nuevo orden. La furia desatada da paso a la más reflexiva “Década”, porque algo tiene que cambiar o si no se irá todo a la mierda. Preludio inquietante del que es uno de los momentos álgidos del disco, en el que se sube al carro Irantzu Valencia como autoestopista de lujo. “La gran desilusión” ahonda en el tema del desencanto y lo transforma en una pieza de orfebrería pop que nos deja con una sonrisa marcada a fuego en la cara, una que es en parte dulce y en parte amarga. Y aunque nos quedamos embelesados, la recta final del viaje nos depara un momento épico, un duelo a pleno sol como en una película del oeste pero en esta particular película de carretera. La montaña rusa sónica de León Benavente nos lleva del desasosiego a la revuelta pasando por la indignación, o cómo a través de las emociones vividas, la imaginación y la evocación sonora, el rock puede plantarle cara al mundo real. En este disco todos se mueven, pero nadie huye. En “El Rey Ricardo” “Revolución”nuestras navajas de Albacete se enfrentan a su espada de Toledo, y después de la brutalidad nos queda una sensación de victoria. Si echamos la vista atrás nos damos cuenta de que todo ha sucedido a través de nueve grandes canciones, una por una. Pero esperen, que aún queda la secuencia final. En “Ser brigada” recogen a otra autoestopista ilustre,Cristina Martínez, y cierran el álbum con un viaje dentro del viaje, una historia de amor y violencia (ahora sí) para la que no hay “y fueron felices y comieron perdices” que valga, sino esta bomba: Y vieron que incluso las flores tienen su parte decadente, / que se pudra este ramo de rosas pero no antes que usted, señor presidente. Epílogo tremendo para un paseo salvaje y precioso de apenas cuarenta minutos. Los cuarenta minutos más intensos que el que esto suscribe ha tenido en mucho tiempo.

El destino

¿Para qué volver? Para qué, dicen, si hemos llegado hasta aquí. Lo que nadie sabe aún es dónde van a ir a parar, pero sospecho que muy lejos. Si algo me parece innegable escuchando a León Benavente es que este no es un mero encuentro casual en algún punto situado entre Mozota y Moreda de Aller. León Benavente no es El Pisuerga que pasa por Valladolid, no es creíble que el estado de gracia que desprenden estas canciones sea cosa de coyunturas. En la música pop tenemos la fea costumbre de llamar a las nuevas aventuras “proyectos”, o aún peor, “proyectos paralelos”, como si siempre fueran cosas que están por hacer o que acontecen en una dimensión secundaria. El álbum de debut de León Benavente es una realidad urgente, y apuesto a que se seguirá hablando de él dentro de algunos años. Tal vez incluso dentro de medio siglo, cuando se cumpla otro ciclo y alguien decida volver a desplazar el centro de la península ibérica.

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Palpable / Nos vamos a la madrugada.

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Update: los mixtapes tuvieron que ser resubido, because mediafire.

Tenía rato de no armar un mixtape, así que les traigo dos, por el mismo precio de uno.

El primero se llama Palpable. Es el único de los dos que tiene una lista de tracks que está puesta de tal forma para que sea escuchada así. El segundo se llama Nos vamos a la madrugada. Ese no tiene orden alguno, así que está hecho para tenerlo en shuffle y escucharlo al salir de casa, tomar el coche y que el amanecer te atrape.

Para descargar, denle click sobre la respectiva imagen.

palpabletracks

 

nosvamostracks

 

Sale, bai.

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21. Aun era martes.

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Cortar, desollar, guardar. Así, comenzaba todo, todos los días de febrero. Ni siquiera recordaba si había dormido en estas dos semanas. No podía darse ese lujo, al menos no hasta el jueves. Se avecinaba una tormenta y aun quedaba mucho por hacer. Hace dieciséis días había secuestrado ese camión escolar, no tenía planeado que estuviese lleno de niños, no, a esa hora no debía de haber nadie salvo el conductor que no sería extrañado. Pero no había marcha atrás y tuvo que improvisar. Desde ese día, todo se convirtió en cortar, desollar y guardar. Hoy, a tres días de la tormenta perfecta aun no termina de cortar. En el camión había 44 asientos ocupados, apenas van 35 y faltan 9 ocupantes más que desollar. Ya viene el jueves, viene la tormenta y ya no habrá tiempo de guardar. Pero aun hay esperanza, aun era martes, ya habrá mejores momentos para alcanzar la posteridad, se dijo a si mismo el viejo san Nicolás.

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No éramos cocodrilos

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Ni paños o entrepaños. No éramos historias que se cuentan de fácil manera. Vaya,  no éramos nada,  aunque –y sin embargo– nos entendimos del todo.

Salimos un día, voraces pero cautelosos. Permisivos en ciertas cosas pero prohibitivos de las demás. Nos clavamos las miradas y los incisivos hasta el alma, nos desnudamos de a poco, el uno al otro pero sin desvestirnos o bajar la guardia. Vaya,  quizá si éramos un poco como ellos,  como los cocodrilos.

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22. Pasatiempos, no personas.

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– El ser humano está compuesto de billones de pequeñas partes.

– ¿Células?

– No, de “tal veces”.

Existe gente que no es nada ni nadie. No son personas, a veces, a pesar de tener nombre, jamás lo recordarás. Esa gente –que apenas lo es-, no son personas, son pasatiempos.

Son motas en el paisaje del día a día, que rellenan las calles, escuelas, tiendas, trabajo y demás espacios. Los pasatiempos es una falla en el largo plano de la existencia humana. Nacen porque sí, porque no los planearon, porque no fueron como los planearon, porque cuando los planearon cambiaron los planes y acabaron siendo eso que son ahora: nada. Gente vacía, sin ambición, sin  un ordenamiento emocional e intelectual que sea digno de rescatarse. Los hay en todos sabores, colores, sexos (y sus preferencias) y niveles socioeconómicos. Parias del bien vivir.

Un pasatiempo no sabe qué hacer con su hoy, cree que su pasado es olvidable, supone que su futuro será mejor, pues que todo se alineará para que mágicamente y sin esfuerzo alguno de su parte todo vaya viento en popa. Los pasatiempos gustan –quizá no gustan, pero lo hacen de manera excelsa- de pasar días, meses, años con la misma rutina, sin hacer un poquito más, pero cuando se puede, un poquito menos es mejor. Estrangulan sus aspiraciones con tal de evadir responsabilidades y se vuelven ciegos antes las responsabilidades que ya tienen o adquirieron sin querer.

Generalmente, un pasatiempo viene de genealogía, siendo esto que un pasatiempo es hijo de una persona que terminó estando con un pasatiempo, o, de manera más común, con un par de pasatiempos que de buenas a primeras, tuvieron uno o muchos pasatiempos. Esto nos lleva a una pregunta interesante ¿Eres una persona o un pasatiempo? La respuesta puede tardar en llegar, a veces demasiado tiempo, tanto que para cuando llega ya no importará, pues serás uno, por auto denominación, asociación o condicionamiento. Por el momento en el que te enteras y si en verdad quieres enterarte, busca a alguien a quien consideres como persona y que esta misma te considere como persona, no pasatiempo. A final de cuentas, cuando encuentras a una buena persona, dejas de ser un pasatiempo y comienzas a pasar el tiempo como la persona que quieres llegar a ser para convertirte en aquella a la que otra más está dispuesta a darte todo su tiempo.

Ahora bien, que si crees que aun eres joven para preocuparte de eso, anda, corre y ve, se un pasatiempo, no persona. Algún día te encontrarás pensando en qué fue de tu vida, que fue de tu tiempo, pero no importará más, ya serás de la vida misma, un mero y olvidable pasatiempo.

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23. Sos una tormenta

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Atorrante en ocasiones, abrumante de siempre. Sos un viento que me arrebola, que me mueve. Sos la lluvia torrencial que envuelve cada pensamiento, que recorre cada parte de mi cuerpo. Sos la paz, sos el caos. Ocurres día, tarde, noche, ocurres durante todo el año, ocurres en toda mi vida. Sos una tormenta que me agita y me naufraga, para devorarme por completo, que me extravía junto con ella por siempre, por todo el tiempo. Sos una tormenta que un día sin avisar comenzó y que ya no termina, ni aunque lo pida el santo, ni aunque lo ruegue el pueblo. Sos una tormenta, con nombre, con apellido y consignatario. Sos una tormenta que acompaña mis pasos, mis sueños y, lo mejor, que me acompaña cada noche y cada que despierto. Sos una tormenta, y sos la mejor de las tormentas, porque cuando vos apareces, el sol me importa una nada, pues cuando vos apareces quiero encerrarme contigo para no hacer nada más, que lo que se debe hacer en días de tormenta y trueno.

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24. Micronesia

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  1. Eran las 4 de la tarde cuando la vi, aunque por desgracia, ella nunca me vio.
  2. El asalto a la razón fue todo un éxito, Marcela estaba loca.
  3. Creía en dos cosas, que al final resultaron ser la misma nada.
  4. Corrió tan rápido, que desapareció de su propia vista.
  5. No me llames Cielo, dijo. El infierno aguardó por él.
  6. El amor los encontró mientras se perdían en un hotel.
  7. Caos. Así se llamó la obra de su vida, aunque ustedes le conocen por Dios.
  8. El tiempo es nada cuando vuelas, no así cuando el tiempo vuela.
  9. Las drogas, como el amor: embellecen todo por momentos, en exceso, lo destruyen.
  10. Mira el ocaso. Si aún después de eso te sientes muy importante, que te mire un psicólogo.
  11. Hubo dos momentos en los que me atrapaste: “Hoy” y “Siempre”.
  12. Si algún día conozco la fama, ella no me reconocerá.
  13. Huye contigo, pero llévate conmigo.
  14. Café: el agua potable de los que aman a su cerebro.
  15. Hablando de cerebros, el mejor piropo que he escuchado es “amo tu cerebro”.
  16. Nos gusta matarnos de a poco. Con estudiadas dosis de placer y de alcohol.
  17. No profesamos religiones ni profesiones. Somos barcos a prueba de naufragio.
  18. Moción a favor de que te emociones.
  19. Una gambeta a la tristeza. Una media verónica a la depresión. Estocada al pasado y remate al dolor.
  20. ¡Calma todos, que estamos en pánico!
  21. Nada que un episodio no pueda arreglar.
  22. Burlarte de lo malo es bueno, mas no es bueno burlarte de todo lo malo.
  23. Juego con las palabras, porque nadie más juega con Migo.
  24. Migo era mi perico. Murió hace cinco Micronesias.
  25. Gracias le di, por todas sus gracias (que, por cierto, nunca me dieron gracia).
  26. La lluvia nunca me ha importado. Ni yo a ella, a todo esto.
  27. Yo no espero tener un hijo, más bien espero que él tenga en mí un padre.
  28. Sos lo que ha llenado este espacio en blanco.
  29. Hacernos daño, porque nos hace tanto bien.
  30. No soy sabio, pero sé de sabiduría.
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