20. sin embargo

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Un cardumen de emociones y estímulos van de extremo a extremo de nuestro ser, cambiándonos con cada micra que recorren sin remanso.

Nos extraen de una realidad para colocarnos en el lindero de nuestras ilusiones, lo que somos contra lo que queremos ser, lo que tenemos contra lo que anhelamos, lo que vivimos contra lo que nos dejamos. Somos el límite fronterizo de lo que no que deseamos y del país del siempre no.

Sin embargo, nos gustan las ilusiones, desde niños, asombrados con el qué, cómo y por qué de la magia, el encanto, las ilusiones, el cine y el teatro. Nacimos para ser engañados porque queremos, porque lo disfrutamos. Nacimos para mentirnos, para mentir, para ser parte de una mentira ya sea con conocimiento o bien, sin este. La vida y lo concebido (y aceptado) por la sociedad nos dice que eso está bien y que así ha sido, así habrá de ser. No veo una razón para contradecir este tipo de comportamiento y bien aunque podría encontrar una o cien, a fin de cuentas, sería un engaño más.

Y es que ¿para que cambiar lo que nos hace sentir tan bien? No podemos ser para dejar de estar y, si algo he aprendido en estos años de vida, es que el ser va en decremento, cuando aprendes a estar en el lugar correcto, con la persona correcta y en la ilusión adecuada. Salve toda distancia con la perfección, lo que debemos encontrar es ese pequeño gran teatro en el que solo tengamos que actuar por una grande y magnífica ocasión.

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