21. Aun era martes.

facebooktwitterredditpinteresttumblrmail

Cortar, desollar, guardar. Así, comenzaba todo, todos los días de febrero. Ni siquiera recordaba si había dormido en estas dos semanas. No podía darse ese lujo, al menos no hasta el jueves. Se avecinaba una tormenta y aun quedaba mucho por hacer. Hace dieciséis días había secuestrado ese camión escolar, no tenía planeado que estuviese lleno de niños, no, a esa hora no debía de haber nadie salvo el conductor que no sería extrañado. Pero no había marcha atrás y tuvo que improvisar. Desde ese día, todo se convirtió en cortar, desollar y guardar. Hoy, a tres días de la tormenta perfecta aun no termina de cortar. En el camión había 44 asientos ocupados, apenas van 35 y faltan 9 ocupantes más que desollar. Ya viene el jueves, viene la tormenta y ya no habrá tiempo de guardar. Pero aun hay esperanza, aun era martes, ya habrá mejores momentos para alcanzar la posteridad, se dijo a si mismo el viejo san Nicolás.

facebooktwitterredditpinteresttumblrmail

No éramos cocodrilos

facebooktwitterredditpinteresttumblrmail

Ni paños o entrepaños. No éramos historias que se cuentan de fácil manera. Vaya,  no éramos nada,  aunque –y sin embargo– nos entendimos del todo.

Salimos un día, voraces pero cautelosos. Permisivos en ciertas cosas pero prohibitivos de las demás. Nos clavamos las miradas y los incisivos hasta el alma, nos desnudamos de a poco, el uno al otro pero sin desvestirnos o bajar la guardia. Vaya,  quizá si éramos un poco como ellos,  como los cocodrilos.

facebooktwitterredditpinteresttumblrmail