23. Sos una tormenta

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Atorrante en ocasiones, abrumante de siempre. Sos un viento que me arrebola, que me mueve. Sos la lluvia torrencial que envuelve cada pensamiento, que recorre cada parte de mi cuerpo. Sos la paz, sos el caos. Ocurres día, tarde, noche, ocurres durante todo el año, ocurres en toda mi vida. Sos una tormenta que me agita y me naufraga, para devorarme por completo, que me extravía junto con ella por siempre, por todo el tiempo. Sos una tormenta que un día sin avisar comenzó y que ya no termina, ni aunque lo pida el santo, ni aunque lo ruegue el pueblo. Sos una tormenta, con nombre, con apellido y consignatario. Sos una tormenta que acompaña mis pasos, mis sueños y, lo mejor, que me acompaña cada noche y cada que despierto. Sos una tormenta, y sos la mejor de las tormentas, porque cuando vos apareces, el sol me importa una nada, pues cuando vos apareces quiero encerrarme contigo para no hacer nada más, que lo que se debe hacer en días de tormenta y trueno.

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24. Micronesia

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  1. Eran las 4 de la tarde cuando la vi, aunque por desgracia, ella nunca me vio.
  2. El asalto a la razón fue todo un éxito, Marcela estaba loca.
  3. Creía en dos cosas, que al final resultaron ser la misma nada.
  4. Corrió tan rápido, que desapareció de su propia vista.
  5. No me llames Cielo, dijo. El infierno aguardó por él.
  6. El amor los encontró mientras se perdían en un hotel.
  7. Caos. Así se llamó la obra de su vida, aunque ustedes le conocen por Dios.
  8. El tiempo es nada cuando vuelas, no así cuando el tiempo vuela.
  9. Las drogas, como el amor: embellecen todo por momentos, en exceso, lo destruyen.
  10. Mira el ocaso. Si aún después de eso te sientes muy importante, que te mire un psicólogo.
  11. Hubo dos momentos en los que me atrapaste: “Hoy” y “Siempre”.
  12. Si algún día conozco la fama, ella no me reconocerá.
  13. Huye contigo, pero llévate conmigo.
  14. Café: el agua potable de los que aman a su cerebro.
  15. Hablando de cerebros, el mejor piropo que he escuchado es “amo tu cerebro”.
  16. Nos gusta matarnos de a poco. Con estudiadas dosis de placer y de alcohol.
  17. No profesamos religiones ni profesiones. Somos barcos a prueba de naufragio.
  18. Moción a favor de que te emociones.
  19. Una gambeta a la tristeza. Una media verónica a la depresión. Estocada al pasado y remate al dolor.
  20. ¡Calma todos, que estamos en pánico!
  21. Nada que un episodio no pueda arreglar.
  22. Burlarte de lo malo es bueno, mas no es bueno burlarte de todo lo malo.
  23. Juego con las palabras, porque nadie más juega con Migo.
  24. Migo era mi perico. Murió hace cinco Micronesias.
  25. Gracias le di, por todas sus gracias (que, por cierto, nunca me dieron gracia).
  26. La lluvia nunca me ha importado. Ni yo a ella, a todo esto.
  27. Yo no espero tener un hijo, más bien espero que él tenga en mí un padre.
  28. Sos lo que ha llenado este espacio en blanco.
  29. Hacernos daño, porque nos hace tanto bien.
  30. No soy sabio, pero sé de sabiduría.
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25. Un domingo, un gato y el déficit de atención.

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GATO subió por la cama, tratando de acomodarse y a la vez, molestar cuanto más podía, a ▒▒▒▒▒▒▒▒. Ella se negaba a despertar, eran apenas las 6 de la mañana de un horrible domingo lluvioso, frío y con la cruda que había acarreado salir la noche anterior a meterse unas líneas y andar de puta, pues no iba a ser algo para nada placentero atender a esa bola de pelos, pero vamos, que GATO no tiene consideración alguna, pues quien manda es él y no le importa que su esclava haya salido a hacer quien-sabe-qué y sin su permiso.

Pero, hagamos una pequeña pausa, para salirnos un poco de la mirada juzgona de GATO y apreciar un poco la precaria situación de ▒▒▒▒▒▒▒▒:

El sábado por la mañana fue un día completamente diferente, puesto que amaneció soleado y pues bien, el viernes por la noche había sido quincena, así que le dio tiempo de pagar su internet y no tendría que sufrir como el mes anterior, cuando se lo cortaron. ▒▒▒▒▒▒▒▒ bajó feliz, cantando, lista para prepararle su comida a GATO, el cual ya tenía unos minutos impacientándose. Le sirvió comida, leche y con un gesto de solemnidad se retiró de la vista de GATO. Llamó a sus padres, puesto que planeaba ir a visitarles por la tarde, así que decidió asegurarse que allí estarían y no se pasaría una hora esperándolos al pie de la puerta de estos como la semana pasada.

Como pueden apreciar, ▒▒▒▒▒▒▒▒ aprende de sus errores, o bien, eso puede parecer hasta este párrafo. Avancemos un poco.

Por la noche, después de visitar a sus padres, recibió una llamada de ▒▒▒. Esto le hizo sentir cierto cosquilleo, porque bien, ella sabía exactamente para qué la estaba llamando. Contestó tímida, saludó cordial, y, a las 6 frases intercambiadas, ya estaba diciendo guarradas por el celular. ▒▒▒▒▒▒▒▒ se quedó de ver con ▒▒▒ en La Caminera, una cantina en el centro de la ciudad. Como ya era buena hora, decidió salir directamente para allá, sin regresar a su casa y darle de comer a GATO, como se supone que habría de hacer, puesto que entre estudiar y su trabajo de medio-medio tiempo en una tienda de discos, su única obligación es alimentar a ese odioso animal. A pesar de todo, llegó quince minutos tarde a la cita, ▒▒▒ ya estaba empezando, pues se había pedido una cubeta con seis cuartitos, de los cuales ya llevaba él solito cuatro. Al verla entrar, se levantó y fue por ella a la puerta, donde la recibió apretándole las pocas nalgas que tiene, pues como han de enterarse, ▒▒▒▒▒▒▒▒ no es una tipa muy agraciada, pero a final de cuentas ha sabido arreglárselas para nunca andar sola. Dos cubetas después, llegaron a la cantina ▒▒▒▒▒▒, ▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒ y ▒▒▒▒ ▒▒▒▒▒▒▒▒, amigas de ▒▒▒▒▒▒▒▒. ▒▒▒ llamó a alguno de sus primos, para que no estuviese solo entre tantas mujeres y al cabo de unos minutos ya tenían fiesta grande. ▒▒▒▒▒ ▒▒▒▒, el mayor de los primos, al llegar mandó a la chingada a los demás clientes de la cantina y la mandó a cerrar para ellos-nomás, y que al que no se quisiera ir se-lo-iba-a-cargar-la-verga. Así por las buenas, La Caminera quedó cerrada con los ocho tomando y el pobre cantinero orinándose del miedo, puesto que ▒▒▒▒▒ ▒▒▒▒ es un cabrón de primera y dicen que en su haber tiene unas 29 muertes. Pero vamos, que eso es normal en ▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒ ▒▒ ▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒, ▒▒▒▒▒▒▒▒▒, donde las narcofosas son más comunes que las tiendas de abarrotes.

Adelantémonos un poco más, que GATO tiene hambre y ya perdimos mucho tiempo explicando detalles, lugares y nombres que uno no debería andar dando a conocer.

Entre el calor de la noche, las cervezas, el Buchanan’s y la banda, ▒▒▒ salió a su camioneta y de vuelta trajo provisiones para toda la gente. Se veían metas, grapas y otras madres que a esas horas ya no distingues pero que te acabas metiendo, porque no vaya siendo que te vean feo. ▒▒▒▒▒▒▒▒ comenzó a manosear a ▒▒▒▒▒ ▒▒▒▒ enfrente de ▒▒▒, simplemente por el hecho de que ella podía y sabía que ▒▒▒ nunca tendría los huevitos como para decir ni muchos menos hacer algo enfrente de ▒▒▒▒▒ ▒▒▒▒. Antes de las dos de la mañana, ▒▒▒▒▒▒▒▒ y ▒▒▒▒▒ ▒▒▒▒ ya estaban cogiendo en el baño de La Caminera después de meterse unas cuantas rayas más. Fue en ese instante cuando ▒▒▒▒▒▒▒▒ cayó en cuenta de que no le había dado de comer a GATO más que una vez en todo el día. Claro, no debería haber relación alguna entre pensar en la comida de GATO y andar haciendo una mamada, pero pues el cerebro en drogas de ella debe ser una madeja de idioteces.

Salieron todos de La Caminera cerca de las 4 am. ▒▒, como buen arrastrado, ofreció llevar a ▒▒▒▒▒▒▒▒ hasta su casa, pero ella prefirió irse con ▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒, puesto que las dos vivían cerca. A unas cuantas cuadras de llegar a su colonia, las paró un retén de la policía federal.

Afortunadamente ▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒ no había tomado nada, mucho menos se había metido algo, porque mañana tenía que hacerse unos análisis de rutina para el trabajo (ella es la Secretaria de Salud de en ▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒ ▒▒ ▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒, todo un ejemplo, sí señor), de otra forma, hubiera tenido que hacer llamadas y pedir favores para que no se las hicieran de pedo, aunque a final de cuentas, todos en ese pinche pueblo, saben quién es ▒▒▒▒▒ ▒▒▒▒ y qué es él dentro del Cartel ▒▒▒ ▒▒▒▒▒▒▒▒▒ y saben perfectamente quienes son sus amistades. De allí a que les vayan a caer o propasarse es otra cosa muy diferente. Siempre se habla de la lucha contra el crimen organizado, pero esto nada más es para no meterse con el Crimen bien Organizado, pues sí, uno no muerde la mano de quien le da de comer.

En fin, ▒▒▒▒▒▒▒▒ entró a su casa pasadas la 4.20 y a pesar de que GATO le pidió de comer en cuanto llegó, a ella no le importaba nada más. Bajó las persianas y se tiró en la cama. Todo iba bien, hasta que GATO subió por la cama, tratando de acomodarse y a la vez, molestar cuanto más podía, a ▒▒▒▒▒▒▒▒. Ella se negaba a despertar, eran apenas las 6 de la mañana de un horrible domingo lluvioso, frío y con la cruda que había acarreado salir la noche anterior a meterse unas líneas y andar de puta, pues no iba a ser algo para nada placentero atender a esa bola de pelos, pero vamos, que GATO no tiene consideración alguna, pues quien manda es él y no le importa que su esclava haya salido a hacer quien-sabe-qué y sin su permiso.

Pero, hagamos una pequeña pausa tengo que tomarme mi Lisdexanfetamina, que ya es hora y si no la tomo luego no pongo atención en lo que digo y hago.

Eran las doce y todo sereno. No permitió un cambio en su rutina, ni hoy ni ayer, aunque para mañana ya tenía uno programado. Tenía dos meses planeando eso.

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26. Yefrémov

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Viernes otra vez, llegas a la casa vestida solo con una sonrisa. Atraviesas el jardín de puntitas hasta llegar al recibidor donde miras fijamente al espejo. Te acomodas el cabello, te tocas los senos. Todo bien, todo perfecto, todo parte de un mismo acto que se repite cada semana mientras aguanto la respiración, callado, perplejo.

Caminas a grandes pasos, casi casi danzando. Tip top tap. Estás ya en la cocina y silbas la misma tonada, que sé que es de alguna canción que alguna vez cantaste. En ruso, en alemán o bien en un idioma que no existe ya. Sirves una taza de té de canela y otra más de jazmín. Siempre lo mismo, como cada semana y como siempre, llevas las dos a la sala. Los aromas de las tazas inundan los rincones; el perfume en tu cuello, inunda mis pulmones. Te sientas en el sofá, me sonríes una vez más, y me pides, como siempre que te cuente tu historia favorita. Esa historia que te cuento, donde te digo que vienes todos los días y no solamente una vez por semana. Esa donde te digo que existes y que no solo eres un fragmento de mi mente. Esa donde te digo que estamos en una casa, y que no estamos en el psiquiátrico. Pero a final de cuentas, termino relatándote (mejor), la otra, la que prefiero, porque en esa, cuando menos, aun existes y me visitas cada viernes.

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27. Pablo, el del domingo.

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[Pablo] miró a un lado/ gritó al cielo.

Dio dos pasos y comenzó a caer.

 

Era el octavo piso / de un hotel suizo

sin arrepentimientos

su vida voló

 

[Pablo es una mancha en la vía]

la gente se horroriza [grita y llora]

ofrece empatía por un desconocido

que desde del cielo se les vino encima

 

Pablo era mi amigo

hasta antes de ayer

(este pasado domingo)

ahora es nada

[es letras / es frases / es un tris en el tiempo]

y no va a volver

 

Se fue a Suiza un mal día / para un buen día quitarse la vida.

 

Hacía buen tiempo [cielo despejado / poco viento]

como a Pablo

siempre le hubo gustado.

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28. El dolor, la muerte y el tango.

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Centralizados, como integrantes de algún paro normalizado de un sindicato. No pierden ni ganan nada. Tiempo, quizá, eso pierden. Decepción, seguramente, eso ganan.

No se frenan, no dimiten. El dolor, la muerte y el tango, siguen allí sentados, en la esquina de Londres de la colonia Talporcual de la gran metrópoli de un pequeño país. Uno toca un cencerro, mientras otro más sostiene el cartel que reza “clemencia, les pedimos, humanidad. Tengan un poco de clemencia para el dolor, otra tanta para la muerte y si les sobra un poco, el tango la requiere también”. Piden ayuda, piden caridad, dicen que no tienen ni que tragar. El tango, callado, con la mirada en el suelo, juega con el agujero que tiene en la suela del zapato izquierdo. A veces balbucea, a veces solo llora. Recuerdos de otros tiempos, donde el fulgor era su carta de presentación. El dolor, sincero, a veces grita, espantando a cualquiera que cerca pase. Insulta, berrea, maldice desgracias, propias, ajenas. El dolor no perdona a familiares y desconocidos, para ellos son iguales, todos iguales, todos lo peor y todos lo que el quisiera ser. A diferencia de tango, el dolor nunca fue bien recibido ni en la colonia, ni en su casa. Sus padres lo corrieron a una edad temprana y si no fuera por la muerte, sus días serían vacíos como siempre. La muerte es indiferente. Mientras dolor toca el cencerro y tango sostiene el cartel, ella solo se aferra a estirar la mano y agradecer alguna moneda que en esta llegase a caer. La muerte sabe que no tiene caso quejarse, pues su situación nada va a mejorar. Siempre temida y evitada, a veces odiada y cuando alguien en realidad la quiere y la busca, es gente que no vale la pena. La muerte se encontró un mal día con el dolor y el tango. Nunca planeó quedarse con ellos, pero al verlos allí, tan pobres, tristes y sinceros, se olvidó de todo y se perdió entre ellos. Nunca supo como el tango conoció al dolor, ni nunca se los preguntó. Ella supone que el tango es hijo del dolor, por las edades y similitudes que presentan. No lo pregunta, no porque tenga miedo de la respuesta, si no de las preguntas que esta conllevaría. Para empezar, ¿quién en su sano juicio se atrevería a follar con dolor? Peor aún, ¿quién engendraría a alguien como tango?

Solo ella. Y por eso no pregunta, suficiente tiene con saberse responsable de muchas otras cosas malas en este mundo, como para confirmarse otras peores.

Pero ustedes no juzguen, que seguramente tienen sus propios bemoles. Si los encuentran en la calle, tírenles cuando menos una miga, una moneda o una manzana podrida, pero por favor, nunca, nunca, nunca, una sonrisa.

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29. Cuadros difíciles de colgar

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Abres los ojos. Apagas el despertador. Haces unos cuantos ruidos, movimientos y disipas el coraje de amanecer, para juntar fuerzas y lograr salir de la cama. Te bañas –no siempre-, con suerte alcanzas a desayunar un poco y servirte una taza de buen café, de Coatepec, o Huatusco, esos son los únicos buenos en el país. Terminas de vestirte y sales de tu casa, asegurándote de que has cerrado bien y puesto seguro. Das unos pasos hacia la calle y recuerdas que no le diste de comer a tu mascota. Regresas y le das de comer a tu hurón –al cuál no encuentras y piensas que debe estar escondido en tu cajón de los calcetines, dormido como rey-, le pones un poco de agua fresca, miras el cuadro colgado en la sala, recordando su historia de cómo lo conseguiste, sonríes y sales de casa. Esta vez no te aseguras de que cerraste y tampoco le pones llave, pero no te preocupes, cuando regreses por tercera vez a tu casa, la viejita del 105-D te dirá que vio que dejaste abierto –otra vez- y ella cerró, porque es una muy buen vecina y le recuerdas a Roberto, su nieto favorito. Sales de tu edificio, lo volteas a ver antes de subirte a tu bicicleta e irte al trabajo. Viena 22. Te gusta todo de el: los vecinos, la calle tranquila, su buena ubicación y lo barato que te salió comprar dos departamentos conjuntos. Avanzas por la calle hasta la vieja casona ubicada en Río Amazonas, donde se encuentra tu trabajo, el cual no es el adecuado, pero tampoco es el peor. Te detienes en la puerta y volteas sobre tu hombro. Carla, tu prima viene llegando también. La saludas y notas que actúa rara, descubres un moretón maquillado, con la esperanza de disimularse. Preguntas si fue golpeada de nuevo. Ella llora, montas en cólera, profesas insultos, maldiciones y amenazas. Dices que si de ti dependiese, molerías a patadas a su pareja. Claro, si su pareja fuera un hombre. Aquí es donde el relato se convierte en plural, pues deciden ausentarse del trabajo, al menos por unas horas. Regresan a tu casa, pues está cerca, se sirven un trago –ron con agua mineral-, guardan silencio, hasta que el relato se vuelve singular otra vez, pero ahora en la tercera persona del singular, en femenino. Ella llora y dice que ya no puede vivir con Yaz. Dice que es una bestia, que le lastima con frecuencia, la humilla y la obliga a hacer cada vez cosas peores. Ayer la golpeó porque quería que ella la orinase, pero el asco y la sola idea la hicieron negarse. Carla cuenta como al negarse por tercera vez, Yaz perdió la cordura, se levantó y tomándola del cabello, la azotó contra la pared y ya tirada en el piso la pateó repetidas veces en el abdomen, piernas y cara. Carla, temblando, recuerda como estando allí tirada, semi-inconsciente, Yaz le orinó la cara, le escupió y le metió el puño derecho en la vagina, de manera sumamente dolorosa, para terminar siendo una piltrafa humana. Yaz salió de la casa dejando a Carla inconsciente, en el piso, necesitando auxilio médico. Carla despertó en medio de la madrugada, con sangre seca en el cuerpo, piso y con su cara apestando a los orines de Yaz. Como pudo, se levantó y se dirigió a su coche, manejó al hospital más cercano, donde mintió acerca de lo acontecido. Dijo que fue asaltada y golpeada, nunca mencionó la violación, no quería que se complicase más todo el asunto. Fue dada de alta a las 6 am, regresó a su casa, se bañó y salió al trabajo, pensando en nada, hasta que te vio y todo regresa a la segunda persona del singular. Le preparas el desayuno, cuando lo llevas a la mesa, descubres que tu prima se ha quedado dormida en el sofá, la cargas y la metes en tu cama. Sales del departamento, esta vez, revisando la puerta y el seguro. Corres hasta tu trabajo, pues no llevabas las llaves del candado de tu bicicleta y no querías subir de vuelta al departamento. Hablas con tu jefa, explicas que surgió un problema con Carla, que no vas a poder presentarte al trabajo y obviamente, ella tampoco. Regresas a tu departamento, antes de entrar, te topas con la viejita del 105-D, te saluda y te comenta lo de la puerta, te dice que esperes y te regala unas galletas que horneó hace unas horas. Le sonríes y sin más, la abrazas. Nunca lo habías hecho, y, sin saberlo, acabas de hacer a aquella viejecita –de la cuál no sabemos su nombre, pero que merece una pequeña desviación a la tercera persona del singular en femenino nuevamente-, la persona más feliz de todo ese edificio, pues al entrar a su cuarto, ve la foto de Roberto –el cuál murió hace 3 meses pero nunca te dijo nada- y se pone a llorar, con una sonrisa inmensa en la boca mientras se sienta en su mecedora. Ahora sí, volvemos a ti. Entras al cuarto y ves a Carla, dormida, tranquila, serena. Te calma el verla así, hasta que descubres que no está respirando. Quitas la cobija y descubres en las sábanas, un charco de sangre proveniente de su entrepierna. Llamas al hospital, entras en pánico. Minutos después, en una especie de vacío, escuchas a lo lejos que los paramédicos te dicen que está en coma. Los ves salir, y te regresas a la realidad. Tomas un taxi, para seguir a la ambulancia y en el trayecto sacas el teléfono, para marcar ese número al que marcas cada vez que quieres solucionar algo. Aquí es donde se acerca el relato al final, pues se torna a la primera persona del singular, Yo. Contesto mi celular. Te pido el nombre y la dirección. Te dijo con calma, que no te preocupes, que esa hija de puta de Yaz dejará de respirar antes del atardecer. Te cuelgo, y me voy a hacer mi trabajo, pues mis horarios no son flexibles y odio ser impuntual.

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