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Archive | January, 2010

49. Escopeta

19 Jan

Dos tiros al aire

Un avispero fulgurante

Tres sonrisas, tres carcajadas

Vientos que te doblan a horcajadas

Caminos sin vereda

Autopistas desiertas

Pasos que recorren el tiempo

Tiempo que se diluye como agua con cloro

Amor desechable

Tristeza de una noche

Alegría de conciencia

Y una mueca de experiencia

Seco

Hilvanado

Unido al movimiento del viento

Sonrójome en el momento perfecto

Corro apuntando esta vieja escopeta

Siguiendo a un venado que corre,

Ha escapado

No lo he visto hace horas,

Debe estar refugiado

En el bosque de no te encuentro

En el momento que te creía mío

Disparo mi escopeta

La descargo, la dejo vacía

Me siento y espero que el día

Abandone su instante

De consorte liviana

De princesa olvidada

De alba desaparecida a media mañana.

48. Ah

17 Jan

Hoy descubrí algo nuevo de mí: No se reaccionar ante los problemas como siempre había presumido de hacerlo. Hoy me siento aquí frente a un monitor pues no puedo estar donde quisiera estar en este instante –al pie de tu cama, velando tu sueño, esperando con el corazón en la mano a que despiertes- y me descubro sin el razonamiento, sin la sangre fría que trato de mantener ante una situación de riesgo. Todo tranquilo. Todo va bien. Me digo y me repito, pero de nada me sirve si no se qué está pasando, si toda la información que tengo es una escueta llamada y un mensaje desesperanzador.

Y seguramente todo estará bien al despertar, todo terminará en una llamada de atención, en preocuparse de más. Todo será alivio, eso me gusta pensar.

Ah. Y ¿si no?

47. Café

15 Jan

15 de Enero, 2010

Me siento un momento a meditar, el vaso lleno –bueno, no, sólo un poco más allá de la mitad- me mira humeante con su líquido oscuro, enervante, de aromas mágicos e hipnotizantes.  Veo el pasado reciente en un pestañeo, analizo recuerdos y buenos momentos.

Vaya que he vivido bien, he viajado, leído, escrito, escuchado música de doquier; disfrutado películas que me acercan a culturas y países que quizá no visitaré. He reído, llorado y amado también. ¿Quién diría que todo esto ha pasado y apenas tengo veintiséis?

Tomo el vaso y me caliento las manos con él –térmico, de cartón-, “Channel Islands” rotulado en su piel. Un sorbo hirviente me recuerda tantas cosas, lugares y personas que ya no he vuelto a ver. Fantasmas de otros tiempos, esqueletos en el closet, gente que quisiera no haber podido conocer. Doy otro más –uno largo, esta vez- y el calor me inunda sofocando mi garganta, abrasando mi interior; me rindo ante la dicha de este placer. Te recuerdo ahora en un invierno tan frío tan helado y divertido, con viento, niebla y a tan sólo 3 grados. Te pinto en mi memoria con cobijas por docenas –una sobre otra- que nos cubrían de un clima intempestivo y vengativo.

Un sorbo más y el calor ya es amigo de mi paladar. Te imagino sonriendo mientras danzas al caminar, con un público tan rimbombante que va desde Cuauhtemoc hasta Gibran, pasando por Loreto, Shakespeare, Victor Hugo y Bucarelli; personalidades impactantes, expectantes y sagaces admirando cada ángulo de nuestras representaciones de las esculturas de Dalí, de Rodin.

Doy el último trago, dispuesto a caminar, el cielo se obscurece –por lo menos en el vagón de la memoria- y tomo el último tren que parte con destino a la alegría. Camino por sus vagones desde el último hasta el cuarto, que es donde me detengo, he visto alegría del pasado, disfruto la del presente. Te llevo como un retrato bien guardado en la cartera de mi mente. Mis maletas se han hecho livianas, pues el camino al vagón siguiente está solo a unos pasos adelante (como me enseñó mi abuela María “camina siempre de frente, anda siempre sonriente”) así que transbordo y mientras tiro el recipiente de un café caliente qué, como tú, no necesito tenerlo entre mis manos para tenerlo siempre conmigo, siempre presente.

Aúpa. De frente. Siempre sonriente.

46. Cuatro Guerras

11 Jan

I.
La ansiedad tiene un nombre y apellido.
El deseo tiene cuerpo y forma.
El abrir los ojos y observarte mientras hacemos el amor, es sólo comparable a despertar mirando directamente al sol.

II.
Eres un alcohol, una deliciosa perversión; eres un tesoro que no quiero con nadie compartir.
Eres una virgen perdida en el laberinto del que soy minotauro.
Sacrificada. Santificada. Elevada y glorificada al nivel de semidiosa.

III.
Saberte mía por unos minutos, horas o quizá -y si corro con suerte- días, me transmuta en un ser sublime, envidioso y egoista. Un asesino que quiere matarte con un beso y con mis suspiros traerte de vuelta a la vida.

IV.
Dos, dos, cuatro y nuevo. Septiembre.
Cinco, seis. Sábado y entre semana también.
Uno, tres y siete. Diciembre.
Ocho, cinco y tres otra vez; la guerra de nieve, un hola de nuevo. Te amo, lo sé.

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