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Archive | January, 2010

52. Háblame en Ruso

26 Jan

*para una mejor lectura, denle play a esto como música de fondo “Lost Art of Murder” by Babyshambles+


Háblame en Ruso…

O en húngaro, esperanto o algún dialecto perdido; una lengua muerta o bien, murmúrame en arameo. Háblame pausado, cierra los ojos con fuerza y háblame como nadie lo ha hecho. Libera tu alma en cada palabra, embriágame con tu canto y veneno, ese que tanto anhelo.

Háblame en ruso, italiano o inglés. Sea el idioma que sea, mi corazón lo sabrá entender. Háblame ayer a la hora de hoy, cuéntame una historia que entre los dos protagonizaremos mañana. Háblame un segundo, déjame atraparlo en el aire, doblarlo, multiplicarlo y convertirlo en mil años, en treinta vidas en cuarenta sonrisas perpetuas.

Háblame en ruso, o no me hables en nada. Sonríe para mí, mi mirada sabrá traducir lo que con ella quieres decir. No debes hablar siquiera si el beso es el presente y pasado participio. Eres verbo carne, eres un singular que deseo visitar en plural.

Háblame en ruso, tendidos en el balcón de tu habitación, permite que con mi boca te recorra hasta llegar al palacio de tu imaginación. Háblame en idiomas que no existen y permite perderme en la visión de tu mundo para dibujarte un paraíso con palabras dulces que se resbalan desde tus oídos hasta la punta de tus pies. Y de nueva cuenta, al revés.

Háblame en ruso. En español.  Escribe mi nombre en sánscrito, hindi o algún lenguaje de burdel. Bésame en francés, adórame en portugués; profanemos los templos en honor a lo que fuera Babel. Cuéntame las sonrisas verdaderas, aquellas que valen por millones cuando los ojos se cierran.  Hurguemos nuestras vidas mientras hablamos el idioma que nos queda, aquel que no se escucha pero que tanto nos gusta, que nos inquieta.

Háblame en ruso Zarina olvidada, princesa plateada, reina del mar, emperatriz de mi tierra. Háblame en ruso, que no te importe el que yo te entienda, pues no me falta entender lo que dices para quedar prendado a tu belleza.

Hemorragia verbal 02

26 Jan

Pedir sin dar es como comer sin abrir la boca.

51. Esa boca fue mía

23 Jan

Viena, 1977. Verano y unas copas. La mesa de un restaurant situado al pie de la calle principal. Cena incomparable, compañía perfecta. Casi. Ximena se despide de su acompañante inigualable. Mientras entra piensa para si “Estuvimos tan cerca de la gloria, nuestros cuerpos tan juntos, pudiendo sentir tu respiración en mi cuello y con esas ganas de no soltarte.”

Pero se acabó el abrazo y cada quien se fue por donde vino con todo el deseo tembloroso de un beso jamás dado.

Praga, 1983. Otoño y un despertar. El cuarto bañado de una luz matinal. El desayuno la llama, sola de nuevo, a veces hasta siente que ella misma la ha olvidado. Casi.

Ximena despertó esa mañana añorando esos momentos que no sucedieron, mirando por encima de su sábana azulada, apretando con sus dientes un labio inferior que moría por ser acariciado por los labios de otra persona. Deseó sentirse deseada una vez más. Perderse en otra boca, ser de uno, vivir por dos. Olvidar el dolor causado por la partida de quien alguna vez la amó.

Ximena se levanta y se despoja lentamente de su viejo camisón, se ve frente al espejo, se escrudiña con la mirada recorriéndose de pies a cabeza con estudiada delicadeza. Se conoce tan bien como un artista a su obra maestra. Se va caminando en puntitas, cantando con esfuerzos -y seguro con muchos errores en la letra- el tema principal de una película americana que vio en un viaje a la Gran Bretaña: Flashdance era el filme, What a Feeling la melodía.

Coge la primera toalla que a su alcance se encuentra y se dirije al baño, abre el agua caliente, después la fría, echa un poco de sales en la tina. El vapor la envuelve, ella canta. Sonríe y de pronto ya no. Se acuerda de aquel beso inexistente. Se deja caer en el agua caliente y se pierde en las memorias de un quizá. De un pudo ser. Sumerge la cabeza dejando que el agua y la espuma llenen su cabeza de mil y un variantes hilvanadas a una sola constante: Ella.

Su mano derecha se recorre por la piel húmeda, el vapor la alegra, la sonroja y la ayuda a perderse en un momento del tiempo que no existe, que ya fue aunque nunca sucedió. Sus dedos se internan juguetones. Lascivos. Sus ojos cerrados. Su mano izquierda acaricia su cara, su índice –lento- repta sobre sus labios. La boca abierta. La lengua entretenida. El deseo flota en esa tina de agua caliente, de espuma fina. Las piernas abiertas, con las pantorrillas postradas sobre la porcelana. Ximena emerge entre emociones y alegrías, las mejillas sonrojada, un grito en la garganta atrapado. Desea tanto sentir los labios de aquel que no la besó. Desea unirse con el en esa tina, de manera lenta y paulatina. Desea venirse, terminar a la par de ese lejano compañero. Desea que él donde quiera que se encuentre en ese mismo instante, se encuentre deseándola, arrepintiéndose por no haberla sujetado con fuerza entre sus brazos. Y nunca, nunca soltarla jamás.

Ximena es despertada de su estupor por un grito conocido y se sonroja aun más, por la vergüenza que le da el descubrirse a sí misma perdida entre el deseo.

“Abuelita, ¿ya despertaste? Vamos a desayunar con mis papás, mi abuelito ya está abajo esperándote”.

Ximena. 72 años. Sale de la tina y se seca con minucioso cuidado. Sonríe. Es una linda mañana en Praga, es una maravillosa mañana para desear, para sentirse deseada.

Esta pequeña historia es en respuesta a Feliz cumpleaños a “Esta boca es mía” de la siempre agradable María del Mar Cachón. Congrats Redheaded!

50. Quiero

21 Jan

I.

Dos beldades

Un castillo

Una novela de sade

y tres leones amarillos

II.

Dormir desnudo, tirado en el campo

Visitar la luna, hablar con las estrellas

Cantar en silencio

escuchar la nada

bailar sentado

escalar montañas estando acostado

III.

Nadar en los ríos sin mojarme

Prenderme fuego y no abrasarme

Volar solamente agitando mis brazos

Beberme todo un océano con solo dos vasos

IV.

Quererte por sobre todas las cosas

Acariciarte por encima de tus ropas

Besarte en Do

(trescientas treinta y tres veces) de nuevo en Re

Enredémos nuestros labios en Fa para que al soltarnos me veas y con una sonrisa digas Si.

V.

Quiero tantas cosas imposibles

más de quinientas de ellas son, cuando menos, intangibles

Quiero ser la marea que desgasta tu voluntad de piedra

Quiero tantas cosas

Y de tantas que quiero

Olvidé el por qué las quiero

Y me quedo aquí, pensando en quererlas.

Sí, creo que eso es todo lo que quiero.

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