006. Una Puta
24 Oct
Una Puta
11/03/2009
De pronto me quedé allí sentado de nuevo.
Mente en blanco.
Máquina de escribir mofándose de mi falta de musa.
Una pila de hojas esperando con ansias ser despojadas de su pureza blanca.
Con un carajo. Estoy vacío, nada se viene a mi mente. Meto una hoja, la alineo a mis acostumbrados 4 cm de margen superior, y comienzo a golpear con violencia las teclas que se niegan a bajar de buena forma.
“En su lecho de muerte, Houst me revela lo impen…”
- ¡NO, Eso es una mierda!
Arranco la hoja con odio que extrapolo a una débil hoja, haciéndome sentir poderoso en esa demostración inútil contra un enemigo oprimido y que nunca jamás podría oponer resistencia alguna.
Me levanto y en otro ataque de frustración escupo a la máquina de escribir, la vieja Remington De Luxe 5 del abuelo Yong. Maldigo contra ella, como si fuese la causante de mis problemas y falta de inspiración. Iba a arremeter de nuevo en su contra, pero una respiración profunda y exclamar en voz alta “¡CON UNA CHINGADA!” hacen que dé la vuelta sobre mis pies y camine hacia la puerta mientras hurgo en mi pantalón buscando esa cajetilla maltrecha de Lucky Strikes.
-Quedan dos -, me digo a mi mismo mientras enciendo uno de ellos, el que mayor huella de maltrato tiene. Me tiemblan las manos, con el cigarro aferrado sin fuerzas. Sigo caminando y llego al jardín, cuyo verdor contrasta de manera total con mi gris existencia en ese momento. Termino mi cigarro de prisa, en la última calada pretendo aparentar ser un desgraciado, por lo que mi mente le dice a mi tonto cuerpo que apague el cigarro en mi lengua.
Para mi sorpresa, no siento nada, y algo se forma en mis labios. Algún arqueólogo especialista en momias, fósiles, o vaya el diablo a saber, habría dicho “es como si hubiera aparecido una sonrisa”, pero no hay ninguno a la mano para poder corroborar dicha afirmación. Mientras tanto, enciendo el último cigarro, que me recuerda de manera jactanciosa que no tengo más dinero que lo necesario para terminar la semana. No más dinero para cigarros o películas si quiero tener dinero para la gasolina y el alcohol barato al cual me estoy acostumbrando.
Me despierta de la pesadumbre en la cual yo solo me he metido el escuchar On the Streets I ran de Morrisey. Mi celular desde la sala de estar me hace levantarme dando pasos de muerto en vida, arrastrando los pies y el alma al caminar.
- Si, ¿bueno?
- Cristhian, que bien sigues vivo.
- Raquel, que maravilla, siempre con el comentario adecuado. – Digo entre dientes, mientras me pregunto por qué demonios no la he despedido.
- Las ventas del último libro han sido mostradas, han sido tan buenas que ya han pedido otra edición. Incluso los de la Editorial me preguntan si tienes planes para sacar un tercer libro.
- El trato eran dos y después de eso me dejarían publicar la novela que siempre he querido, así que (…)
- Si bueno, respecto a eso- me interrumpe – tú sabes. Ellos van a cumplir el trato pero tiene ya un año que comenzaste a escribir tu novela, y pues, hasta el momento no les has entregado ni el título, mucho menos una reseña de las ideas que tienes para esa obra. Así que ellos sugieren que mientras te inspiras, sería genial que hicieras un tercer libro que hable de cómo ser exitoso en estos tiempos de crisis económica. Mira que la gente está tan desesperada que comprarían eso como pan caliente, sería un Best Seller en cuestión de semanas, incluso días. Digo, tienes todo el respaldo de tus libros anteriores, “Supervivencia en la clase media”, el primero sigue vendiéndose muy bien, mientras que el segundo “Vamos Mexicano, tú eres de primer mundo”, vendió todo el tiraje inicial de dos millones y medio de ejemplares en 7 meses.
- Esos libros los escribí por una idiotez. Por dejar que el mundo editorial me abriese sus puertas. Nunca debí aceptar a escribirlos. Están llenos de pendejadas. Incluso puse cosas inverosímiles con la esperanza de que la gente no las comprase y las vieran como lo que es: Basura. Pero, puta madre, la gente vacía los compraba con delirio y seguía todas las pendejadas que escribí como si fuesen una biblia. Lo peor de todo fueron los testimoniales que comenzaron a surgir diciendo como había cambiado sus vidas. Eso me emputa de sobre manera.
- ¿Te llamé en mal momento Cris? Mira, te veo mañana en el Parisien, desayunamos y te doy el cheque. OK, hermoso, nos vemos. No pierdas la fe, tu novela será algo increíble algún día.
Me cuelga y me quedo viendo al celular. ¿Cómo demonios hace Raquel para dejarme sin hablar siempre? Seguro mañana después del desayuno vamos a coger. Siempre es así cuando me entrega un cheque. Esa es la razón por la que no la he corrido, definitivamente. Disfruto que me entregue el cheque después de que nos hemos venido.
Sí, eso es. En el fondo soy una puta.
Con esos pensamientos regreso a la biblioteca, limpio el escupitajo de la vieja máquina de escribir con la manga del suéter, meto la hoja, la alineo y me siento a escribir. Sonrío como no lo había hecho en meses. Ahora por fin me ha llegado la inspiración y quiero comenzar a escribir. El título fluye como un río torrencial, ni siquiera me detengo a pensarlo dos veces:
“La Crisis Económica no tiene por que llevarte a la prostitución de ideas”
Sí. Una puta, eso soy.
Una puta que escribe, pero eso sí, soy una puta con un sentido del humor demasiado retorcido.

Algo serio: Me gusta.
Algo idiota: Y Raquel? Se fue, se fue, Raquel. Nunca volvió.
Algo serio: Creo que me sentí reflejado, digo yo también me llamo Christyan, aunque lo escribo diferente.
Algo idiota: Yo compré tus libros.
Algo serio: Tengo hambre.
Algo idiota: Eso no fue serio.
Algo serio. Es serio si son las 6 de la tarde y no has comido. Y eso no fue idiota.
Algo idiota: Elefante.