Capítulo I
La reunión
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Jacinto, disfrutaba de tomar agua simple por las mañanas, acompañado de un sorbo de su infaltable jarabe para la tos, costumbre que comenzó a finales de su último semestre en la preparatoria y que al parecer ahora en la universidad se había transformado en algo cercano a la adicción. Caminaba sereno mirando a lo lejos desde su balcón en una agradable cabaña -regalo de sus padres para su cumpleaños número 21- enclavada en Lo de Villa a casi nada de Colima. Apenas se mostraba el sol despuntando, estaban por dar las 6 de la mañana.
Kualalumpur es su apellido, claro no es el que debería ser (sus padres llevan como apellidos Buanla Limantour, pero la juez que lo asentó en el registro civil lo escuchó y escribió mal), pero nunca le ha molestado ni a él ni a su familia; Ja estudia en la Facultad de Derecho de la Universidad de Colima, no es destacado, pero ha establecido muy buenos lazos con la familia política de la región, además de contar con la simpatía de varios maestros. Flaco y lampiño, de cabello negro y una cruz cuadrada tatuada en la espalda entre los omóplatos. Alguna vez Amalia le preguntó porqué se la hizo, a lo que Ja simplemente contestó: “ni siquiera recuerdo cuando me la hice”, lo cual en parte era cierto, pues en alguna excursión a Manzanillo, en medio de un mal viaje de ácidos y exceso de alcohol, Vigo y Valdomero le hicieron tatuarse eso. Claro, ellos estaban igual y tampoco lo recuerdan, mas eso no es importante.
No bien acababa de bañarse cuando se escuchó aquel ringtone que nunca trae buenas noticias: (I can’t get no) Satisfaction de los Stones sonaba en su viejo w600 que estaba tirado sobre su cama –sus amigos siempre se han burlado de él por traer ese equipo, pero Ja le tiene cierto amor que no le permite desprenderse de ese viejo y estorboso celular-, lo cual significaba que Ventisca necesitaba algo, pues nunca llama para saludar. Y menos a esas horas.
-Ja, tienes que faltar a la primera clase, nos vemos en La Patagonia a las 8, tengo algo muy importante que contarles.
-Contarles, ¿a quiénes?
-Pues a todos los topos mi vida, tengo que colgar, voy manejando, es en serio, por favor. Ve, los necesito a todos.
Jacinto se queda desubicado pensando en qué podría ser tan importante como para juntarlos a todos otra vez y tan temprano. Mientras divaga busca que ponerse, toma un par de jeans deslavados y rotos y una playera estampada de Radiohead. Busca sus botas pero no las encuentra en ningún lugar, lo cual lo molesta y toma un par de Converse –tiene 12 pares diferentes, pero no le digan que yo les dije, luego me tachan de chismoso- toma sus cosas y las llaves de su Jeep Wrangler y sale sin apagar la televisión de su cuarto. Por favor recuerden este detalle al parecer sin importancia, en un futuro les servirá para entender todo lo que se suscitará en la historia.
La re puta madre. Piensa en voz alta mientras cierra la puerta de la cabaña.
-2-
Camisa hawaiana y bermuda cargo American Eagle de color café –vaya usted a saber que tono- cabello rizado dorado, sonrisa que se ve a 30 metros de distancia cargando una mochila al hombro marca Samsonite, compañera de batallas y aventuras desde la secundaria. Si viviese en California sería el prototipo modelo de un surfista cualquiera, pero lamentablemente viven en Colima por lo cual se ve ridículo (a pesar de que Colima sea “la ciudad de las palmeras” no hay playas cercanas), aunque eso no le importa en lo más mínimo, muchos menos a sus amigos.
Él es Ambrosio “el Proveedor”, conocido así porque sus abuelos tienen varios depósitos de cerveza en toda la ciudad a los cuales tiene acceso ilimitado para sustraer cervezas para fiestas y amigos. Su abuela Doña Amparito siempre ha dicho que prefiere regalarle alcohol que darle dinero porque “el dinero echa a perder a las personas”. Ambrosio, fuera de todo prejuicio que podría tenerse de él, es el mejor alumno de la facultad, incluso ha ido a Bélgica a participar en debates, saliendo victorioso en dos de ellos. Tiene carisma y desfachatez. Es apartidista pero dos de los tres partidos políticos más grandes ya se han acercado a él para intentar sumarlo a sus fuerzas políticas, lo cual no le hace mucha gracia pues dice que nunca representará color alguno ni ideologías contradictorias. Entra en La Patagonia temprano pero sin importar la hora, sabe que nunca será el primero, lo cual puede confirmar sin ver la mesa, donde está sentado ya Emerith.
Emerith es un tipo raro, de esos que prefieres tener de tu lado y nunca como enemigo: mide 2.05 metros, tiene los ojos grises, cabello cenizo y rostro aguileño. Siempre le gusta ser puntual, y más que eso: estar siempre antes que todos, incluso a la hora de nacer. Eme llegó al mundo 4 minutos antes que su hermana gemela Eliza. Es el típico que estudia Derecho sólo porque “es la profesión de la familia”, aunque a diferencia de su hermana a él no le importa salir bien o mal de la carrera, a fin de cuenta son Ceballos, la sola mención de su apellido les garantiza un lugar en cualquier buffet jurídico o algún lugar en la bancada panista del estado y, si lo hacen bien, a nivel nacional. Eme siempre está ansioso, como esperando que acontezca algo malo para demostrar que es el primero en reaccionar, para demostrar que siempre está preparado para cualquier problema.
-Hey.
-¿Qué tal? Wey, pinche Ventisca, son las 7:52 y no llega nadie, ni siquiera desayuné y me muero de hambre. Los demás no llegan, ¿y si pedimos de comer de una vez?
-Tranqui, quedamos a las ocho, calma. Además es raro que nos juntemos todos últimamente, digo, hasta Beca y el Topo van a venir. Esto es serio. Y pues ya sabes que el Ja se pone de mamón cuando no lo esperan a comer. ¿Qué onda con Eliza, donde anda?
-Fue a dejar a Goyo a la universidad.
-No mames que todavía anda con ese pendejo después de la mamada que le hizo.
-Puta, sí. Me caga ese cabrón y te juro que he estado a punto de partirle la madre dos que tres veces, pero mi mamá siempre me sale con la cantaleta “acuérdate que el sobrino del gobernador”. Pero ya se le acabará el periodo al hijo de puta.
-Sí, ya vienen las elecciones, tú tranqui, ya le caeremos.
En ese instante y como en telenovela barata a cuyo guionista ya se le terminaron los recursos, entran todos los demás exceptuando a dos.
¡Huevos con Ventisca, carajo! -exclamó la princesa del lugar, Myr- son chingaderas, hoy tenía hora libre a la primera, me hace levantarme temprano y la cabrona no llega.
Myr (Myriam o “Mimis”) siempre habla lo que piensa, lo cual le ha traído muchos problemas con ciertos profesores. Ella es linda, como muñeca de porcelana, aunque no es la más linda del grupo -ese honor lo tiene Amalia, aunque de ella hablaré después, así como de su aversión a las tangas-.
Myr es una trigueña de ojos claros, mirada que mata y de muy buen cuerpo: envidiable por las demás y encamable por los demás. A pesar de todo esto, ella se mantiene virgen a los 22 años, es fanática de los White Stripes y usa mochila de Hello Kitty. Rara y divertida, lo sé. Sabe vivir la vida y gasta pequeñas fortunas en zapatos. Si bien su familia no es tan acaudalada como la de los gemelos o la de Vigo, nunca le faltaría nada aun si decidiera no trabajar jamás, pues es una Quiñones y como tal es heredera de un 47% de los locales comerciales del centro de Colima. “Vive de las rentas”, le dice Jacinto, “¿para qué estudias si no se te da?”, pero eso a Myr no le interesa, ella entró a la Facultad solo porque quería conocer gente. Y lo logró, no en balde la han elegido como presidenta de su generación.
-Pidamos de comer y a ver a que pinche hora se le ocurre llegar a la princesa. Y antes de que digas algo Ja, me vale madres, yo tengo hambre, ayer no cené, así que si quieres esperar a Ventisca para desayunar, vas solo.
Eme pensó por un instante hacer notar que también faltaba de llegar Valdomero -el Topo, el capo mayor, el no va más- Ramírez de Oliva, pero ¿qué caso tiene?, discutir con Myr no tenía caso y menos en sus dominios: La Patagonia es uno de los restaurantes de los Quiñones y siempre les han tratado muy bien allí, dándoles descuentos y en ocasiones hasta la cuenta gratis si son los primeros en llegar, pues “traen buena mano al negocio”. Ultimadamente, Eme también tenía hambre así que hizo segunda.
-Pues ya, háblale a tu mesera caray.
-3-
Ventrushk Camaru del Valle, mejor conocida por todos como Ventisca. 23 años, hija del embajador de Bélgica y Lolita del Valle, rectora de la facultad de Derecho. Ella entró a la facultad solo para poder garantizarse un lugar en el equipo de Atletismo de la universidad. Ha ganado medallas de oro en diferentes competencias a nivel nacional en el transcurso de su vida, su especialidad es el salto largo aunque cuando amanece de buenas practica salto con garrocha. Pocas veces asiste a clases porque generalmente está entrenando o de gira por otras ciudades en competencias y charlas. Es el orgullo de la universidad en cuanto a Atletismo se trata, campeona indiscutible de la última Universiada y actualmente se prepara para integrarse a los juegos Panamericanos. Todos los días se levanta a las 4 am y sale a correr 20 km y hacer 10 más en bicicleta. Se baña con agua fría y no tiene tiempo para otra cosa que no sea un desayuno ligero de fruta y cuatro huevos en omelette. Sí, ella dice que eso es ligero. Su porte y largas piernas bien podrían hacer de ella modelo, pero no le interesa ni un poco siquiera pensar en esas banalidades, mucho menos ahora que Puma se ha acercado a ella para ofrecerle patrocinio si sale bien en los panamericanos. Así de buena es.
Hoy se despertó como siempre e hizo su rutina normalmente, pero justo mientras se bañaba fue cuando cayó en cuenta de la fecha. Tenía que hablar con todos no podía ser de otra forma. Quedaba poco tiempo y no podía postergarlo más.
Ventisca se comunicó con Valdomero primero, sabía que si él iba, no habría excusa para los demás para faltar a la reunión. Acordó pasar por el Topo hasta su rancho en Los Ortices, de otra forma sería imposible hacerlo salir por su propio pie.
Eran las 6 am cuando colgó con el Topo y en seguida habló con Ja. Alguna vez anduvieron juntos pero no funcionó. Cada quien metido en sus propio mundo, distantes por naturaleza: Ja se la vive en fiestas, Ventisca vive para ella. Aun así son lo más cercano que ambos tienen de un confidente, de un amigo fiel. Se necesitan tanto como se esfuerzan por negarlo. Convencer a Ja nunca ha sido difícil, se trate de lo que se trate, así que solo bastaban unas pocas palabras y cero motivos. Lo difícil sería convencer a Eliza y Eme, pero bueno Ventisca siempre ha sabido cómo obtener lo que quiere de cada uno de los topos. Sólo fue necesario llamarle a Eme y decirle que ella pagaba el desayuno y que le daría acceso total a su colección de DVD para tomar prestados los que quisiera.
Eme siempre ha envidiado esa colección, con títulos que no sabía que existían siquiera, a veces Ventisca bromea con el diciendo “tengo la edición especial de una película que ni siquiera se filmó”. Convenciendo a Eme, él se encargaría de hacer que viniera Eliza con solo decir que el Topo estaría allí, a fin de cuentas, Eliza siempre ha sentido algo por Valdomero, desde la primaria.
Amalia y Vigo no eran problema. Sólo necesitan una excusa para faltar a clases, sin importar el motivo. Con el lugar y la hora fijada, quedaba avisarle a Myr que se verían en su restaurante para que todo estuviera perfecto para un poco antes de las 8. Myr y Ventisca nunca han sido las mejores amigas, pero Myr adora ser la anfitriona. Le gusta sentirse con el poder de decir “bienvenidos a mi loquesea”.
Convencer a Beca y a Ambrosio no sería fácil, digo, son los matados del grupo y faltar a clases es comparable a dejar de pagar impuestos o no hablar por teléfono con sus padres cada tercer día. Sí. En serio, así son ellos. Creo que son mitad japoneses. Habló con Ambrosio primero y a Beca le mandó solo un mensaje de texto. A los dos les dijo lo mismo: “Recuerda que ya casi es Junio, me lo deben”. Era imposible negarse, el año pasado les tocó hacer un trabajo en equipo a los tres pero tanto Beca como Ambrosio no le dieron importancia a ese trabajo por andar estudiando para los exámenes finales. Al llegar Junio, el profesor les dijo que el trabajo sería el 90% de su calificación final. Ambos entraron en pánico, pero Ventisca les consoló diciendo que ella ya había terminado todo el trabajo y lo entregaría por los tres, pero que el próximo año en estas fechas ella iba a pedir que compensaran este favor.
Así es Ventrushk. Competitiva y manipuladora. Fría y con los recursos necesarios para terminar en primer lugar en lo que fuera.
Detuvo su mini Cooper frente al portón del Rancho de los Ramírez. Checho, el caballerango le abrió para que entrase y allí lo vio: parado junto al pozo, Valdomero estaba esperándole ya, fumando un cigarro y con café en la mano.
Lo que conversaron en el camino de vuelta a Colima fue sumamente interesante, ojalá se los pudiese contar, pero me hicieron prometer que no lo haría, así que bien, lleguemos al momento en el que los dos ausentes llegan a La Patagonia, justo en medio del desayuno.
Hola.
No hizo falta más. Silencio total. Casi año y medio que Valdomero no se veía con todos. Eliza corrió a abrazarlo, mientras Eme, Ambrosio, Ja y Vigo hacían fila para saludarlo. Myr y Amalia saludaban a lo lejos mientras Beca tomaba el café con la mano temblorosa.
En medio de tal alboroto, Ventisca habló.
Los hermanos Torres Quintero vuelven a Colima dentro de nueve días. ¿Qué vamos a hacer?