April 18, 2012 0

dos29 – Cuadros difíciles de colgar

By in una vez ladró un ave

29. Cuadros difíciles de colgar

Abres los ojos. Apagas el despertador. Haces unos cuantos ruidos, movimientos y disipas el coraje de amanecer, para juntar fuerzas y lograr salir de la cama. Te bañas –no siempre-, con suerte alcanzas a desayunar un poco y servirte una taza de buen café, de Coatepec, o Huatusco, esos son los únicos buenos en el país. Terminas de vestirte y sales de tu casa, asegurándote de que has cerrado bien y puesto seguro. Das unos pasos hacia la calle y recuerdas que no le diste de comer a tu mascota. Regresas y le das de comer a tu hurón –al cuál no encuentras y piensas que debe estar escondido en tu cajón de los calcetines, dormido como rey-, le pones un poco de agua fresca, miras el cuadro colgado en la sala, recordando su historia de cómo lo conseguiste, sonríes y sales de casa. Esta vez no te aseguras de que cerraste y tampoco le pones llave, pero no te preocupes, cuando regreses por tercera vez a tu casa, la viejita del 105-D te dirá que vio que dejaste abierto –otra vez- y ella cerró, porque es una muy buen vecina y le recuerdas a Roberto, su nieto favorito. Sales de tu edificio, lo volteas a ver antes de subirte a tu bicicleta e irte al trabajo. Viena 22. Te gusta todo de el: los vecinos, la calle tranquila, su buena ubicación y lo barato que te salió comprar dos departamentos conjuntos. Avanzas por la calle hasta la vieja casona ubicada en Río Amazonas, donde se encuentra tu trabajo, el cual no es el adecuado, pero tampoco es el peor. Te detienes en la puerta y volteas sobre tu hombro. Carla, tu prima viene llegando también. La saludas y notas que actúa rara, descubres un moretón maquillado, con la esperanza de disimularse. Preguntas si fue golpeada de nuevo. Ella llora, montas en cólera, profesas insultos, maldiciones y amenazas. Dices que si de ti dependiese, molerías a patadas a su pareja. Claro, si su pareja fuera un hombre. Aquí es donde el relato se convierte en plural, pues deciden ausentarse del trabajo, al menos por unas horas. Regresan a tu casa, pues está cerca, se sirven un trago –ron con agua mineral-, guardan silencio, hasta que el relato se vuelve singular otra vez, pero ahora en la tercera persona del singular, en femenino. Ella llora y dice que ya no puede vivir con Yaz. Dice que es una bestia, que le lastima con frecuencia, la humilla y la obliga a hacer cada vez cosas peores. Ayer la golpeó porque quería que ella la orinase, pero el asco y la sola idea la hicieron negarse. Carla cuenta como al negarse por tercera vez, Yaz perdió la cordura, se levantó y tomándola del cabello, la azotó contra la pared y ya tirada en el piso la pateó repetidas veces en el abdomen, piernas y cara. Carla, temblando, recuerda como estando allí tirada, semi-inconsciente, Yaz le orinó la cara, le escupió y le metió el puño derecho en la vagina, de manera sumamente dolorosa, para terminar siendo una piltrafa humana. Yaz salió de la casa dejando a Carla inconsciente, en el piso, necesitando auxilio médico. Carla despertó en medio de la madrugada, con sangre seca en el cuerpo, piso y con su cara apestando a los orines de Yaz. Como pudo, se levantó y se dirigió a su coche, manejó al hospital más cercano, donde mintió acerca de lo acontecido. Dijo que fue asaltada y golpeada, nunca mencionó la violación, no quería que se complicase más todo el asunto. Fue dada de alta a las 6 am, regresó a su casa, se bañó y salió al trabajo, pensando en nada, hasta que te vio y todo regresa a la segunda persona del singular. Le preparas el desayuno, cuando lo llevas a la mesa, descubres que tu prima se ha quedado dormida en el sofá, la cargas y la metes en tu cama. Sales del departamento, esta vez, revisando la puerta y el seguro. Corres hasta tu trabajo, pues no llevabas las llaves del candado de tu bicicleta y no querías subir de vuelta al departamento. Hablas con tu jefa, explicas que surgió un problema con Carla, que no vas a poder presentarte al trabajo y obviamente, ella tampoco. Regresas a tu departamento, antes de entrar, te topas con la viejita del 105-D, te saluda y te comenta lo de la puerta, te dice que esperes y te regala unas galletas que horneó hace unas horas. Le sonríes y sin más, la abrazas. Nunca lo habías hecho, y, sin saberlo, acabas de hacer a aquella viejecita –de la cuál no sabemos su nombre, pero que merece una pequeña desviación a la tercera persona del singular en femenino nuevamente-, la persona más feliz de todo ese edificio, pues al entrar a su cuarto, ve la foto de Roberto –el cuál murió hace 3 meses pero nunca te dijo nada- y se pone a llorar, con una sonrisa inmensa en la boca mientras se sienta en su mecedora. Ahora sí, volvemos a ti. Entras al cuarto y ves a Carla, dormida, tranquila, serena. Te calma el verla así, hasta que descubres que no está respirando. Quitas la cobija y descubres en las sábanas, un charco de sangre proveniente de su entrepierna. Llamas al hospital, entras en pánico. Minutos después, en una especie de vacío, escuchas a lo lejos que los paramédicos te dicen que está en coma. Los ves salir, y te regresas a la realidad. Tomas un taxi, para seguir a la ambulancia y en el trayecto sacas el teléfono, para marcar ese número al que marcas cada vez que quieres solucionar algo. Aquí es donde se acerca el relato al final, pues se torna a la primera persona del singular, Yo. Contesto mi celular. Te pido el nombre y la dirección. Te dijo con calma, que no te preocupes, que esa hija de puta de Yaz dejará de respirar antes del atardecer. Te cuelgo, y me voy a hacer mi trabajo, pues mis horarios no son flexibles y odio ser impuntual.

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March 28, 2012 1

105. Trilogía de un sólo Nos

By in Ocho

Parte 1.

A veces somos

  1. una escena de una película.
  2. una frase en un libro.
  3. un momento en una obra.
  4. un suspiro en la memoria.
  5. un recuerdo sufrido.
  6. una pieza de danza.
  7. un coro en la canción de moda.
  8. un andar por la ciudad a deshoras.
  9. un cotilleo sin escrúpulos.
  10. un orgasmo compartido.
  11. una charla sin sentido.
  12. un reloj que se ha detenido.

A veces somos eso, a veces somos más: somos nosotros y ¿para qué quisieras más?

 

Parte 2

Río Churubusco No. 1119

1. Destapar la cerveza fría, ofrecerla, abrir otra, beber juntos.

2. Agobiarnos con preguntas sin respuesta. Terminar las cervezas, abrir otras.

3. Robarnos un perro, se veía lindo, decimos, se verá mejor en nuestro nuevo departamento.

4. Planear un viaje, dos, tres, perder la cuenta de cuantos planeamos. Hacer el triple de los que estaban contemplados.

5. Tener un hijo sin tenerlo. Ponerle nombre, decidir sus sí(s), no(s) y sus tal veces.

6. Vivir al alba, sobrarnos y nunca restarnos.

7. Ver series, películas. Comprar más libros de los que leeremos pronto. Comprar aun más, nunca se sabe cuando ya no los harán de papel y hay que prepararse para esas crisis.

8. Comprar juego, jugar con ellos unas veces hasta que nos atoramos y no podemos avanzar más. Beber mientras jugamos y reírnos por estupideces o encabronarnos por las pendejadas de Yoshi o por la puta Peach.

9. Perdernos cuando buscamos una dirección. Llegar a otra ciudad sin tener reservación u hotel.

10. Prenderle fuego a todo.

11. Destapar las últimas cervezas del six pack. Besarnos en la puesta del sol en una ciudad que no es nuestra y que a la vez, siempre lo será.

 

Parte 3.

En (RE) Dar

  1. abrir los ojos, abrazarla con la mirada
  2. abrir la boca, beber su alma
  3. abrir el corazón, robar todos sus suspiros

 

  1. matar los sueños que no tienen dueño
  2. cazar las mentiras, las historias fingidas
  3. correr de tu mente a todas las ideas prohibidas

 

  1. avisar a tus sentidos, que sí, que aún estás vivo
  2. alertar a tu cuerpo, notificarle que ahora tienes dueño
  3. arrendar voluntad, pues la necesitas, luego la podrás comprar.

 

abrir, matar, cazar, correr, avisar, alertar, arrendar.

Morir. Por ella.

Por ti.

a

final

de

cuentas…

DAR.

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March 28, 2012 0

104. Tribulaciones y Vicisitudes en Sonrisalandia

By in Ocho

I.

t r e i n t a (y) c u a t r o (horas) y (algunos) m i n u t o s

1. sin música

2. sin ganas

3. sin besos

4. sin caricias

5. sin risas

6. sin miradas

7. sin ti

 

II.

No exagero (un poco, tal vez) si te digo que te extrañé como si hubieran sido unos doscientos noventa y siete días, doce horas, cuarenta y nueve minutos (quizá menos minutos, mi reloj de arena se me movió). Pero es que cuando no estás cerca, mi vida se vuelve una monotonía de mi (y verás, me caigo muy bien a mi mismo, pero es raro que soporte tanto tiempo), pierdo todo entusiasmo y ganas de pasar el día. La noche se vuelve algo tedioso y la verdad es que ni siquiera deseo dormir (no es lo mismo una cama, que nuestra cama, esa que solo es cuando estamos los dos), me pierdo en idioteces sin sentido para que el tiempo no tenga noción para mi cerebro, para que las horas vuelen y pueda parecerme menos la espera.

Es tan pronto (para que tengamos esta forma de extrañarnos) pero…

 

III.

{ Es algo natural } Esto de escribirte en mi pupila al poder enfocarla por las mañanas al despertar. Cada extremidad tuya merece cuando menos un verso. Cada beso entresueños es una égloga matinal. { Es algo causante y causal, dado por casualidad } Abrazarte a media noche entre mis deambules y malestares nocturnos, entre el mal descansar, pero el dormir felices por la cercanía de nuestras pieles, las cuales se besan con el simple hecho de rosarse entresueños, entre un despertar y el insomnio latente, entre que nos dibujamos deseos en la espalda, entre que nos presionamos el uno al otro antes de que el sol salga (cuando el frío aparece),buscándonos ese confort y calor primordial. { Es algo intrínseco, es inercia, es exponencial }

IV.

Dos, dos, dos. No son seis, no son doscientos eintidós. Es el plural del yo. Es nosotros, multiplicados, factorizados, exponenciados. Sumandonos siempre, divididos a veces, pero solamente para integrarnos durante las veces que el sol sale y sol desaparece. Por estos días, por los que vienen, por los que no vendrán, por los días que no cumplimos la cuota de besos correspondientes. Por aquellos que somos tan poco egoístas que no nos dejamos la boca entre los dientes del uno con el otro por el simple hecho de perdernos por las calles de este pueblo con ganas de ciudad, para ver mil veces y mil veces más las mismas cosas unas y otra vez, pero que de la mano, juntos, parecen tan irrelevantes que no importan, que no causan tribulaciones ni vicisitudes cuando tu y yo pintamos paso a paso, beso a beso cada rincón de Oz. De este lugar que tu llamas Sonrisaland. De este reinado que yo llamo mio y que día con día, nuestro es un poco más.

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March 28, 2012 0

103. Sabés

By in Ocho

Sí.

No es como si lo preguntase.

Sabés. Vos sabés.

Sabés que con cada movimiento

que hacés, me hechizas, me desarmas.

Me hacés pedacitos el alma y dejás en vilo

mi corazón bloqueando por completo mi respiración.

Y sí, vos lo sabés.

Sabés que tienes ese poder de hacerme

un muñeco de trapo con un guiño y un esbozo de sonrisa.

Sabés que penetras en mis más oscuros pensamientos

y sabés que me dejas desnudo con solo acercarte a unos pasos de mi.

Sabés.

Lo sabés y lo mejor es que lo disfrutás.

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March 28, 2012 0

102. San Juan

By in Ocho

Era el mejor lugar en esa época del año: clima tranquilo, la cantidad exacta de calor, mezclado con la suave brisa y una ligera lluvia matinal.

No esperaba otra cosa mas que el desayuno en la cama, lo solicitamos al despertar, para no salir de la habitación. Nos sentamos en el balcón que nos mostraba una vista increíble, de un amplio mar azul con pinceladas blancas, ya fuese con forma de gaviotas, nubes o bien la propia espuma causada por el devaneo de las olas. Nos servimos una taza de café, mientras a la puerta tocaban. Chilaquiles, jugo de naranja, frutas y gelatina en una charola; hot cakes, yogurth con granola y jugo de zanahoria en la otra. En medio de la mesa, nos colocaban los periódicos del día y con una sonrisa, el mesero se retiraba.

Terminamos el desayuno, nos desnudamos para meternos a la tina. En el cuarto sonaba Fou de toi, de Les Napoléons al momento que nos besamos, sumergidos entre el agua caliente y las burbujas de jabón.

Era el mejor día, en el mejor lugar. No pudimos haber elegido mejor momento para morir.

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March 28, 2012 0

101. Pasante y Paseante

By in Ocho

Soy pasante de lerdo, de bruto y descerebrado. No me he graduado en ninguna de esas categorías porque un título me parece absurdo. A fin de cuentas, ¿quién es quién para definir el grado de intelecto -o falta de este- mediante un mero papel?

Prefiero ser paseante. De la vida, del entendimiento. Caminar por encimita del conocimiento que rebosa por todos lados. Ser paseante del amor y no pasante de este. Encontrarme enamorado de las cosas simples de la vida, esas que no valen lo que cuestan, si no mucho más y que siempre enriquecen a uno.

Un despertar. Una pareja. Una taza de café en su punto, compartirlo con un bizcocho, con una galleta. Una sonrisa inesperada, una palabra justa, nunca malgastada, una frase que se quede resonando como el eco multiplicado por grutas y montañas, dentro de uno mismo, floreciendo de a rato y creciendo de a siempre.

Soy pasante de tantas cosas y ejerzo profesionalmente ninguna de estas. Me quedé a dos pasos -que son subir a un estrado- de recibirme. La razón es que soy un paseante de todo y por esto mismo mi reconocimiento yo mismo me lo aplaudo. De lo otro, la gente que conozco y desconozco se encargarán de nombrarme como en gana les venga, que a fin de cuentas, el único título que en verdad me interesa es el que vos me das, cada mañana, con esa sonrisa en tu cara.

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March 28, 2012 0

100. Espirales

By in Ocho

De tú.

De algo.

De suerte.

De una noche y dos inviernos, de un segundo de un momento.

De hola, de manos sudadas, de comidas, de postres sin acabar.

De dormir a las horas menos adecuadas entre botellas de ron, de malta, de vino, de sudor.

De trescientos suspiros por hora. De rompevientos que no se usan para sentir la lluvia acariciando nuestro fulgor.

De abrigos y botas. De botines y lascivas miradas. De un nombre que se escapa a gemidos puros.

Espirales que hacemos cuando nos convertimos en algo cierto.

Espirales que somos. Un sube y baja que nos hace dueños del infierno tanto como del cielo.

Espirales de un te quiero, de un te amo, de me tienes. De te tengo.

Espirales que se nombran como dioses, por que dioses creamos, dioses hacemos. Los hacemos con los verbos de nuestro ir y venir cotidiano, para hacer divinidades en celo.

Espirales de un ya. De un sí. De dame más por favor.

Espirales espirituales para espíritus liberales. Para domadores de deseos. Para reyes de mentiras. Para los amos del sueño.

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March 28, 2012 0

99. Sinfonía en (SI) lencio bemol mayor

By in Ocho

No es tu voz lo que me atrapa

ni las palabras que me dices

ni mucho menos mi nombre

o cuando conjugas el verbo nosotros

Lo que me atrapa y sostiene

aferrado al acantilado de mis ansias

son tus silencios,

las palabras que te callas

Son aquellos puntos suspensivos que tienes

(que me arrebatan).

Son tus pausas entre los suspiros;

los puntos y comas que hay

mientras, entre los dos, los besos nacen.

Tu queda melodía,

compasada por el bum de tu corazón,

lo escucho presto a su tesitura

que, a travéz de tu pecho retumba cuando en este me recuesto yo.

El ir y venir de tus dedos,

mientras acaricias de mi cuerpo el caparazón

para hacerte resonar por dentro

y hacer vibrar mi interior y exaltar mi exterior.

Tu inaudible cariño,

que me diluye entre tu vida

fundiendo una nueva al mezclarse con la mía

hacen de tu silencio una bella sinfonía.

Una que deseo escucharla por siempre,

mientras

(de vez en cuando y cuando decidas),

haces sonoros tus silencios

para contarme todo cuanto tu mente tiene

y lo que tu corazón cante,

para bailar juntos

mientras

suena

mientras

dura

(y mientras se repite una y otra y otra vez)

esta pieza de maravilla,

(esta obra maestra)

que representa

nuestras vidas al fin,

en una eterna sinfonía

de silencios

de sonidos

y palabras

desplegados por una orquesta

en la que solamente tú y yo tocamos

-en la escala del Si (lencio) bemol Mayor-,

en este concierto que somos

desde ahora

los dos.

 

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March 28, 2012 0

98. De cómo noviembre tuvo 46 días

By in Ocho
  1. A.   De esos días

en los que el sol brilla, pero no calienta. De cuando está despejado, pero sueñas con nubes. De cuando buscas cosas que hace tiempo no existen.

Así, sin querer, volteas la cabeza y de pronto, todo, todo, todo pierde el sentido y te encuentras viviendo tu vida de formas distintas con un nuevo sol, con las nubes por cama y con cosas que no sabías que existían, mucho menos que las necesitabas.

  1. B.  Todos los meses son Noviembre

Al menos en apellido. Quizá se llamen diferente, pero digamos Octubre, se apellida Noviembre y se siente como Febrero. Hay otros cuantos que son como Diciembre, que dicen que acaban en 31 y con ellos el año, pero no me lo creo. Para mí que todo comienza justo en ese día.

Están los gemelos Noviembre: Junio y Julio. Tan parecidos ellos, con sus núcleos divididos en sus días 16 y 13 respectivamente. Pero a final de cuentas, todos tratan de parecerse a Noviembre Noviembre, ese mes tan hipster que quiso comenzar cuando aun no terminaba Octubre y que decidió terminar casi a mediados de Diciembre. Un mes que por sus purititas ganas, dura cuarenta y seis días (y sus noches, esas noches) que se dividen entre memorables fines de semana de viajes y conciertos, de excusas, de pretextos, de botellas, de series, de películas y buenas memorias… pero bueno, todo esto sigue, por que ¿saben? Todos los meses son Noviembre. Al menos en apellido, al menos para los que van de lao a lao, como los pingüinos.

  1. C.  Cirrostratus para dos

Con un frappe, no… mejor con un mate que nos acompañe.

Viendo el mundo terrenal desde nuestra nube -nuestra, sí, por derecho propio-, con sonrisa pronta y abrazos instantáneos. Somos cristales de sueños materializados.

Ráfagas de viento nos llevan de paseo, de un pueblo a otro, incluso a otro estado. No se sorprendan si pronto a otro país o continente abordamos. Revisamos lugares y pequeños oasis. Infames paraisos que no son apreciados por nadie más que nuestros cuatro ojos. Nos besamos en la tierra, con sabor a cielo. Retozamos en la eterna primavera entre los fantasmas del recuerdo de un Maximiliano y su Carlota. Paseamos por montañas, valles y bosques. Hemos visto desde las alturas tantos paisajes como olas tiene el mar.

Esta nube es perfecta, hecha de piensos y deseos, formada con nuestras manos, amoldada a nuestros cuerpos. Caben en ella millones de sueños, pero solo acepta a dos pasajeros. Y vaya, ni quién quisiera nada más, ni nada menos.

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March 28, 2012 0

97. Cómo atrapar a un pingüino

By in Ocho

A. Días Así

Hay días cuyo fin es la puesta del sol.

Hay otros que no terminan hasta el siguiente amanecer.

Pero hay días así, como hoy, en lo cuales, el tiempo se detiene entre los suspiros de los dos. En los que ya no importan los minutos, ni amaneceres, atardeceres o el que anochezca para siempre.

Hay días así, y esos días, los quiero únicamente para vos.

 

B. (no) Somos como dos gotas de agua

No somos más que recuerdos en el abismo.

Tenemos destellos de cariño y ambiciones desde niños.

Fragmentos de otros  tiempos, que vendrán, que ya se fueron.

Humanos irredentos de un malestar que todos llevamos por dentro.

Amantes dispares en el fin de todo y el principio de aquello.

Somos como dos gotas de agua, no, en verdad no lo somos, tú eres agua pura, yo soy un poco más parecido al lodo. Soy sucio y te impregno con mi esencia, te contamino y te convierto en mi igual. Somos ahora lo más parecido a todo lo que siempre pensaste que te haría mal.

Y somos felices, lo somos y nada más.

 

C. Las doce y todo sereno

quién fuera la noche

que te atrapa,

que te hechiza.

La noche que te dice las cosas que quieres oír.

Y no este ser, que no se atreve a traducirte lo que su corazón tiene que decir.

Quién fuera el rubí.

Escarlata, brillante, fiero, impresionante.

Único y endemoniado. Estrella engarzada, para tu mano diseñada.

Rubí que se mezcla contigo y porque sí.

Y no este ser, que a veces tiene miedo de tomar tu mano, sin saber por qué.

Quién fuera tu sombra.

Oscura y escurridiza.

Compañera tuya de siempre. Pegada a ti, tanto como tú a ella.

Sombra que se estira o se hace diminuta, para bailar contigo por la vida.

Y no este ser, que se muere por ir contigo de palmo a palmo, de pie en pie.

Pero bien.

Ni la noche, ni el rubí, ni tu sombra te pueden besar.

Ni siquiera ellos con sus cualidades inmensas te pueden acariciar.

Yo.

Yo te pinto con mis dedos sobre el lienzo de tu cuerpo, caricias que derriten, mancilleos que humedecen. Mis dedos se abren camino y danzan dentro y contigo.

Yo que te provoco temblores y mordidas de labios.

Yo.

Este ser, que agradece a la noche, al rubí y a tu sombra, por ser complementos, de lo que quiero ser para tí.

 

D. Sismo de magnitud 8

Nunca paseamos como debía ser.

No nos sentamos en una banca a comer un raspado de grosella bañado en leche condensada. Mucho menos nos lamimos los dedos para limpiarnos el dulce sabor empalagante de este mismo.

Pretendo fingir una caida desde la torre esa que vemos allá. Esa que se funde entre el azul del cielo, entre lo dorado del sol de la tarde. Pretendo elucubrar un simulacro para el incendio que acontece en un orfanato. Pretendo imaginar un tsunami a bordo de un crucero para ancianos.

Pretendo todo esto para prepararme para el sismo que traerás contigo, ese que pondrá de cabeza mi mundo y del que nunca nada será igual después. Y no es que vayas a destruir nada. No, no.

No.

Simplemente que nunca me había imaginado un evento de tal magnitud en mi vida y me encuentro sin preparación. Tomé medidas, si, pero vaya, ¿Cómo te preparas para recibir toda la alegría de una vida que no pensaste merecer? ¿Cómo le haces si se encuentra en un solo lugar, en una sola mujer?

Me faltan preparativos. Para ese evento esperado y desconocido.

E. Lento

Como el abrir los ojos al despertar

Como el respirar al momento de ensoñar.

Así.

Lento.

Lento te quiero para saberte de a poco. Y es que no quiero acabar de conocerte en una sola noche si una vida por delante nos resta, nos suma, nos multiplica y jamás divide.

Lento te quiero para amarte de pasito a pasito, de gramo en gramo. Caminarte por todas las rutas de tus gustos y perderme de cuando en cuando en las grutas de tus enojos.

Lento para que los amaneceres se cuenten con ábaco y nuestros besos sean tantos como granos de arena, tan imparables como el mar franco.

Lento, por que quiero esa dicha de verte impregnada en mi sonrisa por el tiempo que le quede a este desquiciado corazón, que dejó de ser mío cuando te lo entregué con cuidado, antes del verano que no ha llegado.

 

F. ¡Chapúm!

Mirá, vos no sos algo que me pasó.

Tampoco lo es, lo que nos ha pasado. No somos tiempo o situaciones. No somos un recuerdo en fotografía o la anotación en una agenda o toda la página de un diario.

No somos algo que estuviese en los planes y planos de nuestros días, de nuestras vidas -que si lo fuese, pues vaya gigantes arquitectos-. No somos una sonrisa, no somos unas canciones, no somos ni una película o un libro que uno repite gustoso. No somos una copa de vino servida de una jarra con forma de pingüino.

No somos partidos de futbol, ni tampoco documentales u obras de teatro. No somos un viaje a las montañas ni un barquito sobre una cama. No somos nada de eso, aunque curiosamente, eso es parte de un nosotros.

Lo que somos es algo que nisiquiera es una palabra, o bueno sí, pero no una que signifique algo, somos más como una onomatopeya. Somos un ¡Chapúm!, que seguramente es el sonido que hace el universo cuando algo simplemente-tenía-que-pasar.

Chapúm, che, chapúm.

 

G. Casera

[un buenos días que se dice debajo de un edredón]

beso en la frente

mirada pausada por un pestañeo lento

palabras sin mover la boca.

Día a noche. Tarde.

Noche a día. Temprano.

Dos cuerpos. Un cuarto.

Dos vidas. Una casa.

Peliculas, comidas.

Café, caminatas.

Risas. Peroratas.

Tres veces de un ahora. Cientos de un después.

Pláticas a media noche de cosas que no han ocurrido y que no han sido. Destellos de una vida distinta. Aun parecida, pero ahora, a pesar de nuestros esfuerzos por negarlo -y no por que sea malo-, adulta. Estupor y una idea general. La felicidad se respira, es natural, es casera, la hemos fabricado juntos y sí, tiene ese calor de hogar.

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